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Dejarlo todo para vivir en una ‘van’ por Australia
Viajar en una 'van'

Angélica Ladino junto a su esposo, Beau Mitchell, recorriendo Australia en su ‘van’ ‘Bote’.

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Beau Mitchell y Angélica Ladino

Dejarlo todo para vivir en una ‘van’ por Australia

Angélica Ladino junto a su esposo, Beau Mitchell, recorriendo Australia en su ‘van’ ‘Bote’.

Angélica Ladino es conocida en Australia por su contenido digital sobre la vida de los latinos allá.

Una mininevera que fue escritorio y laboratorio de edición, y una cama que era vestier –acostándose, pues el espacio era tan reducido que no podía ponerse de pie– acompañaron por un poco más de un año a Angélica Ladino y a su esposo, Beau Mitchell, en su viaje por Australia en una casa rodante. Travesía que, para una familia tradicional como la de esta abogada santandereana, fue una locura al estilo de los gitanos pero que para ella se está convirtiendo en su estilo de vida.

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La idea era recorrer en un año, y a bordo de una van, el país de los casi 8 millones de kilómetros cuadrados de extensión; pero hace un mes, cuando –se suponía– completaría su viaje, Angélica anunció que este se prolongaría un año y medio, pues llegaría un nuevo miembro a su familia de más de un millón de integrantes en YouTube, Instagram y Facebook.

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“Compramos una nueva casa, una nueva van y miren, ¡es supergrande! No puedo creer que me pueda parar así, esto es como un apartamento o una mansión”, manifestó la colombiana el pasado 21 de mayo a los 212.000 suscriptores a su canal de video que nació en el 2019 como una exploración vocacional que aun ella ignoraba que existía –de hecho, la monetización de sus redes sociales es una dimensión desconocida para ella– y que hoy es referente de contenido digital de calidad para los migrantes latinos (pues está en español) que quieren buscar mejores oportunidades en Australia o que, como ella, quieren trazar una nueva carta de navegación, dejándolo todo para vivir sobre ruedas.

Regresemos a 2016. Usted acababa de egresar de la facultad de derecho de la Universidad de Los Andes y quiso estudiar inglés, ¿por en Australia y no en un país angloparlante más cercano?

El plan eran solo seis meses y no tenía tanto dinero –mantenerse en el extranjero es bastante costoso– y el hecho de tener la oportunidad de trabajar legalmente, mientras estudias inglés, fue mi razón principal para elegir Australia. Si vas a Estados Unidos o a Canadá, no tienes esa posibilidad que sí tienes en Australia con una visa de estudios. Además, llegué a vivir con una de mis hermanas, quien ya llevaba cuatro años en Australia –ahora, lleva nueve años–, pues fue la misma historia que la mía, ya que estudió medicina y necesitaba hablar inglés para graduarse de su especialización en psiquiatría.

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Usted se inició como pastelera. ¿Cómo fue alejarse de su profesión como abogada?

Pasaban los meses y no conseguía trabajo porque no hablaba inglés y soy muy tímida. Cuando mi hermana consiguió el trabajo como pastelera me pidió que la acompañara porque era desde las 3 a. m. Yo acepté, pues nada me costaba ayudarle a mi hermana, y estaba con ella en la pastelería de 3 a 7 de la mañana y de ahí salía al colegio de inglés. Ella quedó embarazada y dejó el trabajo; su exjefe me dijo que yo podría seguir yendo de voluntaria y acepté, y a la semana y pico me dijo: ‘ya sabes hacer las funciones de este cargo, si quieres, te contrato’. Y así trabajé sola por cuatro años como pastelera y comencé con mis videos para migrantes latinos, en redes sociales.

¿Qué fue lo más complejo de ese primer trabajo?

Las madrugadas dan duro, pero al final el cuerpo se acostumbra a levantarse a las 2:50 a. m., pero algo que da muy duro, emocionalmente, es saber que tienes un título, ver a tus amigos graduándose de maestrías o trabajando en compañías supergigantes y escalando profesionalmente y tú, bajando profesionalmente. Al comienzo es un choque, pero debes aprender que una carrera no te define, que en lo que sea que estés trabajando no determina si eres mejor o peor persona. Este proceso de aceptación fue lo más duro.

Angélica Ladino viajó para estudiar inglés.

Foto:

Beau Mitchell y Angélica Ladino

¿Pero le sería posible trabajar como abogada?

Apenas llegué, lo consideré. No es imposible, pero se puede (conozco personas que lo han logrado), siguiendo un proceso largo y muy costoso, y yo no tengo pasión por el derecho –la verdad, lo estudié porque escribía muy bien y me gustaba la lectura–, pero que me visualizara abogada desde niña, no. La vida en el exterior te da la oportunidad de convertirte en lo que quieras e intentarlo; por ejemplo, un año dedicarte a una cosa y al año a otra, por eso no sentí que debía ser abogada en Australia.

