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Viajar

Una isla para desenterrar siete tesoros escondidos

San Andrés

San Andrés

Foto:Heidy Ipia

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San Andrés es el destino ideal para aventurarse a descubrir y vivir nuevas experiencias.

En una olla de barro se mezclan los sabores del mar y de la tierra, se fusionan casi como una poción mágica ingredientes como el pescado, caracol, yuca, plátano, fruto del pan y rabo de cerdo. Mientras se bañan en leche de coco, se calientan hasta hervir burbujeantemente y así extender el humo que esparce las fragancias de una exótica y criolla isla.
Alrededor, mujeres y hombres, dueños de las cocinas, revuelven y agregan albahaca, orégano y pimienta, mientras cantan y bailan al ritmo de una suerte de unión entre reggae, soka, calypso y mento.
Un rito mágico, sazonar y reunirse alrededor de la mesa para degustar el rondón o rundown que se come al mediodía, bajo la brisa que se levanta con las palmeras de coco y las olas del mar.
Este es el plato raizal más conocido en este paradisíaco lugar, más apetecido por los isleños y más experimentado por los turistas que quieren maravillarse con lo local. El rondón es la muestra de que San Andrés guarda la memoria del mestizaje y la fusión de culturas.

1. Este plato tiene historia, una ligada a los raizales

La receta fue inventada, como al azar, por los ingleses para alimentar a los esclavos jamaiquinos que ellos mismos trasladaron hasta la isla en 1613. Hombres y mujeres que necesitaban fuerza para los arduos trabajos que les exigían cumplir. Los ingleses empezaron por costumbre a reunir los alimentos que se conseguían fácilmente en el territorio, a mezclarlos, hasta lograr lo que hoy se conoce como rondón. También Jamaica tiene presencia en esta preparación, sus plantas aromáticas, traídas por los esclavos, complementan la explosión de sabores que lo caracterizan.
El fruto del pan nace del árbol del pan, llevado por los ingleses desde la India. Los pescados y mariscos son resultado de intensas pescas de vecinos. Mientras que los tubérculos son recogidos de las pocas siembras plantadas en la isla.
Una receta valiosa, resguardada como una joya por los más abuelos, respetada y que ha pasado de generación en generación para mantener viva la tradición. Pero la comida no es la única que evoca al pasado, a la tradición.

2. Tres idiomas para resguardar secretos, para compartir tesoros

En la isla se habla español, inglés y creole, una mezcla entre estos dos primeros idiomas y africanismos. Una lengua que se creó como una variación para que los ingleses no entendieran lo que hablaban los esclavos. Hoy es su sello, su identidad. Gracias a los idiomas se facilita la comunicación entre los nativos y los turistas de diferentes regiones del mundo que arriban a la isla.
El creole es la lengua que hablan en casa, cuando están lejos de los turistas o incluso de los mismos compatriotas colombianos, es además un tesoro que les permite a los raizales blindar sus comentarios y sus historias. De hablar en código entre familiares y vecinos. 
Anclado en el mar de San Andrés se encuentra el legado anglocaribeño, así como la tradición oral de sus ancestros.

3. Misterios que se anclan a la principal autopista de la isla, el mar

Las leyendas que se propagan en San Andrés develan misterios e historias de piratas que arribaron a la isla. Relatos de lobos de mar que conquistaban y robaban tesoros de los puertos que encontraban mientras navegaban los mares.
Sus aventuras y desventuras se cuentan como un tesoro intransferible, historias de las que los nativos se sienten dueños y señores. Que cuentan con pasión y señalan con convicción, como es el caso de la cueva de Morgan, un destino muy visitado.
Alrededor de ella se cuenta la historia del pirata Sir Henry Morgan, por quien lleva el nombre la formación rocosa. Los lugareños dicen que sus abuelos les contaron que fue el antiguo refugio de tesoros hurtados. Tesoros que pese a intensas búsquedas no han sido encontrados, pero que aseguran siguen muy bien enterrados en algún lugar de la cueva.

4. Este es el verdadero oro; está bien escondido, incluso a los ojos de un pirata

Pero el verdadero oro de San Andrés no se esconde en la cueva, se esconde bajo las aguas, se viste a simple vista de azul profundo, pasa por el azul del cielo hasta llegar a un verde aguamarina. El oro de la isla se baña por el agua salada y por el sol para brillar con esplendor. Su tesoro insigne mejor cuidado se esconde bajo el mar de los sietes colores, aquel que los piratas como Sir Henry no pudieron hurtar.
Se trata de la barrera coralina que rodea el archipiélago de San Andrés, en cuyo fondo habitan toda clase de especies que junto a los distintos niveles de profundidad generan las variadas tonalidades que hoy hacen famosa a la isla. Una barrera que es la tercera más grande del mundo, una joya nacional.

5. ¿Y qué se puede hacer con (o en) el oro azul?

Quien tiene la fortuna de pisar la isla, sabrá desde el primer momento que el mar es de los mayores atractivos, sino el mayor, de San Andrés.
Aquí los arrecifes coralinos no solo pueden ser admirados desde una lancha, o en la lejanía. En este paraíso se puede interactuar con el tesoro natural que vive bajo el mar. Es posible bucear, caretear y nadar con especies como el pez mariposa, pez rayado, tiburones martillo, rayas y estrellas de mar.
Se puede practicar esnórquel, pasear en jet ski, tirarse al agua desde un acantilado, alquilar un kayak, y hasta admirar el mar desde un paracaídas.

6. Restaurantes hechos desde la raíz hasta la sombra, de tradición

Aunque vaya a San Andrés con un plan todo incluido no puede dejar de visitar los restaurantes emblemáticos, que hoy son parte de la tradición sanandresana. Restaurantes que no solo guardan las mejores recetas ancestrales, los diseños y adornos isleños, sino que también son el resguardo de los sazones más admirados en la isla.
‘Donde Francesca’ ‘Miss Celia’ y ‘La Regatta’ son obligatorios para los turistas. Visitarlos es descubrir los tesoros que se cuecen sobre el fuego tras ser descubiertos en el mar y sazonados con los secretos culinarios raizales.

7. Fiestas que honran a los ancestros y propagan la tradición

Fiestas como el Festival de la Luna Verde o Green Moon Festival, que se celebra en septiembre, el Festival del Cangrejo (abril), y las Fiestas Patronales de noviembre rescatan la música, la danza y la gastronomía propia de la isla. Asistir a uno de estos, es adentrarse en la riqueza cultural del archipiélago con forma de caballito de mar.

Datos claves

Terminal: Aeropuerto Rojas Pinilla, cuenta con vuelos directos del interior del país, centroamérica y la zona caribe.
Restaurantes:
La Regatta: 317 7443516
Donde Francesca: 3157701315
Restaurante Miss Celia: 3164506032
Visite Recorre Colombia para descubrir los más asombrosos destinos colombianos.
* Con invitación de Fondo Nacional del Turismo (Fontur)
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