¿Viaja? Mídase a estar desconectado digitalmente

¿Viaja? Mídase a estar desconectado digitalmente

Un estudio muestra las ventajas de hacer un turismo desconectado de la tecnología.

Desconexión digital

Desconectarse de aparatos tecnológicos y de redes sociales durante un viaje resulta liberador, según un estudio publicado en el ‘Journal of Travel Research’.

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istock

Por: Natalia Noguera
13 de diciembre 2019 , 08:32 p.m.

Un grupo de jóvenes está en medio de la selva colombiana, en un paraíso natural del Caribe. Los millennials se deslizan por el río Don Diego (La Guajira) sobre un neumático y, aunque podrían haber dejado sus celulares guardados en el carro o en el hotel, decidieron llevarlos en plásticos protectores. Durante el paseo queda clara la importancia de retratar cada momento: levantan sus palos de selfi, los cuerpos hacen maromas y sonríen a la cámara.

Cuando termina el recorrido y el grupo pisa tierra, la pregunta coral es: ¿hay wifi? Una mujer que sigue su recorrido por el río, que no es parte de ese grupo, les grita que levanten los ojos de la pantalla, que miren alrededor y que se desconecten. El grupo apenas oye el reclamo con celular en mano. Ya tienen la clave y están listos para tuitear, ‘instagramear’ o postear en Facebook fragmentos de su viaje.

Esta historia podría ser un hecho aislado, pero mediciones realizadas por la industria turística coinciden en que, para algunos, es urgente permanecer en línea durante los viajes.

En una encuesta de Booking.com, realizada entre 18.500 personas del mundo, el 34 por ciento de viajeros confesó que reservan un alojamiento atractivo para sacar fotos.

El 34 por ciento de viajeros confesó que reservan un alojamiento atractivo para sacar fotos

Otra investigación de la misma compañía, centrada en la generación Z, mostró que el 35 por ciento de jóvenes entre 16 y 24 años prefieren para sus travesías lugares que registren bien en fotos. Y esto no es gratuito: más de la mitad sube fotos a redes sociales cuando están de vacaciones y, de hecho, durante su último periodo de descanso, el 32 por ciento hizo entre 10 y 30, cada día. Incluso, un 21 por ciento llegó a hacer más de 50 fotos al día.

“Lo que nos impulsa a conectarnos con la tecnología, particularmente en los viajes, es tener una experiencia, que no se trata solo de vivir la realidad (estar en el río a bordo de un neumático), sino también de proyectarla en otras personas para que ellas, a su vez, la vivan en tiempo real”, explica Mario Morales, docente e investigador de la Universidad Javeriana. Las redes, dice el experto, nos hacen sentir que estamos conectados a un grupo con las mismas experiencias, intenciones y sensaciones.

Estar conectados durante un viaje genera satisfacción. Morales explica que cuando compartimos contenidos en redes y recibimos respuestas, no solo sentimos que pertenecemos a un grupo, sino que somos aceptados por otros que comparten nuestros intereses. “Esto genera en el organismo reacciones de carácter fisiológico: se libera dopamina o endorfina”, dice.

Con él coincide David Bonilla Macías, sicólogo y docente de la Universidad El Bosque. “El celular y las redes sociales generan un refuerzo inmediato para el cerebro. Cuando contestas un mensaje, el circuito de placer del cerebro se activa”.

Tan conectados estamos que no estamos solos nunca. Si no hay amigos offline, siempre tendremos la posibilidad de encontrarlos online. Y este es el lado B de la historia: ¿qué pasó cuando a uno de los jóvenes se le acabó la batería del celular en medio de aquella selva? No pudo compartir más información y fue “como si no estuviera aquí viajando”. Como si, además de estar ahí, tuviera que demostrarlo.

Este punto, según Bonilla Macías, se explica entendiendo que las redes sociales son el nuevo espacio de socialización: si aparece en redes, pasa. Si no, ¿cómo sabremos que sí estuvo de viaje? “Cuando las personas no pueden conectarse pareciera que se deshabitúan de este mundo real”, dice Bonilla. No solo les resulta imposible mostrar que están en una travesía, sino que tampoco pueden saber qué pasa en redes.

¿Qué pasa, entonces, si se apaga el wifi en las vacaciones? ¿Si se cancelan celulares y demás herramientas tecnológicas?
Bonilla dice que aunque durante las primeras horas pueden aparecer algunos síntomas de ansiedad o irritabilidad en personas hiperconectadas, en la mayoría de casos normales (es decir, de no adictos) un viaje sin internet genera tranquilidad.

