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Nariño: un tesoro natural por descubrir
Laguna Verde del cráter del volcán Azufral

Laguna Verde del cráter del volcán Azufral (Nariño)

Foto:

Andrés Hurtado García

Nariño: un tesoro natural por descubrir

Un recorrido por este departamento, que integra altiplano, selva, costa Pacífica.

El departamento de Nariño es un tesoro para los amantes de la belleza. Reúne en su territorio todos los reclamos que los amantes de la vida al aire libre ansían visitar.

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Yo nací en el Quindío y fui trasplantado a los diez años a las tierras del sur. Llevaba en mis ojos y en mi alma el paisaje cafetero hoy consagrado como patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco, y me encontré con el encanto del minifundio y de los inmensos sembrados de trigo que, al impulso del viento, semejan un mar de tonos verdes y, en época de cosecha, de amarillos candeales.

Siempre lo he dicho: el paisaje nariñense marcó mi adolescencia. La Federación de Municipalidades de la Exprovincia de Obando, que se encuentra al sur del departamento, reúne los municipios de Ipiales, Guachucal, Cumbal, Sapuyes, Pupiales, Gualmatán e Iles.

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Esta región ofrece, para mí, el paisaje campestre más bello de Colombia y se trata del minifundio, pequeñas parcelas sembradas con papa, haba y cereales, y enmarcadas con cercas arboladas. En compañía de Ricardo Orbes recorro religiosamente cada año los caminos que nos llevan por todas las veredas, y nos detenemos en todos los rincones para hacer fotos memorables.

Cuadrículas del minifundio (Nariño)

Foto:

Andrés Hurtado García

Nariño es tierra de volcanes: Chiles, Cumbal, Azufral y Galeras, en el sur del departamento, y en el noreste la cadena del complejo volcánico de Doña Juana-Cascabel y los volcanes Petacas y Las Ánimas. Todos los he subido. El Chiles marca frontera con Ecuador. Al Cumbal suben todavía los indígenas de la zona y bajan en las cabalgaduras, envueltos en frailejones, enormes cubos de hielo que arrancan a las entrañas del volcán. En las plazas de Cumbal, Aldana y Guachucal raspan el hielo, le añaden azúcar y anilina y así venden los deliciosos “cholados”. El volcán Azufral, el más bajo de todos, situado en los términos de Túquerres y que se puede visitar en un día, alberga en el cráter una laguna de intenso color verde esmeralda y convierte así al volcán en el más bello cráter del país.

Detrás del Azufral se levanta el cerro llamado Gualcalá o Dedo de Dios, enorme roca que parece horadar el cielo. Varias navidades las he pasado en el cráter del Azufral. Allí he plantado mi carpa nómada y en la tersura del cielo he visto los cielos más espectaculares tachonados de estrellas.

Lástima que ahora no se permita acampar allí debido a que no han faltado los campistas que no han respetado el entorno y han dejado basuras. Wilfredo Garzón, el conocido atleta de carreras de montaña, y el guía de montaña Andrés Morales me han acompañado en estas acampadas. Cerca de la Cruz, en el oriente del departamento y en términos del volcán Doña Juana, se encuentra la espectacular cascada de La Tajumbina.

Una carretera lleva al borde del cráter del volcán Galeras, a cuyos pies, en el valle de Atriz, se encuentra la ciudad de Pasto (capital del departamento), célebre por sus bellas y numerosas iglesias.

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El Galeras tiene dos cráteres, el externo, al que llega la carretera. Allí se asoman los visitantes y ven el cono que se yergue a cien metros y es el cráter interno, del que sale la nube de vapores. He dado la vuelta completa al cráter interno y he dormido en el vallecito que separa los dos cráteres.

Estas aventuras forman parte de mis volcánicas pasiones, porque he dormido en los cráteres del Azufral, del Cumbal, del Puracé, del Quindío y del Ruiz, muchos años antes de su erupción. Un paseo infaltable para pastusos y visitantes es dar la vuelta completa al Galeras.