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¿Y creando contenido digital cree que descubrió una vocación periodística?

La descubrí sin pensarlo. Mi hermana decía que yo era muy buena contando historias, pero nunca pensé estudiar periodismo ya que en el momento en el que salí del colegio, la comunicación social se ligaba más al ser presentadora y yo decía: ‘pero si yo ni me peino ni me arreglo, no me imagino teniendo que cumplir estándares’, pero, bueno, uno crece y aprende en el camino que hay otras formas.

¿Cómo dejó lo que había conseguido en Australia para recorrer el país en una ‘van’?

Fue un cambio extremo. Yo trabajaba de pastelera en el día y de mesera en las noches; dejé el trabajo de mesera y mientras seguía como pastelera, hacía videos de YouTube; llevaba cuatro años en ello y mi esposo, quien es superaventurero, ya le había dado la vuelta a Australia hace varios años por seis meses y me dijo que quería repetir la hazaña pero por más tiempo. Me preguntó si me animaba y le dije que me preocupaba el dinero, pues la verdad yo no me imagino sin trabajar por un año. Para mí, eso no tiene cabida. Renuncié a mi trabajo de pastelera una semana antes de empezar a viajar. Lo hice hasta cuando mi jefe me lo permitió porque mi miedo más grande era ver cómo los ahorros bajan y no tener forma de trabajar porque estás viajando. Fui criada bajo el modelo de trabajar y trabajar y tener una semana de vacaciones al año.

La idea inicial era recorrer en un año, y a bordo de una van, el país de los casi 8 millones de kilómetros cuadrados de extensión.

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Beau Mitchell y Angélica Ladino

¿Cómo conoció a su esposo?

Nos conocimos por Instagram; yo llevaba dos años y pico en Australia y un día, en el feed de Instagram me apareció una foto de un atardecer que me pareció muy linda, porque era de la zona en la que yo vivía; fui al perfil de quien publicó esa foto y tenia otras superlindas. Su arroba era ‘Beau’ y yo no tenía idea si era nombre de hombre o de mujer, pero empecé a seguir esa cuenta y le comenté esa foto, escribí ‘qué fotos tan lindas’ y él respondió; así empezamos a hablar un par de semanas. Decidimos conocernos y al poco tiempo empezamos a vivir juntos. A los 11 meses nos casamos y hace un poco más de un mes cumplimos dos años de matrimonio.

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¿Qué dice su familia de su decisión de dejarlo todo y vivir en un carro?

Cuando le conté a mi papi sobre el viaje, él no lo podría creer porque decía que es una vida de gitana y preguntaba de qué iba a vivir. Para todos, enterarse de que iba a dejarlo todo para vivir en una van en un país que no es el mío era una locura.
Les dije que, al contrario, sería para vivir más y tener más experiencias. Si a mí me lo hubiesen propuesto cuando yo estaba en Colombia o estudiando derecho, hubiese dicho eso es muy hippie. Pero, la vida da muchas vueltas.

¿Pero esto es realmente un estilo de vida en Australia?

Sí, es extremadamente normal. Aquí esta la cultura del camping, de la construcción de la propia casa rodante y de llevar un trail detrás del carro. En el viaje hemos visto familias que llevan años viajando, inclusive van con sus hijos y ellos aprenden todo lo del colegio en sus casas, los padres trabajan online y prefieren vivir así. Uno queda asombrado, pero entiende que es un estilo de ver el mundo muy diferente al de nuestros países. De hecho, Australia, está pensado para vivir así. Hay pueblos en donde destinan campos de fútbol para que las personas duerman allí en sus carros; hay baños y cocinas públicas instaladas.

Hay pueblos en donde destinan campos de fútbol para que las personas duerman allí en sus carros; hay baños y cocinas públicas instaladas

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Beau Mitchell y Angélica Ladino

¿Actualmente vive de su canal de YouTube?

Sí. Nuestras fuentes de ingresos son los videos y nos han dado para vivir, ahorrar, conseguir una nueva van y seguir viajando, pues será, en adelante, nuestro trabajo. Mi esposo y yo trabajamos juntos y dividimos ingresos.

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Él es fotógrafo y me ayuda con las grabaciones, pero como yo tenía mi canal antes de conocerlo, yo ya sabía realizarlos; sin embargo, yo de influencers no sé mucho y, por eso, en mis redes sociales no hago publicidad porque no sé cómo funciona y hay que dedicarle tiempo a la búsqueda de patrocinio por las marcas.

Otra cosa que me frena es que todo mi contenido es en español; entonces, es difícil abordar a compañías australianas para garantizarles promoción en español. Claro, hay mucho público latino en Australia, pero al final no es muy atractivo para las marcas.

