Un recorrido por Katmandú, lugar de montañas y dioses

Un recorrido por Katmandú, lugar de montañas y dioses

La capital de Nepal, una ciudad donde la espiritualidad impregna el ambiente físico y el artístico.

Katmandú: montañas y dioses

El monte Everest es la montaña más alta del planeta con una altura de 8.848 metros sobre el nivel del mar.

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ANDRÉS HURTADO

Por: Andrés Hurtado García
22 de agosto 2018 , 11:40 p.m.

En la Edad Media, todos los caminos conducían a Roma y en los años sesenta, los hippies y mochileros del mundo tenían su mirada puesta en Katmandú, la capital de Nepal

Era el paraíso de la marihuana y de los viajes a los nirvanas de la droga. Aún hoy, en antejardines y caminos de Katmandú se ven algunas matas de marihuana, pero ya nadie la fuma. Y otros, los amantes de las montañas, desde principios del siglo pasado han suspirado por Nepal, país que posee ocho de los catorce picos que sobrepasan los 8.000 metros de altura.

Los nepalíes llaman Sagarmatha al Everest y los tibetanos, Chomolugma. La principal fuente de ingresos de Nepal son los altísimos impuestos que deben pagar los que escalan las montañas del Himalaya. Nosotros sobrevolamos emocionados el Himalaya y pasamos cerca del Everest y de todos los picos de 8.000 metros.

Nepal, con 28 millones de habitantes, es un país pequeño, mide 147.000 kilómetros cuadrados y se halla enclavado entre China e India.

La religión es el hinduismo y Vishnú, la gran deidad protectora. El budismo fue fundado en el siglo VI por Gauthama Buda, que recibió la iluminación en Lumbini, población de Nepal. Este sistema filosófico y espiritual, no teísta, tiene millones de practicantes en Nepal. En el país hay miles de pagodas hinduistas y templos budistas. Son muy vistosas las estupas, construcciones budistas que contienen reliquias y símbolos religiosos.

Katmandú es una ciudad en la que la espiritualidad impregna tanto el ambiente físico como el intelectual y el artístico.

Nos centramos en cuatro lugares, escogidos entre los centenares que ofrece la ciudad: la plaza de Durbar, Pashupatinath, Bodanath y Swayambhunath. Esta última es la estupa más sagrada y antigua del país: 365 escalones llevan al maravillado viajero hasta la cima de la colina. Los ojos de Buda, con las cejas pintadas, miran en las cuatro direcciones. La llaman también la estupa de los monos, pues estos mamíferos, hanuman, sagrados para budistas e hinduistas, pululan entre los monumentos. Miles de devotos abarrotan la estupa, de impresionante belleza.

El otro monumento es la estupa de Bodanath, que, como la anterior, fue construida por tibetanos que han comerciado desde tiempo inmemorial entre China y Nepal, atravesando la cadena de los Himalayas. Es de inmensas proporciones, coronada también por los ojos omnipresentes de Buda. Le dimos fervorosos la vuelta completa, como todos los devotos budistas, llevando en las manos el tambor de oraciones y el rosario de las 108 pepas mientras pronunciábamos la oración sagrada de la flor de loto: “Omni mane padme um”. La vuelta se hace en el sentido de las agujas del reloj.

Durban es la plaza central. Milagrosamente, se salvaron del terremoto del 2015 la mayoría de los templos. Como si estuviéramos drogados por la espiritualidad que infunden los devotos que se acercan a dejar ofrendas en los lugares sagrados, recorrimos absortos la plaza admirando la impresionante arquitectura de las pagodas. Hay una llamada de la diosa Kumari.

Allí guardan desde los cinco años de edad a una niña que es poseída por la diosa Taleju y debe ser “perfecta y tener corazón y alma puros”. Se la escoge gracias a signos astrales y esotéricos y permanece encerrada con poco contacto con el exterior hasta que tiene la primera menstruación, entonces vuelve al campo, a su vida normal. Mientras tanto es venerada como una diosa. Hay muchas Kumaris en Nepal, pero la más importante es la de Katmandú.

Me acompañaron en este viaje los Guías Ecológicos del Proyecto Ambiental del Colegio Champagnat de Bogotá. El cuarto lugar que visitamos es Pashupatinah, situado a orillas del río Bagmati. Se trata del templo más importante en el mundo hinduista al dios Vishnú; en él conservan el falo del dios, el shivilingam.

En el entorno merodean unos extraños ‘santones’ vestidos de manera estrafalaria. Algunos van prácticamente desnudos. De santos no tienen nada. Piden dinero a cambio de fotografías. A orillas del río presenciamos el espectáculo de la incineración de cadáveres, ceremonia que es constante todo el día. Los cadáveres vienen cubiertos con mantas amarillas, se cumplen unos rituales a orilla del río y luego los colocan en las piras. Los familiares masculinos que han participado en la ceremonia son rapados por unos peluqueros armados de cuchillas de afeitar, mientras arden los cadáveres. El molesto humo de las piras llena el ambiente.

Katmandú es punto de partida para caminatas que duran varios días y acercan a los viajeros a las montañas. Los trekkings más socorridos son los que llevan a la base del Everest y del Annapurna.

Regresamos al mundo occidental con la inolvidable visión de los devotos budistas e hinduistas que dan la vuelta completa a los templos midiendo las distancias acostados en el suelo boca abajo. La visita a Nepal se constituye en una vibrante ‘bofetada’ a la concepción materialista de nuestro mundo occidental. Se regresa pensando mucho, se regresa ‘tocado’.

Si usted va

La vía más rápida es Bogotá (Avianca)-Madrid (Pegasus)-Estambul (Turkish Airlines)- Katmandú.

Un dólar son 109 rupias. Hay hoteles de todos los precios en el barrio Thamel.

La gente es amable. Hay total seguridad. Recomiendo esta empresa, muy seria y responsable, dirigida por Gokul Sapkota, quien habla castellano:

info@outshineadventure.com. Nosotros fuimos a Nepal y al Tíbet. Esta empresa lleva a los dos lugares y se encarga de las visas.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA
Para EL TIEMPO

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