Viaje al corazón de Akihabara, el reino de los otaku

Viaje al corazón de Akihabara, el reino de los otaku

Sin ser 'fan' del animé o los videojuegos, un reportero recorrió este pintoresco barrio de Tokio.

Barrio Akihabara

Panorámica de una de las esquinas del barrio Akihabara, en Tokio.

Foto:

iStock

Por: Sebastián Montalva Wainer - El Mercurio (Chile) - GDA
04 de mayo 2019 , 11:50 p.m.

Es un ruido ensordecedor. Una especie de estruendo constante. Como si se tratase de varios edificios cayéndose a pedazos. Pero no se trata de una demolición. Simplemente, es el zumbido penetrante y molesto que provocan las máquinas de pachinko, el ‘pinball’ japonés, que aquí es locura total y en este instante tiene a cientos de personas –hombres en su mayoría– mirando hipnotizados cómo caen unas bolitas de acero en unas ranuras, mientras por la pantalla se proyecta una película de animé, esos dibujos animados que suelen tener como protagonistas a unas mujercitas de voz aguda, ojos grandes y aspecto infantil, pero a la vez voluptuoso.

La escena ocurre dentro de Akiba Island, un enorme ‘hall’ de juegos que se encuentra en una de las calles principales del barrio de Akihabara, el epicentro mundial de los otaku, término de origen japonés que se utiliza para designar a todos los que cultivan una afición de manera obsesiva (una manera de cultivar aficiones que parece ser norma en este país).

Los otaku son los superfanáticos del animé, del manga (el cómic japonés), de los videojuegos y de los computadores. Una subcultura que se originó precisamente en Japón a partir de los años 50, con los manga de autores como Tezuka Osamu, el creador de Atom o Jet Marte, y que luego se expandió por el mundo gracias a series como Naruto o Dragon Ball.

El concepto de otaku, de hecho, ha ido evolucionando con el tiempo y hoy se relaciona también con otros términos que describen al mismo tipo de personas obsesivas, como los ‘geeks’, fanáticos de la tecnología, o los ‘frikis’ o los ‘nerds’, obsesionados con algún bien de consumo a niveles patológicos, lo que los lleva a tener comportamientos extraños o a aislarse del mundo.

Precisamente, los otaku son consumistas empedernidos, y, por lo mismo, encuentran en esta zona de Tokio, Akihabara –o ‘Akiba’, como le dicen los locales– su propio paraíso. Las calles de este barrio están repletas de tiendas de manga, de animé, de figuritas coleccionables, de videojuegos, de computadores, de objetos tecnológicos y de cualquier producto imaginable que pueda obsesionar a un otaku de verdad.

“Tengo un primo que vino de visita a Japón y se quedó 60 días solo en Akihabara. Desde Chile lo llamaban sus amigos y le pedían que les comprara tal revista, que consiguiera tal figurita. Se obsesionó con este lugar”. Quien habla es Ricardo González, chef y empresario gastronómico chileno que vive hace 27 años en Tokio. Está casado y tiene un hijo con una japonesa, y, una tarde de domingo, cuando las calles de Akiba se vuelven vías peatonales, me acompaña por el barrio. Su presencia es un diccionario imprescindible.

Ricardo sabe hablar japonés y conoce la cultura, así que no tiene problema para conversar con algunas de las ‘maids’ que están por todos lados y, quizás, son el mayor ícono de Akihabara, por más que su presencia genere cierta incomodidad. Todo el día, folleto en mano, saludan con una aguda voz infantil. Buscan captar clientes para que suban a alguno de sus cafés en los edificios que flanquean las calles del barrio y, una vez allí, pidan un helado, coman galletitas dulces en platos adornados con corazones o quieran sacarse una foto (y por eso cobran extra. En la calle no dejan que las fotografíen).

