Noruega: una travesía rumbo al ‘sol de medianoche’

Noruega: una travesía rumbo al ‘sol de medianoche’

Navegar por fiordos noruegos en la temporada de verano es una cita inolvidable con la naturaleza.

Fiordos noruegos

En su ruta clásica, los barcos navegan toda la costa de oeste a este para atracar en Kirkenes.

Foto:

EFE

Por: Daniel Galilea - EFE Reportajes
25 de mayo 2019 , 10:35 p.m.

La estación estival brinda la oportunidad de disfrutar de la costa de Noruega viviendo unas vacaciones diferentes a bordo de uno de los cruceros que recorren sus fiordos y ciudades, y contemplando sus maravillosos paisajes e infinidad de atractivos, con más horas de luz al día.

Luego de cruzar el círculo polar ártico, los viajeros pueden descubrir la cultura y la gastronomía noruegas en jornadas que son casi interminables debido al ‘sol de medianoche’ o día polar, un fenómeno natural por el cual el sol no llega a ponerse en el horizonte, coloreando el cielo y la tierra de una luz amarillo-rojiza.

Uno de los puntos culminantes de este fenómeno tiene lugar en Kirkenes, donde el sol nunca se apaga desde mediados de mayo hasta finales de julio. Esta ciudad, conocida como la capital de la región del estrecho de Barents, está considerada “el punto de Noruega donde el este se encuentra con el oeste”.

“En su ruta clásica, los barcos navegan toda la costa noruega, desde el oeste hacia el este, y, una vez atracan en Kirkenes, dan la vuelta para regresar a la ciudad de Bergen y navegar hacia el oeste”, explica a Efe Àlex Pàmies, representante en España y Portugal de Hurtigruten, especialistas en el sector de cruceros de exploración por las regiones polares.

“Navegar en verano por tres de los fiordos más importantes y reconocidos de Noruega, como el Lyngenfjord, en mayo; el Trollfjord, de mayo a agosto, y el Geirangerfjord, declarado patrimonio de la humanidad de la Unesco, de junio a agosto, es una experiencia inolvidable”, apunta Pàmies.

Los pasajeros tienen la oportunidad de contemplar las hermosas vistas naturales y asombrarse por el caudal de las cascadas, gracias al deshielo, y disfrutar, además, de la paleta de colores que ofrecen las flores de temporada que cubren las laderas y los valles.

Embarcados rumbo norte, desde Bergen hasta Kirkenes, el viajero disfruta de las ciudades costeras con el denominador común de la cultura. Durante las primeras jornadas, transita por las 11 curvas cerradas del paso de Trollstigen y, tras desembarcar en Ålesund, se deleita con la arquitectura ‘art nouveau’ que caracteriza a esa ciudad.

En Trondheim, tendrá la oportunidad de visitar la catedral gótica de Nídaros o el Museo Ringve de la música, y quienes deseen practicar alguna actividad emocionante, pueden hacer kayak por el río Nidelven, rodeando el centro de la ciudad, o pasear en bicicleta por el casco histórico.

En el círculo polar ártico

“Tras cruzar el círculo polar ártico, en el cuarto día de navegación a bordo de uno de los buques de nuestra compañía, Hurtigruten, el viajero tiene la oportunidad de disfrutar de una infinidad de ‘highlights’ (puntos destacados) en la época de verano, además de contemplar los maravillosos paisajes coloreados durante las 24 horas del día”, señala Àlex Pàmies.

“Uno de esos ‘highlights’ destacados es visitar las islas Lofoten, que sobresalen por su belleza y por ser el lugar donde el visitante puede contemplar los idílicos pueblos pesqueros entre las escarpadas montañas”, destaca la misma fuente.

Otras actividades inolvidables, además de conocer en persona a los vikingos, consisten en realizar una excursión al glaciar Svartisen, el segundo glaciar más grande de Noruega, y viajar en bote neumático en Salstraumen, la zona de corrientes de marea más fuerte del mundo, de acuerdo con este experto.

A lo largo de la navegación y las estancias en tierra, el viajero está en contacto con la naturaleza, ya sea con el avistamiento de ballenas o la visita de Tromsø y el Wilderness Centre, donde puede descubrir a los perros husky y sus crías y aprender conceptos básicos sobre el tiro de trineos o caminar por sus senderos naturales.

Una vez se alcanza el puerto de Honningsvåg, es aconsejable una excursión al espectacular Cabo Norte, “el fin del mundo” en Noruega. Esta pequeña ciudad es imprescindible para todo amante de las aves, ya que la reserva natural de Gjesværstappan alberga más de tres millones de especies.

Aquí, el viajero puede conocer la historia de la localidad y visitar pueblos pesqueros como Kamøyvær y Skarsvåg, y adentrarse en la cultura sami, conociendo una familia, sus trajes tradicionales, su forma de vida y sus tiendas, las 'lavvo'.

Navegar en verano por tres de los fiordos más importantes y reconocidos de Noruega, como el Lyngenfjord, el Trollfjord y el Geirangerfjord, es una experiencia inolvidable

En Kirkenes

En Kirkenes, la última parada del viaje a bordo del crucero, el viajero puede disfrutar de actividades como un safari en lancha o en 'quad' hasta la frontera con Rusia, visitando el mirador de Kjerrigstupet o realizar un paseo con perros husky
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“En Kirkenes, el viajero puede visitar Andersgrotta, el refugio antiaéreo de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, antes de trasladarse en autobús para acercarse hasta Storskog, una ciudad fronteriza entre Noruega y Rusia”, apunta Pàmies.

“Otra experiencia única es hacer ‘el safari del cangrejo real’, una excursión donde se observa cómo se pescan estos crustáceos desde un bote para, después, degustarlos en una casa tradicional con vistas al fiordo”, señala a Efe.

Rumbo sur, el viajero continúa a bordo a través de fiordos y valles hasta Hammerfest, la ciudad más septentrional del mundo, donde podrá disfrutar del concierto a medianoche en la catedral Ártica de Tromsø, o la belleza de las islas Vesterålen y Lofoten, así como contemplar y vivir la naturaleza con un paseo a caballo por la costa o practicando la pesca o el senderismo.

También puede visitar el archipiélago de las islas Vega, inscrito en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 2004, donde cobran protagonismo su paisaje agrícola, la historia de sus habitantes y el pequeño pueblo de Nes.

Un ‘tour’ guiado por el municipio de Brønnøysund y su piscifactoría de salmón o la Carretera Atlántica, reconocida como la ‘Estructura noruega del siglo’, en 2005, y un recorrido por Bergen, una de las grandes ciudades históricas del país que ha sabido conservar el ambiente de los antiguos puertos medievales, son dos buenas opciones para terminar este viaje de ensueño.

Eso sí: además de llevar ropa de verano en la maleta, es recomendable tener a mano algún saco, una chaqueta impermeable ligera, gorro, guantes finos y un calzado ligero de ‘trekking’, ya que durante la estación estival el clima puede ser variable a lo largo de la costa noruega.

DANIEL GALILEA
EFE Reportajes

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