El Llano, cuna de atardeceres para amar y recorrer

El Llano, cuna de atardeceres para amar y recorrer

Selvas, morichales y variedad de especies hacen de este destino uno de los más encantadores.

Trabajo de Llano

Los hatos ofrecen al turista la emoción de la contemplación e incluso de la participación en los trabajos del Llano.

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Cortesía ProColombia

Por: Andrés Hurtado García
10 de febrero 2021 , 10:25 p. m.

El Llano de Colombia “one place to love”. Fueron 52 destinos para amar en el mundo en este 2021 los escogidos por The New York Times. De América del Sur, solo tres afortunados lugares entraron en la codiciada lista: Huanchaco, del Perú; Asunción, la capital de Paraguay, y los Llanos Orientales de Colombia.

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La privilegiada geografía de nuestro país tiene tres grandes ecosistemas de tierra firme: selva, cordillera y llanos. Meta, Arauca, Casanare y Vichada, vasto territorio de 420.000 kilómetros cuadrados, son poseedores de una heroica historia, de grandes riquezas naturales y de un inmenso potencial turístico.

Ilustres viajeros y científicos extranjeros recorrieron la selva y los Llanos en los siglos XVIII y XIX, y quedaron asombrados ante la pujanza y la belleza del trópico, para ellos desconocidas. El jesuita español José Gumilla (1686-1750) misionó y exploró largamente los Llanos de la Orinoquia y escribió su libro que es clave para entender la cultura y la historia de los Llanos: El Orinoco ilustrado y defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran río y sus caudalosas vertientes.

El misionero abarcó todos los aspectos del Llano orinocense y se asombró ante su belleza. Luego vendría Alexander von Humboldt (1769-1859), que en compañía de Amadeo Bonpland remontó el Orinoco durante tres meses en 1799 y en su magna obra cubrió los aspectos científicos del río y de los Llanos adyacentes y, uniendo sus dotes de poeta y romántico a las de científico, describió emocionado las bellezas de la región: las bandadas de garzas y corocoras que cubrían el cielo, los centenares de caimanes apostados en los arenales, los jaguares que miraban el paso de las embarcaciones.

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La vorágine, de José Eustasio Rivera, es un canto a la selva y al Llano. El novelista vivió un tiempo en Orocué, donde se conserva su casa, a orillas del Meta. Las descripciones de la selva y del Llano están llenas de gran lirismo. Uno de los espectáculos más memorables del Llano son los amaneceres, y José Eustasio los describe magistralmente.

Más cerca de nosotros, Silvia Aponte, la más notable novelista del Llano, dedicó su producción literaria a exaltar la cultura y la belleza de la región. Y más cerca todavía, el economista Juan Carlos Echeverry escribió su interesante ópera prima, titulada En sitios más oscuros, y la sitúa en el Llano.

Al Llano debe Colombia su independencia. Cuando Bolívar inició la campaña libertadora viniendo desde los Llanos de Venezuela, Santander le entregó un batallón de llaneros que se alistaron en la magna empresa. Ellos, que cabalgaban indómitos y casi desnudos por las sabanas arreando mautes y domando potros, no sabían de los rigores de la alta montaña y así marcharon a cruzar la cordillera.

En el páramo de Pisba murieron muchos por el frío, y sus cadáveres fueron lanzados a la que conocemos como ‘la laguna del Soldado’, que se encuentra en la cima del páramo. De igual manera murieron muchas de las cabalgaduras. En Pore, Casanare, quedan las paredes de la cárcel en la que los españoles encerraban y torturaban a los granadinos. Pore fue capital de Colombia por un día. El himno nacional rinde homenaje a los llaneros: “Centauros indomables descienden a los Llanos y empieza a presentirse de la epopeya el fin”.

Yo, como la mayoría de los colombianos, nací en la zona cordillerana, un día bajé al Llano y quedé enamorado de su belleza. Ese día, en mi primer contacto con el Llano adentro escribí en la libreta de anotaciones íntimas: “Allá donde la tierra se funde con el cielo y los horizontes se derriten en la magia de los espejismos. El Llano embruja, el Llano tiene un magnetismo que atrapa”.

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¿Dónde reside el encanto del Llano? En las sabanas con todos sus elementos de una belleza inconmensurable: los ríos y sus bosques de galería, los caños y los morichales que siempre se acompañan en mágicas simbiosis formando largos cinturones que se estiran en llanuras como si cerraran la cremallera de los paisajes, los amaneceres y los atardeceres inolvidables que encienden el cielo con los matices del rojo, y del amarillo, donde no faltan pinceladas lúgubres.

Empeñados en una labor patriótica, muchos dueños de los hatos han decidido convertirlos en Reservas Privadas de la Sociedad Civil, salvando así de la voracidad de los sembradores de palma la belleza, la flora, la fauna, el agua, los ríos y la cultura del Llano. Pioneros en esta labor son el Hato Palmarito y el Hato La Aurora. Aprovechando el inmenso caudal que poseen para el turismo de naturaleza, muchos hatos se han abierto al turismo con su carga emocional de fauna, flora, gastronomía y parrandos llaneros.

En esta labor el pionero ha sido el Hato La Aurora, en Casanare, que alberga en sus 16.000 hectáreas la mayor concentración en Colombia de fauna silvestre que se mezcla con el ganado en sabanas. En este hato se encuentra la mayor cantidad de jaguares por kilómetro cuadrado en el país. La Fundación Hato Palmarito ha tomado por su cuenta la salvación del casi extinguido caimán llanero y lo está logrando con la liberación de más de un centenar y medio de individuos que ha criado en Wisirare, cerca de Orocué.

Gritos y cantos de vaquería

Los hatos ofrecen al turista la emoción de la contemplación e, incluso, de la participación en los trabajos del Llano: recogida del ganado, marcaje, limpieza de garrapatas y doma de potros. La Unesco ha consagrado para Colombia, para el mundo y para la posteridad los gritos y cantos de vaquería al declararlos patrimonio inmaterial y cultural de la humanidad. Declaro la profunda emoción que experimento cuando veo llegar en el Hato La Aurora la vacada acompañada por los llaneros con la alegría y algarabía de sus gritos.

En el Vichada, diseminados entre las sabanas se encuentran cerros aislados llamados tepuyes, de fácil ascensión pues su roca tiene buena adherencia. Desde sus cumbres se goza del soberbio espectáculo de las sabanas con sus caños, de los cimbreantes morichales y de los atardeceres. Así los he gozado yo desde los cerros Canabayo, Morroco y Zamuro.

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Cerca de este y perdido en la nada y rodeado de toda la majestad que el Llano ofrece se encuentra Rancho Barú, un albergue-hotel de bella construcción de madera, verdadero paraíso para vivir unos días gozando de la mágica esencia del Llano.

La perla del Llano es el Parque Nacional Natural Tuparro, al que yo considero el más completo de Colombia. El sabio Humboldt, a su paso por el Orinoco, elogió al raudal de Maipures, corazón del parque, como la octava maravilla del mundo.

El Llano, en verdad, no es el infinito ni el paraíso, pero sí su antesala. Termino con el poeta llanero por excelencia, Eduardo Carranza: “Ah, tristemente os aseguro, tanta belleza fue (es) verdad".

Andrés Hurtado García
Para El Tiempo

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