¡A vivir un safari a la llanera!

¡A vivir un safari a la llanera!

La capital turística de Casanare ofrece una manera diferente de entrar al corazón del llano.

La magia de un safari por los llanos colombianos

La Laguna del Tinije preserva gran parte de la diversidad de fauna y flora de Casanare, como caimanes llaneros y anguilas.

Foto:

Valeria Cuevas González

Por: Valeria Cuevas González
14 de diciembre 2018 , 05:20 p.m.

A 81 kilómetros de Yopal, el aire huele intensamente a res y el horizonte luce limpio e infinito. Ya no hay rastros de urbe, solo campo. La cordillera de los Andes ha terminado para convertirse en llanura en un municipio en donde todos, incluyendo a los niños, lucen con honor sus sombreros de fieltro, sus cinturones anchos de cuero, sus camisas de manga larga y sus pies descalzos. Maní, al suroccidente de Casanare, emana las tradiciones más llaneras en su estilo de vida rural.

Conocida como la Tierra de la Bandola, Maní es el lugar del que han nacido y surgido los mejores bandolistas de Colombia, hombres y mujeres que le cantan a su tierra, al ganado y al cielo que siempre los saluda y despide con colores. Es tan mágico y diferente este lugar que sus habitantes, los maniceños, ingeniaron una manera única de atraer a los visitantes al municipio: un safari que se hace en un tractor viejo.Así es cómo se vive esta aventura en el llano.

Dos safaris, días distintos, mismo encanto

Viernes.

Finca Las Mercedes, a 14 kilómetros del municipio de Maní. Jorge Ordoñez, junto con sus tres lazarillos, preparaba el vehículo de llantas enormes y sucias, con el que a menudo atraviesa la llanura. Julián, Samuel y David, quienes apoyan el trabajo ganadero en la finca, estaban listos en sus caballos para guiar un safari con rumbo a un lugar en el que se reúne la vida animal y natural.

El tractor arrancó. Lento y ladeado, cogía impulso ante el peso de los pasajeros, sentados en unos improvisados butacos de paja y bancas acolchonadas. A su lado, los niños en sus caballos, llevando en sus manos las banderas de Colombia, de Casanare y de Maní Tours, le seguían la pista al vehículo hacia el horizonte, en el que ya se veía al ganado mugiendo, a los chigüiros, osos palmeros y venados, a los árboles chatos y a aves de todos los colores en el cielo.

El recorrido, de menos de una hora, tenía como destino el edén del llano: la Laguna del Tinije. Esta, de 3 kilómetros de ancho y 400 metros de largo, es un espectáculo a la vista, pues de ella nacen varios morichales, propios del departamento de Casanare, separados uno del otro. Sobre esas aguas habitan caimanes llaneros como los cachirres y babillas, guíos (una especie de anacondas), anguilas y hasta rayas. La laguna permanece tibia, entre el barro y las piedras, especialmente en las tardes, cuando se convierte en el espejo del cielo y toma los intensos colores del atardecer.

La magia de un safari por los llanos colombianos

Entre la fauna del departamento de Casanare resaltan los caimanes llaneros como los cachirres y babillas, guíos (una especie de anacondas), anguilas y hasta rayas.

Foto:

Valeria Cuevas González

La magia de un safari por los llanos colombianos

Entre la fauna del departamento de Casanare resaltan los caimanes llaneros como los cachirres y babillas, guíos (una especie de anacondas), anguilas y hasta rayas.

Foto:

José Dario Puentes

La magia de un safari por los llanos colombianos

Entre la fauna del departamento de Casanare resaltan los caimanes llaneros como los cachirres y babillas, guíos (una especie de anacondas), anguilas y hasta rayas.

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José Dario Puentes

La magia de un safari por los llanos colombianos

Entre la fauna propia del departamento de Casanare resaltan los caimanes llaneros como los cachirres y babillas, guíos (una especie de anacondas), anguilas y hasta rayas.

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José Dario Puentes

Sábado.

Finca Bonaire, a 50 minutos del municipio de Maní. Un nuevo tractor esperaba para un safari que prometía un encuentro más cercano con la fauna casareña, además de pasar por el bosque que se ha formado llano adentro, en el que viven osos y monos aulladores y en el que el aire es más puro y refrescante que en ningún otro lugar.

En este recorrido, el cielo no dejó ni un minuto de estar adornado por cientos de aves que volaban de lado a lado -y en grupo- perdiéndose en las nubes color amarillo y en la infinitud del llano. De lejos, se les ve reunidas en algún pantano mojando sus alas, cuando de repente salen organizadas como una mancha negra. Entre ellas destacan las corocoras rojas, diferentes tipos de garzas, patos y alcaravanes, el ave insignia del departamento y cuyo nombre también recibe el aeropuerto de Yopal.

Durante todo el camino hubo cantos. José Grosso, uno de los pocos hombres que se dedican a los cantos de trabajo de llano, le cantó al ganado que acompañó el inicio del recorrido, así como al cielo que se preparaba para el fin de la tarde. En el camino aparecieron venados, monos aulladores y búhos y al atravesar el bosque fue necesario ir en silencio, porque por temporadas se forman colonias de abejas que pueden atacar desmedidamente al desconocido.

Los dos safaris tuvieron algo en común: al regreso en la noche a lo lejos permanece un punto anaranjado y brillante, que no se sabe si es una luz cualquiera o si corresponde a la famosa leyenda llanera de la ‘bola de fuego’, que ataca a los caminantes y se lleva a quienes logren atraparla. Sin embargo, todos salieron ilesos.

