Guaviare, tras los ancestros

Guaviare, tras los ancestros

Esta región colombiana cuenta la historia de las tribus del Guayabero.

Guaviare

Perfil de la Puerta de Orión, que tiene 12 metros de altura y 15 metros en su base semicircular.

Foto:

Andrés Hurtado

Por: Andrés Hurtado
11 de marzo 2020 , 09:45 p.m.

Hablando de pensadores que han influido en mi vida digamos que las bulliciosas fiestas de final de año me enmarcaron entre Federico Nietzsche y Paul Valéry. El primero iluminó las navidades con la exultante exclamación de Zarathustra: “Bienaventuradas mis narices que respiran de nuevo la libertad de las montañas”. 

Y ello fue en las augustas soledades de los páramos del Nevado del Tolima. Para el principio del año descenderíamos a las lujuriantes y tropicales selvas del Guaviare, empujados por la sibilina máxima de Paul Valéry: “No apostaría un céntimo por el futuro de un pueblo que no reconoce su pasado”.

Íbamos a bucear en nuestro pasado indígena representado en las pictografías del Guaviare.

Me acompañaban los guías del proyecto ecológico del Colegio Champagnat de Bogotá.

La carretera entre Villavicencio y San José de Guaviare conserva todavía algunas manchas de bosque en las que no faltan los esbeltos morichales. Hace muchos años, cuando esta carretera no estaba pavimentada y cuando el bus en que yo viajaba se detenía para esquivar un hueco, un pasajero miró por la ventana y vio un mico en un árbol y gritó: “Un mico, un mico, ¿quién tiene una escopeta?”. Esta escena vuelve a menudo en mis recuerdos al pensar en la barbarie de muchos colombianos.

Para llegar al río Guaviare nos detenemos para admirar el imponente puente Nowen, que extiende sus 924 metros en forma de ‘ese’ alargada sobre las aguas del río Guaviare, que 800 metros más arriba nace de la confluencia entre los ríos Ariari y Guayabero.

Guaviare

Cerro Azul.

Foto:

Andrés Hurtado

Guaviare

Pictografías de Cerro Azul.

Foto:

Andrés Hurtado

Guaviare

Laguna Negra.

Foto:

Andrés Hurtado

Guaviare

La flor del Inírida.

Foto:

Andrés Hurtado

Nuestra primera visita fue al río Guayabero. En carro llegamos a El Raudal, hoy un tranquilo caserío. Lo conocí en épocas de turbulencia por la guerrilla y el comercio de la coca, en 1977, cuando bajé el río desde La Macarena hasta San José de Guaviare.

Allí termina el fatídico raudal que se llevó muchas vidas y embarcaciones hasta que dinamitaron las enormes rocas que en la mitad del río eran las causantes de las tragedias. Ahora en verano y con el descenso de las aguas el río más parece una piscina de aguas rápidas, pero inofensivas.

En sus márgenes viví una fecha inolvidable: fin de siglo, fin de año y principio de milenio, el 31 de diciembre de 1999. Remontamos el raudal y en su cabecera echamos pie a tierra y por la ladera de un bosque subimos hasta las pictografías que yo he calificado como la Capilla Sixtina del Guayabero. Centenares de pinturas hechas con colorantes vegetales rojos por los indios guayaberos en unas paredes de rocas verticales. Por un caminito escabroso y bello se sube a la cima del farallón; desde allí la vista se explaya majestuosa sobre los meandros del Guayabero y la selva circundante.

Regresamos a la carretera y seguimos el viaje por zonas deforestadas hasta el mágico Cerro Azul, que se levanta solitario en el paisaje. Un caminito de monte lleva al ‘primer piso’. Centenares de figuras rojas dejadas por las tribus del Guayabero representan animales, personas, objetos, escenas de cacería.

Una figura de un hombre subido en una escalera revela el misterio de las pinturas localizadas a muchos metros del suelo en la roca vertical. Estamos emocionados. Tomamos muchas fotografías. No hablamos. Contemplamos atónitos el arte primitivo de nuestros antepasados. El arte y su vida.

