Turismo comunitario, una tendencia que gana futuro

Turismo comunitario, una tendencia que gana futuro

Es una opción importante para comunidades que busquen beneficios económicos, sociales y ambientales.

Turismo comunitario

El pasadía en el Centro El Carlos tiene un valor de 50.000 pesos por persona.

Foto:

Cortesía Travel tours Colombia

Por: Daniela Gallo Hidalgo 
29 de enero 2020 , 05:00 a.m.

La vereda El Carlos está clavada en la selva antioqueña, a 15 minutos de Necoclí. A lado y lado de sus trochas se alzan palmas australianas, amargas, iracas, y se ven cultivos de arroz, ñame, yuca y plátano. No se oyen sonidos industriales ni pitos de carros. Tampoco estruendos de avión.

En medio de este escenario natural se alza el Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos, un alojamiento de tres posadas que desde hace 12 años es manejado por 11 familias de la región y administrado por Francisco Meneses.

Este es uno de los casos más exitosos en Colombia de turismo comunitario y una muestra de que, en condiciones adecuadas, el modelo beneficia a las poblaciones y es un atractivo para viajeros del mundo.

Este tipo de turismo, que conecta a visitantes con comunidades que quieren mostrar su región mientras protegen su patrimonio y reciben beneficios económicos, es una tendencia en aumento. Su potencial económico se revela en cifras de la Organización Mundial de Turismo (OMT): para el 2018 (consolidado más reciente), el turismo internacional tuvo ingresos de 1,7 billones de dólares, de los cuales 16.000 millones de dólares correspondieron a turismo comunitario.

Y su buen futuro lo refuerza el hecho de que un 70 por ciento de los viajeros globales están interesados en tener experiencias de turismo cultural y de acercamiento a la población, dice el informe ‘Turismo comunitario: un acercamiento a la realidad de Colombia y Perú’, realizado por Ostelea, Escuela Universitaria Internacional de Management en Turismo y Hospitality.

Según ese informe, actualmente, en Colombia un visitante internacional dura entre 7 y 10 días viajando por el país, pero pasa por lo menos tres días con comunidades. Al respecto, Procolombia reporta que en el país, el turista comunitario promedio (proveniente en su mayoría de Francia, Alemania y España) les deja a las comunidades entre 50 y 150 dólares por día.

El autor de la investigación, Raúl Travé, afirma que esos viajeros buscan aventuras fuera de las rutas tradicionales que les permitan tener un impacto positivo de tipo social o ambiental tanto para ellos como para las comunidades.

Y, además de sentir que benefician a una población, estos turistas buscan un intercambio cultural auténtico. Javier Gómez, director de la Corporación Turismo, Paz y Desarrollo, cuenta: “Por ejemplo, cuando visitan una comunidad indígena del Tayrona, quieren que las mujeres les enseñen a tejer y, además, conocer su percepción sobre el mundo y sobre el cuidado del medio ambiente”.

Travé coincide, y agrega que esta actividad “es una herramienta ideal para que las comunidades tengan una fuente de ingresos complementaria y puedan manejar los costos y los beneficios económicos, culturales, sociales y ecológicos de la actividad turística”.

Turismo comunitario

Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos.

Foto:

Cortesía Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos

Turismo comunitario

Los viajeros tienen una experiencia cercana con la comunidad.

Foto:

Cortesía Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos

Turismo comunitario

Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos.

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Cortesía Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos

Turismo comunitario

Los viajeros tienen una experiencia cercana con la comunidad.

Foto:

Cortesía Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos

Un camino incierto

Cada mes, y según la temporada, llegan entre 150 y 500 turistas al Centro Ecoturístico y Arqueológico El Carlos. Francisco quiere subir estas cuotas para ampliar sus ingresos, pero la falta de vías y de promoción es un gran reto al que deben enfrentarse para lograrlo.

“La carretera que va de Necoclí a Turbo no está pavimentada, lo que causa dificultad a la hora de llegar al centro ecoturístico. Además, no contamos con una buena difusión, pues tenemos una página web obsoleta, y nuestro fuerte para darnos a conocer hasta ahora ha sido únicamente el voz a voz”, cuenta Meneses.