La magia de un safari por los llanos colombianos

Varios manizeños, propietarios de fincas, acompañan a los visitantes durante el safari, que puede durar una tarde completa.

Foto:

Valeria Cuevas González

La magia de un safari por los llanos colombianos

Varios manizeños, propietarios de fincas, acompañan a los visitantes durante el safari, que puede durar una tarde completa.

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Valeria Cuevas González

La magia de un safari por los llanos colombianos

Varios manizeños, propietarios de fincas, acompañan a los visitantes durante el safari, que puede durar una tarde completa.

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Valeria Cuevas González

La magia de un safari por los llanos colombianos

Varios manizeños, propietarios de fincas, acompañan a los visitantes durante el safari, que puede durar una tarde completa.

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Valeria Cuevas González

La magia de un safari por los llanos colombianos

Varios manizeños, propietarios de fincas, acompañan a los visitantes durante el safari, que puede durar una tarde completa.

Foto:

José Dario Puentes

Embrujarse en la Tierra de la Bandola

Solo 4 kilómetros de Maní son área urbana, conformada por 32 veredas y 15 barrios, de resto es área rural. El municipio está ubicado a 22 metros sobre el nivel del mar y tiene una temperatura promedio de 26 grados centígrados. Limita con Aguazul, Orocué y Tauramena y, aparte de ser reconocido por el arraigo cultural en torno a la bandola, Maní atesora una riqueza hídrica: está bañado por cuatro ríos, el Unete, el Charté, el Cusiana y el Meta, así como por varios caños, lagunas y esteros.

A los niños se les ve aferrados a las bandolas, a las arpas, maracas y guitarras. Sin importar si es fin de semana, ellos están dentro de las escuelas de formación musical de la Alcaldía aprendiendo la música llanera. Se habla de Pedro Flórez, el más grande bandolista colombiano que nació a orillas del río Charté. También por eso, los maniceños exponen con orgullo la bandola más grande del mundo en la plaza principal del municipio y en el primer puente festivo de enero celebran su Festival Internacional.

La magia de un safari por los llanos colombianos

Maní es conocida como la Tierra de la Bandola, de allí han surgido los mejores bandolistas de Colombia.

Foto:

Valeria Cuevas González

La magia de un safari por los llanos colombianos

Maní es conocida como la Tierra de la Bandola, de allí han surgido los mejores bandolistas de Colombia.

Foto:

Yamid Calderón

Maní significa ‘Está hecho’, nombre que proviene de un vocablo indígena de la tribu Tutul Xiu, mayas de Centroamérica, que tuvo relación con los jesuitas que fundaron el municipio en el siglo XVI. Además es un tributo al nombre de uno de los caciques de la tribu llamado Maní. El lugar conserva algunas ruinas y vestigios de los primeros asentamientos de la tribu.

Este, uno de los 19 municipios de Casanare, padeció por más de cinco años la guerra bipartidista, entre liberales y conservadores, y posteriormente el flagelo del conflicto armado. Sin embargo, hoy en día es uno de los lugares más visitados de Casanare por emanar en todos sus espacios las tradiciones propias del llano colombiano más allá de la música y la gastronomía.

El arte de cantarle al llano

Al llano se le ha cantado desde hace más de 200 años. Es una tradición para realizar el trabajo con el ganado, como arriarlo, guiarlo y acompañarlo, además de ser una forma de mostrarles cariño a los animales. Son tan únicos y representativos, que el año pasado estos cantos fueron reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Los cantos de trabajo de llano son diversos. Hay cantos de ordeño, cantos de vela, cantos de cabrestero (se refiere a la persona que guía al ganado) y cantos de domesticación. Quien los interprete debe tener un recorrido en el ámbito musical y tener cierta afinidad con el entorno, pues varias de estas entonaciones son ancestrales.

Las letras de estos cantos -que se hacen a capela- son sobre situaciones que les suceden a los llaneros, también son algarabías a los patrones, anécdotas con los animales e incluso pensamientos de los enamorados. Hasta a las vacas se le canta al momento del ordeño, pues curiosamente estas logran calmar los nervios y dar mayor productividad cuando escuchan que alguien las consiente con la voz.

La tradición llanera también se puede sentir en el paladar. Casanare es una región arrocera, así que en el municipio no pueden faltar las hallacas llaneras, los tungos (que son una especie de envueltos), el sancocho de cola, las toronjas y la famosa e infaltable ‘mamona’, la carne de la novilla que recién dejó de mamar.

¿Por qué no viajar al llano casanareño?

Varios campesinos de la región se unieron y constituyeron el operador turístico ‘Maní Tours’, una iniciativa de turismo rural comunitario para atraer el turismo a la región. En sus oficios como dueños de fincas, cultores, artistas, hoteleros y guías turísticos se capacitaron con el Sena Regional Casanare para impulsar actividades de ecoturismo y safari llanero. Incluso, juntos consolidaron el Museo Hato del Hombre Llanero, que rescata la memoria del municipio y resguarda objetos antiguos tradicionales como vestimentas y elementos para el ganado.

Desde el pasado 9 de noviembre, Easyfly tiene un nuevo avión, el más grande la aerolínea, que opera la ruta Bogotá-Yopal y viceversa. El vuelo no dura más de una hora y es la oportunidad de visitar un departamento diferente, en la región Orinoquía, para conocer las raíces llaneras desde la vida en el campo.

*Invitación de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco).

VALERIA CUEVAS GONZÁLEZ
Unidad de Redes Sociales
Twitter: @Olarevuccello

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