Subimos al ‘segundo piso’. Más, muchas más pinturas. En total pueden ser unas 4.000. Por una caverna ubicada casi en la cumbre, atravesamos la montaña y al otro lado desde un mirador observamos a nuestros pies y hasta donde se pierde la vista algunos potreros, inmensos tapices de selva y otros cerros que parecen tener pinturas, según nos cuentan.

Esa augusta soledad invita a un baño ceremonial desnudos, como Adán en el paraíso.


A 17 kilómetros de San José por una carretera que se adentra por la serranía de la Lindosa visitamos en otro cerro las pictografías de Nuevo Tolima.

Todas las pinturas que se observan en esta región del Guaviare tienen un denominador común. Están hechas con colorantes vegetales rojos y representan más o menos las mismas escenas: personas, animales y cosas.

Esta inmensa región que abarca el departamento del Guaviare y parte del Caquetá es reconocida ya como la más grande zona arqueológica del planeta, porque incluye el que es hoy el mayor parque nacional natural de Colombia (y uno de los más extensos del mundo), con sus 4’268.096 millones de hectáreas, Chiribiquete, en el que se han descubierto hasta hora unas 75.000 pinturas rupestres.

Otro de los paisajes que yo he dado a conocer a los colombianos, además de caño Cristales y Jirijirimo, es Puerta de Orión, que yo considero la más bella roca de Colombia.

Desde las cuevas del Guaviare atravesando praderas y manchas de bosques en los que enormes piedras solitarias con las formas más curiosas y bellas parecen haber sido depositadas por extraterrestres, caminamos hasta la puerta de Orión. Allí, hundidos en la majestuosidad de la noche del trópico, cuyo silencio se enmarca con los trinos aislados de pájaros y con los asordinados conciertos de los micos aulladores, allí dijimos adiós al año viejo y recibimos el nuevo.

Comenzamos el año visitando las Damas del Nare. A 70 kilómetros de San José, en una soledad total en medio de la selva, se encuentra una bellísima laguna en la que los delfines juegan con los bañistas. Inolvidable y grata experiencia.

Esa augusta soledad invita a un baño ceremonial desnudos, como Adán en el paraíso.Pero con delfines juguetones es mejor desechar la edénica idea y utilizar la ropa adecuada. Madrugamos para vivir un espléndido amanecer en la laguna y esperamos el atardecer que llenó de rojos, amarillos y lilas el cielo y los espejos del agua. Los dueños de la laguna atienden a los visitantes en confortantes cabañas.

Más cerca de San José de Guaviare está laguna Negra. Para llegar a ella navegamos por un caño estrecho, que avanza en medio de selva cerrada en la que abundan los pájaros. Una explosión de vida. Dimos la vuelta completa a la laguna; sus márgenes son paredones de selva tupida en los que se suceden todos los matices del verde, desde el oscuro hasta el que coquetea con el amarillo.

Terminamos nuestra excursión por el Guaviare visitando la Ciudad de Piedra. Los más afiebrados juran que fue diseñada por extraterrestres. Se trata de un conjunto de rocas a manera de manzanas de casas separadas por espacios que son las calles o avenidas. Se necesita estar muy centrado en la realidad para no comenzar a fantasear y jurar que esta espectacular Ciudad de Piedra fue diseñada por alienígenas de lejanísimas galaxias.

Recorrimos las calles y nos subimos a varios de los conjuntos rocosos que se antojan manzanas de viviendas. Admiramos las llamadas ‘flores del Guaviare’. Minúsculas y bellas.

Regresamos a Bogotá como habíamos ido, por la excelente carretera de San José a Villavicencio y de allí a Bogotá. Mirando una y otra vez las fotografías que tomamos en el viaje, revivimos las emociones del encuentro con nuestras raíces, somos descendientes de indios y de españoles.

​ANDRÉS HURTADO
PARA EL TIEMPO

Descarga la app El Tiempo

Noticias de Colombia y el mundo al instante: Personaliza, descubre e infórmate.

CONOCE MÁS
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.