Y es que no obstante los buenos reportes de esta actividad, el lento desarrollo de infraestructura, la mala promoción turística y la difícil consecución de recursos económicos para su crecimiento son obstáculos que enfrenta este sector en Colombia.

Si bien es cierto que el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo invirtió en el 2019 1.760 millones de pesos para el Programa de Turismo Comunitario, con el que se busca acompañar y fortalecer estas iniciativas en el país, Javier Gómez afirma que estas comunidades requieren más apoyo económico y más promoción.

“La inversión social y económica de las entidades estatales, como el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y Fontur, es muy importante para las comunidades porque funciona como una fuerza transformadora que les permite generar oportunidades de ingresos a través de actividades legítimas y lícitas –dice Gómez–. Pero además, las agencias y entidades turísticas encargadas de ofertar destinos en Colombia dan mayor visibilidad a lugares como Cartagena, Cali, Barranquilla o Bogotá, en vez de a estos sitios de turismo comunitario. Esto genera un desconocimiento de esta oferta”.

Problemas similares enfrenta la Corporación Ecoturística Comunitaria Chingaza (Corpochingaza), otro modelo exitoso de turismo comunitario que se ha encargado de operar el turismo en el Parque Nacional Natural Chingaza. Ellos ofrecen planes de avistamiento de flora (como bromelias y orquídeas) y fauna (como el oso andino, el venado cola blanca o el águila de páramo), además de senderismo. En ese santuario natural, ubicado en uno de los páramos de la cordillera Oriental, 40 personas de la comunidad se han encargado de su promoción turística desde el 2016. Y hasta ahora, el reto más grande es mejorar el acceso al parque.

Jenny Romero, directora de Corpochingaza, cuenta: “El parque se encuentra a dos horas de La Calera, y en el momento debemos contratar empresas externas para brindar el servicio de transporte, lo que aumenta el costo de la visita al lugar. Además, no tenemos mucho personal porque no hay dinero para pagarles, lo que implica que no toda la comunidad puede verse favorecida con el proyecto”.

Travé, quien es también docente de Ostelea, explica que lograr que las comunidades tengan un control completo sobre el desarrollo de estos proyectos es otro reto, “pues en su mayoría son dependientes de infraestructuras y cadenas de comercialización controladas por grandes empresas”. Esto impide que los beneficios económicos sean completamente para ellos.

Turismo comunitario

Actualmente, el parque Chingaza cuenta con seis senderos para hacer ecoturismo.

Foto:

Cortesía Parques Nacionales Naturales

Turismo comunitario

Actualmente, el parque Chingaza cuenta con seis senderos para hacer ecoturismo.

Foto:

Cortesía Parques Nacionales Naturales

Turismo comunitario

Actualmente, el parque Chingaza cuenta con seis senderos para hacer ecoturismo.

Foto:

Cortesía Parques Nacionales Naturales

Las oportunidades

“En el Museo Arqueológico (ubicado en El Carlos) tenemos 120 piezas arqueológicas encontradas en la zona que pertenecen a los pueblos Zenú y Guna, y personalmente me llenó de satisfacción darlos a conocer, ya que tengo una parte de esa cultura: mi mamá era indígena y mi papá, afro”, cuenta Meneses.

De hecho, visibilizar aspectos culturales de la región y ver cómo sus ingresos se han duplicado son las principales ventajas que este tipo de turismo le ha traído al centro de Necoclí, dice Meneses, aunque reconoce que es un trabajo alternativo, pues la fuente principal de ingreso de la comunidad siempre ha sido el agro.

Y es también así para las comunidades de Corpochingaza, pues Romero dice que el turismo ha facilitado “la promoción de los valores culturales y sostenibles del lugar. Además de conocer sus atractivos, los viajeros pueden usar las 12 ecotiendas que hay en él como una vitrina de sus productos”.

El turismo comunitario es un mecanismo para impulsar económica y socialmente a las comunidades y “debe mirar hacia el futuro para permitir que los departamentos en el país tengan más oportunidades”, propone Gómez. Así, centros como El Carlos y Corpochingaza podrían cumplir sus proyecciones de impulsar su producción local y “seguir dando a conocer sus pequeñas comunidades”, concluye Meneses.

DANIELA GALLO - @ViajarET
REDACCIÓN EL TIEMPO

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