Esta, justamente, fue una de las conclusiones del estudio ‘Turning it off: Emotions in digital-free travel (Apagándolo: emociones en viajes sin conexión)’, de la Universidad de East Anglia (UEA), de la Escuela de Negocios de la Universidad de Greenwich y la Universidad Tecnológica de Auckland (AUT), en Australia, publicado en Journal of Travel Research.

Wenjie Cai, autor principal del estudio, explica que en el mundo actual –siempre conectado– estamos acostumbrados al acceso constante a la información y a los diversos servicios proporcionados por diferentes aplicaciones.

“Sin embargo –dice Cai–, muchas personas se están cansando de la conexión constante a través de las tecnologías y hay una tendencia creciente del turismo desconectado. Por esto es útil ver el viaje emocional que están experimentando estos viajeros”.

Para el estudio, 24 personas de siete países viajaron a 17 destinos. No tuvieron acceso a celulares, portátiles, tabletas, internet, redes sociales ni herramientas de navegación. La mayoría se desconectó durante más de 24 horas y sus datos fueron recopilados a través de diarios y entrevistas.

En varios casos, tal y como señaló el sicólogo Bonilla, las emociones iniciales de los viajeros fueron ansiedad, frustración y síntomas de abstinencia. Pero superadas las primeras horas, crecieron los niveles de aceptación, disfrute e incluso liberación, gracias a que tuvieron que hablar con otros viajeros y, especialmente, con locales.

Varios participantes informaron que recibieron excelentes consejos y que aprendieron más sobre sitios de interés turístico, sobre lugares y playas que no estaban en ninguna web de turismo ni en guías turísticas, pero que se convirtieron en lo más destacado de sus viajes.

Mientras estaban desconectados, en lugar de distraerse con los mensajes entrantes, notificaciones o alertas de sus aplicaciones móviles

“Muchos señalaron que estaban mucho más atentos y centrados en su entorno mientras estaban desconectados, en lugar de distraerse con los mensajes entrantes, notificaciones o alertas de sus aplicaciones móviles”, explicó otro de los autores, el doctor Brad McKenna, de la Norwich Business School de la UEA.

Los participantes que estaban en destinos urbanos sufrieron más ansiedades y frustraciones debido a su necesidad de conectarse a internet, de acceder instantáneamente a la información y de buscar recomendaciones digitales. Los que estaban en destinos rurales y naturales tuvieron síntomas de abstinencia relacionados con la necesidad de matar el tiempo.

Cuando volvieron a conectarse, muchos se sintieron abrumados con notificaciones que recibieron durante los días que estuvieron desconectados. Sin embargo, después de disfrutar el compromiso con los locales y el entorno físico durante la desconexión, algunos decidieron tener otra desintoxicación digital en el futuro.

A pesar de la ansiedad, los viajeros desconectados sintieron más libertad y fueron más sociables. “Nuestros participantes –explica Cai– no solo se relacionaron más con otros viajeros y locales durante sus viajes desconectados, sino que también pasaron más tiempo con sus compañeros de viaje”.

El estudio encontró que a mayor desconexión, mayor libertad en el viaje, y explicó el éxito de los viajes de detox tecnológico: “Comprender lo que desencadena las emociones negativas y positivas de los consumidores puede ayudar a los proveedores de servicios a mejorar los productos y las estrategias de marketing”, dice McKenna en la investigación.

¿Adicciones?

Bonilla advierte sobre la importancia de darse cuenta de si los malestares que a la hora de no usar el celular o las redes sociales son síntomas de una adicción. En tal caso, es necesario buscar ayuda profesional.

“Quitar violentamente las redes pueden generar un mayor impacto. Si la persona se enferma con malestar estomacal, suda todo el tiempo y atraviesa niveles altos de ansiedad sin teléfonos, debe pedir ayuda. Hay casos en los que puede necesitar un manejo farmacológico”, dice.

“Detenerse es el entretenimiento”, escribe el filósofo Byung-Chul Han. En nuestro presente prolongado, siempre conectado, pareciera que no hay espacio para las interrupciones ni para apagar el celular. Los viajes, entonces, pueden ser la oportunidad para tomarse un respiro y recordar que la verdadera libertad que buscamos cuando salimos a otro lugar está en la contemplación y en la conexión con el entorno.

NATALIA NOGUERA
Redactora de EL TIEMPO​@natanogueraa

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