Putumayo es aventura, riqueza natural y ancestral

Putumayo es aventura, riqueza natural y ancestral

Guía para conocer cascadas, senderos ocultos, animales selváticos y el encanto de una población.

Bëtsknaté

El Bëtsknaté, que significa ‘día grande’, es la celebración del inicio de un año.

Foto:

Camilo Hernández M.

Por: Camilo Hernández M.*
18 de abril 2019 , 11:20 a.m.

Si en algo concuerdan ciudadanos, comunidades indígenas y autoridades departamentales de Putumayo es en que viven en un paraíso que necesita ser conocido y descubierto por Colombia y el mundo. Hay un orgullo genuino gracias a los atractivos naturales de su región y por el trabajo que realizan en pro de un objetivo general: potenciar estas bondades.

En marzo del 2018, un año después de la tragedia que golpeó Mocoa y dejó más de 300 muertos, el exministro de Defensa Luis Carlos Villegas, quien ofició como gerente de la reconstrucción del municipio, habló sobre la importancia de fortalecer el ecoturismo.

Ahora es un trabajo generalizado que ha sido posible gracias a una ruta turística que comprende el alto, el medio y el bajo Putumayo, pasando por los municipios de Sibundoy, Mocoa, Villagarzón, Orito y Puerto Asís.

“Hemos vivido la guerra, pero queremos mostrar otra cara: nuestra riqueza natural, ancestral y de biodiversidad. A eso le apuntamos y deseamos que quienes nos visiten se sientan seguros”, dice Sorrel Aroca, gobernadora de Putumayo.

Conexión natural
Putumayo

El Ojo de Dios.

Foto:

Cortesía Juan Pablo Ramírez

En todo el departamento es posible encontrar hostales de primer nivel, pero el mensaje es claro: la comunidad, más que un turismo cinco estrellas, busca generar conexión con el medioambiente, un acercamiento espiritual lleno de bienestar y salud.

A las afueras de Mocoa, en el kilómetro 6 de la vía a Villagarzón, queda el camino al Fin del Mundo, una cascada de 80 metros en medio de la serranía de los Churumbelos, que es parte de la quebrada Dantayaco.

El lugar funciona toda la semana, a excepción de los martes, que es cuando la Corporación Fin del Mundo, que se constituyó hace más de un año y está conformada por 12 familias que tienen predios dentro de la ruta al atractivo, se reúne para dejar descansar la zona, hacer adecuaciones y tomar decisiones sobre el trabajo que hacen.

El recorrido dura cuatro horas (ida y vuelta). Es necesario llevar zapatos con buen agarre y ropa cómoda. Pero, sobre todo, disposición para mojarse, ensuciarse y caminar empinadas montañas.

Para evitar daños al ecosistema –y tras un estudio de Corpoamazonia–, solo 300 personas entran por día. El lugar se abre de 7 a. m. a 12 m. La entrada tiene un costo de 25.000 pesos para extranjeros, 20.000 pesos para nacionales y 15.000 pesos para locales.

Durante el camino hay vigías que ayudan y prestan asistencia, así como estaciones de descanso e hidratación. Hay un restaurante, un lugar incrustado en medio de la montaña que ofrece las delicias de la región y cuenta con vista al salto de las Golondrinas, un cuerpo de agua para la relajación.

Jesús Antonio Huaca fue quien bautizó el lugar: se le puso Fin del Mundo porque antes no había camino y llegar hasta allá era todo un desafío.

Una vez se arriba a la cascada, se puede descender haciendo torrentismo o amarrarse a un arnés y observar, desde la punta, la caída de agua.

En esa misma zona, pero por otro camino, se llega al Ojo de Dios, administrado por la Asociación Turística Mi Mochila. Está en estudio para determinar la cantidad de personas que puede recibir.

Su nombre es un homenaje a Dios y allí, y en el camino hacia él, se hace avistamiento de aves, senderismo y rafting. El recorrido dura tres horas (ida y vuelta).

Putumayo

Piedra Pijilíen Orito.

Foto:

Camilo Hernández

Donde se oculta el sol

En Villagarzón hay otro camino que conecta con la naturaleza y la ancestralidad indígena. Se llama Donde se Oculta el Sol y queda en el sector Sardinas, de la vereda Guineo, donde se une la cordillera Oriental con la llanura amazónica.

Su nombre se da porque el recorrido, que dura dos horas, es en medio de la selva, y los arboles tapan los rayos del astro rey. Al camino como tal se le llama awkilkuna, que significa ‘espíritus que protegen las altas montañas’: es un sendero interpretativo en el que se habla de las costumbres indígenas, el yagé y la palma que camina, un árbol que se mueve buscando la luz.