Ustedes emprendieron su viaje en pleno confinamiento. ¿Cómo ha sido la experiencia?

En marzo del 2020, cuando dieron la orden del confinamiento, estábamos en Colombia visitando a mis papás. Logramos regresar el día antes del cierre de fronteras en Colombia, fue una locura. Cuando llegamos a Australia, ya estaba el covid–19, pero el Gobierno actuó muy rápido, la economía del país es muy fuerte y cada persona puso de su parte para controlar el virus. En mayo todo empezó a volver a la normalidad, por eso pudimos arrancar el viaje y es increíble, porque yo solo he usado tapabocas en una ocasión durante la pandemia. Fue difícil tomar la decisión de compartir el viaje en un momento en el que todo el mundo está encerrado, pero también puede ser un respiro para otras personas, es un rato de relajación y eso me motivó a hacerlo.

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Según sus videos, llevan más de un año viajando y no van ni en la mitad del recorrido.

Exacto y es porque viajamos despacio, ya que trabajamos en el camino, conocemos personas, visitamos a otros migrantes latinos y decidimos que lo prolongaremos un año y medio más y por ello cambiaremos a ‘Pote’, nuestra van. En este momento estamos construyendo nuestra casa en la van nueva. Ha sido valioso descubrir que se puede vivir y ser feliz con poco, pero ya es hora de un upgrade.

¿Por qué ‘Pote’?

Porque cuando la compramos estábamos viendo La Reina del Sur para que mi esposo practicara su español. El guardaespaldas de la protagonista se llamaba ‘Pote’ y era un señor grande, robusto y fuerte, que siempre protegía a la protagonista; entonces nuestra van sería nuestra guardaespaldas, nuestro ‘Pote’.

Y la nueva ‘van’ se llama ‘Botero’

Sí, como el artista colombiano favorito de Beau; además, si se dice corto, ‘Bote’ suena a ‘Pote’.

¿Cómo equiparon a ‘Pote’ y cuánto les costó construirla?

Como íbamos a vivir de ahorros y los gastos durante el viaje eran inciertos, no destinamos mucho dinero para la van; en Facebook vimos la más económica, una Toyota modelo 2006 que era empleada en construcción de pisos y paredes de yeso. Costó 8.500 dólares australianos y venía vacía, solo con la silla delantera. Empezamos a construirla en casa de mis suegros y en tres meses la armamos sin saber nada de construcción. Vimos videos para aprender a cortar un pedazo de madera, para diseñar, hacer el montaje, etc.

La armamos con cama, nevera, espacio de almacenamiento, 45 litros de agua y una cocina a gas que sale por la parte de atrás. Lo costoso fue la parte electrónica, pues maneja paneles solares; la nevera costó 800 dólares australianos; pero el sistema eléctrico, las baterías para que se pudiera cargar mediante los paneles solares, la madera y el colchón fueron alrededor de 3.500 y 4.000 dólares australianos. Nos ahorramos la mano de obra, que es lo más costoso que puede haber en Australia.

¿Cómo son sus itinerarios?

Primero, definimos rutas, ¿a dónde iremos y qué haremos allí? ¿Cuál es el siguiente pueblo? Y revisamos las actividades para hacer en el lugar, sus lugares turísticos y atracciones. O si yo tengo alguna persona colombiana o latina que viva en ese lugar, vamos a conocerla. Manejamos, llegamos siempre antes de que anochezca pero siempre teniendo claro en dónde vamos a dormir, pues aunque vivimos en un carro no podemos parquear en donde sea y, además, debemos ver su hay lugares de estacionamiento gratuitos. Al día siguiente, caminamos por el pueblo, vamos a una playa, conocemos los parques nacionales o lo que sea que haya para conocer. En esta planeación gastamos un día entero. A veces, cocinamos en la van. Y cuando no estamos viajando sino trabajando en el contenido, vamos a cafés, bibliotecas o trabajamos el día entero en la van.

¿Considera lo indispensable para usted?

La ropa, la cámara y el celular. Me di cuenta de que no necesito mucho para vivir. Suena chistoso, pero entramos a casas de amigos y digo: ‘¡Wow! Qué montón de espacio; hay un sofá, un comedor… es una mansión’, porque yo no tengo espejo –el que tengo es el retrovisor del carro, donde me pongo los lentes de contacto– y noté que a veces uno se viste, se arregla o hace cosas por presión, porque ya cuando vives con tan poco y te preocupa más otra cosa, los aspectos superficiales pasan a un segundo plano. Uno lo descubre hasta que lo hace. Yo empaqué en la van más ropa de la que uso. De hecho, yo repito la misma semana las dos únicas camisas y uno descubre el materialismo en que vivimos. Es una terapia de desapego en la que aprendes a usar lo que hay. Mi ropa está en una caja mediana; allá está también el zapato nacional de Australia, la chancla.

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