Parada en la hermosa Estambul: el encanto de dos continentes

Parada en la hermosa Estambul: el encanto de dos continentes

El renovado avión de Turkish Airlines conecta a Bogotá con la ciudad turca en un vuelo directo.

Estrecho del Bósforo

Un plan infaltable: crucero por el Bósforo.

Foto:

Natalia Noguera

Por: Natalia Noguera*
27 de octubre 2019 , 06:00 a.m.

Desde lo alto, a bordo del avión de Turkish Airlines, que ya casi completa 15 horas en el aire desde Bogotá, se dibuja el mar Negro. La vista revela el encuentro entre el continente europeo y el asiático en Turquía, un punto de convergencia de grandes civilizaciones de la humanidad y las culturas de occidente y oriente.

El ingreso por el nuevo Aeropuerto Internacional de Estambul es ágil. Los colombianos no necesitamos visa para entrar y el proceso de entrega de equipaje es rápido, así que, sin mayores contratiempos, un grupo de 20 colombianos salimos al encuentro del guía Hassan, un turco con un perfecto español que nos acompañará los próximos días.

En el recorrido hacia el centro de la ciudad, Hassan entrega datos. El aeropuerto está a 30 kilómetros. Ankara es la capital de Turquía y el país se divide en siete regiones. Tiene tesoros en cada una, ruinas de grandes imperios, dos maravillas del mundo antiguo y, aunque es laico, tiene mayoría musulmana.

Santa Sofía

Santa Sofía, uno de los monumentos más importantes de Turquía.

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Natalia Noguera

Estambul

El cuerno de oro.

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Natalia Noguera

Estambul

Bazar de las especias.

Foto:

Natalia Noguera

La belleza de la ciudad es irresistible: el mar de Mármara, el menor del mundo, se dibuja a un lado del camino. En medio de las casas construidas sobre la montaña se levantan minaretes. Pasamos por las murallas de Constantinopla, de 26 kilómetros de longitud, y dice Hassan que desde el siglo V hasta el XV su función fue proteger la ciudad. Después de la Muralla China, esta es la más larga del mundo.

En el barrio de Sultanahmet está el Hipódromo romano, el centro de diversión de Constantinopla, originario del año 200 de nuestra era. Caminamos entre monumentos que son una representación de la convergencia de culturas: el obelisco egipcio, construido en Mesopotamia hace 3500 años; la columna de serpientes originaria de Delfos; la columna de Constantino y la fuente alemana.

Desde un minarete, una garganta se abre para el Azan, el canto musulmán que convoca a los fieles para uno de sus cinco rezos diarios. El ambiente se impregna de espiritualidad; mientras los vendedores siguen en sus negocios, las mujeres con hiyab andan por la calle y los extranjeros, ajenos al islam, siguen hacia las atracciones.

Santa Sofía es un monumento de 1500 años. “Es el más importante de Turquía”, dice Hassan y cuenta que su nombre significa “sabiduría divina”. Ha sido un lugar sagrado para los cristianos y luego para los musulmanes. Hoy, dice el guía, solo una parte funciona como mezquita. Durante la época cristiana, los mosaicos con imágenes religiosas cubrieron las paredes. Hoy se ve una yuxtaposición entre los dos.

El Palacio de Topkapi fue el centro administrativo del Imperio otomano hasta mediados del siglo XIX y fue construido por el sultán Mehmet II, responsable final de la caída del Imperio bizantino. Es un lugar hermoso de 700.000 metros cuadrados. Actualmente, se exhiben reliquias del imperio y los turistas pueden conocer la estructura original del palacio. Incluso, es posible imaginar la vida en el harén, el espacio de 15.000 metros cuadrados en donde habitaban las mujeres del sultán protegidas por eunucos. Este era el corazón de la vida íntima del sultán, que orbitaba alrededor de lo femenino.

Después de ver el atardecer en el palacio, exhaustos vamos al hotel.

Estambul

Muestra de los mosaicos católicos dentro de Santa Sofía.

Foto:

Natalia Noguera

Al siguiente día visitamos la iglesia de San Jorge, la principal catedral ortodoxa griega de Estambul. En la actualidad, no hay muchos feligreses en Estambul. La catedral permanece, sin embargo, como un lugar de peregrinación. En silencio, mujeres y hombres prenden velas. Con devoción elevan una oración y salen discretamente.

Después de comer en Ómar, un restaurante de comida típica, salimos hacia el puerto a embarcarnos en un crucero por el Bósforo. Durante una hora y media es claro por qué dicen que Estambul es una de las ciudades más bellas del mundo: casas y mansiones delineadas sobre el mar, construcciones como la torre de la Doncella o lujosos hoteles que han recibido a estrellas de Hollywood, presidentes y líderes del mundo. El barco pasa bajo los puentes colgantes que unen a los dos continentes. Además, ofrece a bordo servicio de bebidas y de comidas.

Antes de irnos, pasamos una jornada en el bazar de las especias. El olor de cúrcuma y curry se confunde con los aromas de hierbas para té. Los pasillos están adornados con telas, tapetes, pashminas. El lugar tiene seis puertas de entrada y fue construido en 1663. Un placer para los sentidos, en donde puede comprarse algún recuerdo y probar los dulces típicos.

Llega la hora de salir hacia Delhi.

NATALIA NOGUERA
*Invitación de Mega Travel

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