Las ‘maids’ son personajes femeninos muy comunes en el manga y el animé: representan el papel de sumisas sirvientas de aspecto infantil. Pues bien: en Akiba se convierten en personajes de carne y hueso para realizar una particular representación que, si bien no se trata de algo directamente sexual, no parece una actividad tan inocente. Un auténtico otaku japonés lo entenderá. Un forastero occidental, quizás no.

“La japonesa es una sociedad de personas muy solas”, dirá más tarde Ricardo González, intentando explicar otras costumbres, y antes de preguntar en japonés de cuánto es la espera para ingresar al @Home Cafe, una de las cafeterías de ‘maids’ más emblemáticas de Akiba. La espera, le dirán, es de más de una hora.

“Los japoneses trabajan todo el día, y muchos vienen a estos lugares para ser atendidos por estas ‘maids’. Quizás más de alguno se pase un rollo sexual y necesariamente no vengan a tomarse un helado. Pero creo que es su forma de escaparse del estrés. Lo mismo ocurre con los jugadores de pachinko, o con los hombres y mujeres que ves en bares o restaurantes. Fíjate: la mayoría están solos”.

¿Por qué si uno está de paso por Tokio tendría que venir a Akihabara, si apenas le interesa el animé, no alucina con Dragon Ball ni aspira a armar un computador de última tecnología? La respuesta se va haciendo comprensible apenas uno llega a esta ciudad y ve por la ventana del taxi cómo pasa una fila de karts manejados por tipos disfrazados como Mario Bros. u otro de los personajes de la saga de Nintendo. Manejar un kart por las calles de Tokio es la última moda en la urbe más poblada del mundo, con 38 millones de habitantes y endonde todo parece posible y disponible cuando se trata de satisfacer obsesiones.

En Akihabara también está una de las sedes de Yodobashi Camera, el coliseo de los productos electrónicos. Un edificio de nueve pisos repletos de todo cuanto uno pueda imaginar en tecnología: cámaras, partes de computador hasta carcasas para celular, pasando por miles de tipos de audífonos, parlantes, televisores e instrumentos musicales, casi todo, por cierto, ‘made in Japan’.

Y ya que estamos hablando de la cultura otaku, habría que decir que el sexto piso de Yodobashi Camera está inundado de todo tipo de figuritas coleccionables, juguetes y videojuegos, que van desde los personajes de ‘Star Wars’ a los de Marvel, sin olvidar, claro, las omnipresentes estrellas del manga y el animé.

Si en términos de consumo específico uno creía haberlo visto todo en ciertas ciudades de Estados Unidos, es que todavía no había venido a Tokio, el auténtico edén de los coleccionistas.

Los japoneses trabajan todo el día, y muchos vienen a estos lugares para ser atendidos por estas ‘maids’. Quizás más de alguno se pase un rollo sexual y necesariamente no vengan a tomarse un helado

Nakano Broadway, el nuevo polo

Otro sitio de peregrinación obligada para un otaku es el Mandarake Complex, una impresionante tienda especializada en manga, figuras de acción y personajes relacionados, que aunque no queda en Akihabara, hoy se asoma como la nueva ‘Tierra Prometida’ de los otaku.

Queda en el Nakano Broadway, que en rigor es un centro comercial de cuatro pisos, de los cuales el segundo y el tercero están dedicados por completo al manga, al animé y los coleccionables: Mandarake tiene allí cerca de 20 locales, cada uno enfocado en una temática.

Ahí vale la pena visitar Haruya Book Store: una librería con miles de libros de manga.

Diversos sitios de viaje y expertos en Tokio dicen que Nakano Broadway se ha convertido en la alternativa a las trampas para turistas de Akihabara, con mejores precios, la misma variedad de productos y sin la presencia de las ‘maids’ repitiendo todo el tiempo ‘konnichiwa’, ‘konnichiwa’ (hola, en japonés) con su voz aguda y amplificada.

SEBASTIÁN MONTALVA WAINER
EL MERCURIO (Chile) - GDA
Tokio

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