Antes de entrar a Donde se Oculta el Sol se hace un ritual para pedir permiso. La primera parada es en la cascada Mohano, que significa ‘hombre jaguar’ y en donde hay un pequeño hueco en los árboles que permite la entrada total del sol por 15 minutos al día: de 12 del mediodía a 12:15 p. m. La segunda parada es en la cascada Wakana, que significa ‘mona que llora’. Aquí puede hacerse hidroterapia.

Fredy Segura y María Maura Quenguan, operadores del sitio, dicen que en este lugar sagrado buscan que la gente sienta la naturaleza. “Hemos tenido personas tan conectadas que hasta escuchan pisadas de jaguar y ven su sombra”, dicen.

La entrada vale 20.000 pesos para extranjeros, 15.000 para nacionales y 10.000 para locales. Está abierto los fines de semana, de 8 de la mañana a 4 de la tarde. Entre semana funciona solo cuando los visitantes lo solicitan.

Putumayo

Mohano, en Donde se Oculta el Sol.

Foto:

Camilo Hernández

Conociendo lo ancestral

El etnoturismo es la otra apuesta turística del Putumayo, región habitada por 15 pueblos indígenas.

En el valle de Sibundoy está asentada la comunidad kamëntšá biyá, originaria del departamento y que celebra cada año el Bëtsknaté o ‘día grande’, un evento que para ellos es el inicio de un nuevo año.

El Bëtsknaté fue declarado patrimonio inmaterial de la nación en el 2013 y su festejo es el lunes antes del miércoles de ceniza.

Es el día de la reconciliación, del perdón, un momento para encontrarme conmigo mismo y con la madre naturaleza. No es un carnaval, y ese día lo basamos en tres pilares: pensamiento, sentido de pertenencia y la lengua”, explicó el taita Jesús Antonio Juajibioy.

Durante la celebración, los kamëntšás recorren las calles de Sibundoy vestidos con sus trajes típicos y tocando su música. Mientras caminan, quienes sienten que deben pedir perdón por alguna mala acción cometida se acercan a quienes les faltaron. Si las disculpas son aceptadas, reciben pelados de flores en su cabeza.

El evento finaliza con la degollación de un gallo en un castillo construido con hojas de palma. El animal representa los colonos y la construcción, los primeros templos que dejaron los taitas del valle tras ser invadidos.

El poder de Orito

Orito es un municipio conocido por la riqueza de hidrocarburos con la que cuenta, pero que también busca potenciar su poder natural.

Prueba de ello es el centro ecoturístico Ma&Ju, una reserva natural que cuenta con un circuito de aventura y deportes extremos (puente tibetano y canopy), así como con una caída de agua que crea como un jacuzzi en la naturaleza.

También está la piedra del Pijilí, que significa ‘arraigo y amor’ y demuestra la biodiversidad de la zona. Está ubicada en el río Caldero y su forma, juntando lo que está por fuera del agua y su reflejo en ella, es la de un corazón.

¡Qué ricos sabores!

La gastronomía es otro pilar de la zona. Se prueban delicias como el tacacho (puré de plátano), carnes y pescados ahumados, bishana (sopa a base de col, maíz, calabaza y frijol), diferentes presentaciones de ají, frutas como el chontaduro que se consume hasta en muffin, y bebidas exóticas como chicha de arracacha.

Puntualmente, en el municipio de Puerto Asís funciona la Asociación de Productores Agropecuarios Sostenibles del Putumayo (Apasap), que hace recorridos turísticos en fincas de 27 familias para dar a conocer cultivos de pimienta, moringa, copoazú, tomate de árbol, cocona, canangucha, arazá y azaí.

Centro Experimental Amazónico

En la vía que comunica Mocoa con Villagarzón está el Centro Experimental Amazónico (CEA), un lugar de 132 hectáreas que se divide en jardín botánico (16 hectáreas), un Centro de Recepción de Animales Silvestres (Creas, 4 hectáreas), un vivero forestal (2,5 hectáreas), el parque Suruma (2,5 hectáreas) y mucho bosque primario.

El objetivo del CEA es promover el conocimiento científico y la investigación para facilitarles a estudiantes y comunidad conocimientos de naturaleza.

Entre los animales que hay en el Creas se encuentran primates, tigrillos, dantas, tortugas, caimanes, guacamayas y anacondas. Lo que hacen con ellos es atenderlos en una clínica veterinaria y dejarlos en observación de 2 a 3 meses para ver si pueden ser liberados.

Dónde y cuándo

Alojamientos recomendados en Mocoa: Posada Turística Dantayaco. Hostal Huaca Huaca. Posada Fin del Mundo. Samawé. Fin del Mundo extremo, único operador autorizado para hacer deportes extremos en el Fin del Mundo. En Villagarzón: Posada Portal del Sol. En Orito: Centro ecoturístico Ma&Ju.

CAMILO HERNÁNDEZ M.
En Twitter: @CamHerM* Invitación del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y Fontur.

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