Poblado de El Encano (La Cocha, Nariño)

Foto:

Andrés Hurtado García

Se desciende así de tierra fría y se pasa por pueblos de tierra caliente en los que se cultivan la caña de azúcar y el café, bellos pueblos como Consacá, Sandoná y Yacuanquer.

Cerca de Consacá se encuentran el sitio de la batalla de Bomboná y la piedra desde la cual Bolívar dirigió la batalla, considerada la más sangrienta de la independencia americana. Sandoná se enorgullece de su iglesia construida en piedra y de estilo gótico florido al estilo de las grandes catedrales europeas.

Nada le falta a Nariño

Hace cinco años, The Telegraph, el prestigioso periódico londinense, promovió un concurso entre sus lectores para elegir los templos religiosos más bellos del mundo. Y el hermoso santuario de Las Lajas ocupó el primer lugar.

Por su impresionante ubicación en un abismo por cuyo fondo discurre el río Guáitara ha sido llamado “el milagro de Dios sobre el abismo”; hasta allí llegan fieles de Colombia, del Ecuador y ahora, tras la publicación del diario londinense, lo visitan muchos devotos europeos.

Santuario de Las Lajas (Nariño)

Foto:

Andrés Hurtado García

El departamento de Nariño tiene tres realidades telúricas: selva, altiplano y costa Pacífica. En el oriente se asoma a la Amazonia y conecta con Putumayo en el Nudo de los Pastos, donde se encuentra la laguna de La Cocha. Allí, a mis once años conocí el mar, fue mi primer mar.

Esta laguna es de impresionante belleza y alberga una isla, La Corota, que es un santuario de flora y fauna. Un bello pueblo, cuyas casas parecen un barrio suizo trasplantado al trópico y llamado El Encano, es un paraíso para los turistas y fotógrafos y es el embarcadero para la laguna.

La parte central del departamento es el altiplano en el que se encuentran las principales ciudades y la zona agrícola, productora de papa.

Al pie del volcán Cumbal se encuentra la laguna del mismo nombre, completamente rodeada de montañas. Su aislamiento de las multitudes hace que su navegación sea un placer reservado para los amantes de la soledad y de la contemplación silenciosa de los escenarios naturales.

Cerca de Túquerres se encuentran dos pueblos que se enorgullecen de sus monumentales iglesias: Iles y Guaitarilla. Este pueblo, ubicado en el fondo de un valle de intenso verdor, posee un tapiz bellísimo de cuadrículas propias del minifundio.
La carretera entre Pasto e Ipiales avanza primero por el altiplano, luego desciende y durante un gran trecho discurre al borde de un abismo por el que fluye el río Guáitara.

En este punto, una altísima cascada llamada La Humeadora cruza la carretera. Esta parte del trayecto se debe transitar a baja velocidad por seguridad y también para gozar de los inmensos paisajes que se abren a la izquierda del otro lado del abismo del río.

Laguna de La Cocha (Nariño).

Foto:

Andrés Hurtado García

La otra realidad del departamento de Nariño es la costa Pacífica. Sus inmensas playas y manglares son un auténtico paraíso para los amantes del mar y de sus esteros.
Cerca de Tumaco se encuentra la isla del Gallo, en la que Francisco Pizarro puso a prueba la lealtad y la valentía de los españoles que lo acompañaron a la conquista del Perú. La historia los llamó “los trece de la fama”.

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Una playa que en bajamar se llena de preciosas lagunitas une a los poblados costeros de Mulatos y Vigía. Los habitantes de Mulatos y Almarales son diferentes a todos los del Pacífico: son rubios y se dicen descendientes de navegantes vascos que naufragaron en esa costa antes de la llegada de Cristóbal Colón. Los llaman “culimochos”.

Valga decir que los mejores chistes del país los inventan los mismos nariñenses y que su Carnaval de Blancos y Negros, que se celebra cada enero, es una de las más genuinas manifestaciones folclóricas del país. Visitar Nariño, gozar de su música y comer cuy: he aquí un inolvidable programa.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA
Para EL TIEMPO

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