Viajes para renacer

Viajes para renacer

Turismo pos-conflicto

Historias sobre cómo el turismo revive comunidades

“La paz no es ver cómo entregan las armas unos ni cómo se desmovilizan los otros. La paz es tener una conexión con la naturaleza”, dice Libia Arizmendi desde su hato ganadero en Casanare, mientras se toma un café campesino. “A mí me gusta ver cómo se va la gente de alegre. Uno dice: vale la pena que vengan, que conozcan. Por eso el turismo es importante”.

Libia hace parte de un nutrido grupo de colombianos que ha encontrado en el turismo una alternativa de desarrollo y una herramienta para conservar sus territorios y permanecer en ellos. Como Libia, excombatientes y víctimas directas e indirectas del conflicto armado están trabajando con empresas privadas y de la mano del sector público para construir rutas y productos turísticos en regiones que en otras épocas fueron castigadas por la violencia y que ofrecen todo un potencial para atraer a viajeros nacionales e internacionales.

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• Cuando el invierno llega a Casanare •

“Cuando chiquito lloraba, ahora grande también lloro”. El canto sale como un suspiro. El vaquero mira de lejos al ganado bajo el sol de mediodía y, varios metros adelante, doce hombres a caballo guían la manada de reses al corral. Antes deben dominarlas, guiarlas con los rejos, no dejar que escape ni una. La estrategia por encima de la fuerza es cantar: “Ja, ja, ja, ja”. “Oooooh”. Las reses atraviesan un río. Una se escapa y la manada se detiene: uno de los vaqueros corre con lazo en mano. La res corre hacia el lado opuesto del camino y el jinete le sale adelante. Tira al aire una cuerda y la enlaza en el cuello del animal. La recupera. “Ja, ja, ja, ja”.

Géiler Vargas Oropeza, mientras tanto, canta desde lejos.

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• Los paraísos que la guerra ocultó en el Meta •

De camino al Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Mariana Páez, ubicado a tres horas y media de Villavicencio, Félix Roberto Sanabria aprovecha para contar cómo ingresó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) a la edad de 12 años. Como si estuviese rebobinando en su cabeza la cinta de cinco décadas vividas, hace una pausa en aquel día.

—Cuando estaba recogiendo café, el arrendatario de la finca, Fernando, me dijo: ‘Usted, chino, está como bueno para que se vaya a la guerrilla, ¿se iría?’. ‘¿Eso qué es?’, le pregunté, porque nunca había escuchado esa palabra en el pueblo. ‘Gente armada que anda en el monte, que lucha contra el Estado y se da plomo con el Ejército’, respondió. ‘Pues sí, me voy’, contesté.

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• La vida que palpita en los Montes de María •

En el corazón palpitante de los Montes de María está la reserva natural Roca Madre. Esta finca de 290 hectáreas en la vereda La Piche, a 40 minutos de Sincelejo, recibe hoy un promedio de 30 turistas al mes, pero hace casi dos décadas era testigo de la violencia protagonizada por las Farc y los paramilitares.

Con el cabello ensortijado y a veces desordenado, tez blanca, ojos claros y mirada profunda, Myriam Fadul, de 70 años, tiene las energías necesarias para estar al frente de esta reserva que se está volviendo un atractivo de esta zona, más conocida por sus 56 masacres que por sus bellezas naturales.

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• Créditos •

Textos

Natalia Noguera, María Camila González y Tatiana Pardo.

Coordinación editorial

Natalia Noguera.

Editora de Vida

Adriana Garzón.

Videos

María Angélica Castellanos, Marcela Han y Sebastián Mendoza.

Diseño

Claudia Cuadrado y Sebastián Márquez.

Programación

Giovany Ariza.

Fotos

César Melgarejo y María Camila González.

Especiales digitales

Maru Lombardo.

Con la colaboración de

Awake.travel