El toque latino a bordo del Caribbean Princess

El toque latino a bordo del Caribbean Princess

La naviera tiene ahora una renovada oferta, que incluye gastronomía de primera y entretenimiento. 

Crucero Princess

El Caribbean Princess tiene capacidad para 3.140 huéspedes y fue renovado en mayo de este año.

Foto:

María Camila González

Por: María Camila González*
05 de septiembre 2019 , 03:02 p.m.

Tenía que acercarme al borde de la silla para que mis pies alcanzaran a posarse en el filo del balcón y sintieran el viento húmedo del océano Atlántico en mis primeras horas a bordo del Caribbean Princess, justo antes de salir del puerto de Fort Lauderdale (Estados Unidos).

El barco de la naviera Princess Cruises nos llevaría por el Caribe occidental y nos mostraría cuatro lugares para mí desconocidos: Islas Caimán, Roatán (Honduras), Ciudad de Belice y Cozumel (México). Era mi primera vez en un crucero.

La entrada fue rápida. No hicimos filas y nos entregaron a cada pasajero algo que nos haría más fácil la vida dentro del barco: el medallion princess, un pequeño dispositivo, del tamaño de una moneda, con el que se pueden hacer compras sin sacar la tarjeta de crédito y se puede tener acceso a varios lugares del barco, como la habitación.

Crucero Princess

Piscinas a borde del crucero

Foto:

María Camila González

En esa primera noche y al día siguiente no íbamos a tocar tierra, hasta llegar a las Islas Caimán, nuestra primera parada. Eso sí, el tiempo se quedaba corto para probar las decenas de actividades que tenía el crucero. Había de todo: tres piscinas, jacuzzis, casino, zona de juegos para niños, canchas de baloncesto y voleibol, mesas de ping-pong y hasta cine bajo las estrellas.

Quedarse en el balcón de la habitación o en cualquier otro punto del barco también era una opción para disfrutar de la vista al mar o de los grandes peces que, con suerte, nos encontraríamos. “Hola, habla el capitán. En este momento, al lado occidental del barco, estamos viendo a unos delfines rosados. Los invitamos a acercarse a ver”, se escuchó en inglés en los parlantes del barco mientras desayunábamos en nuestra segunda mañana a bordo.

Los más de 2.500 huéspedes del crucero seríamos los primeros en probar una cuidadosa selección de shows en vivo que, para el caso de los latinos, serían una excusa para transportarse a casa

La mayoría de las personas que visitan los barcos de Princess Cruises por el Caribe son estadounidenses, nos dice una de las representantes de la agencia de viajes que maneja cruceros en América Latina. Sin embargo, cuenta, la naviera está dándole un “sabor latino” al barco.

Los más de 2.500 huéspedes del crucero seríamos los primeros en probar una cuidadosa selección de shows en vivo, excursiones en español, cata de cócteles y de platos que, para el caso de los latinos, serían una excusa para transportarse a casa por unos instantes. Arroz con leche, cóctel caribeño de camarones, postres de chocolate con cacao mexicano, fuente de camarones al ajillo y sopa helada de piña colada con infusión de ron fueron las opciones con las que nos topamos en la carta del restaurante en el que cenamos la mayoría de días.

Crucero Princess

La gastronomía fue una de las mejores partes del viaje. 

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María Camila González

Crucero Princess

Cata de comida a bordo del crucero

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María Camila González

Tenemos una política de cero desperdicio. Tratamos de optimizar lo que más se puede. Usamos la información de lo que consumen nuestros huéspedes para no equivocarnos en las porciones, por ejemplo

Para lograr esa variada oferta gastronómica en sus seis restaurantes –entre formales e informales–, el Caribbean Princess necesita tres toneladas de pollo, carne de res, cerdo y pescado; 5.000 huevos al día, 400 kilos de chocolate y 270 cocineros trabajando 24 horas, y así esta oferta culinaria variada es de los mayores placeres a bordo.

Uno de los chefs a cargo de la comida del crucero, Gustavo Schneider, nos dice que el trabajo en las cocinas es colosal y que, aun así, una de sus labores es que no se desperdicie tanta comida. “Tenemos una política de cero desperdicio. Tratamos de optimizar lo que más se puede. Usamos la información de lo que consumen nuestros huéspedes para no equivocarnos en las porciones, por ejemplo”, nos cuenta Schneider mientras nos enseña el funcionamiento de una de las cocinas del barco. “Somos de las pocas navieras que tienen una cocina por restaurante”, agrega.

En tierra
Islas Caimán

Así lucía las playas de Islas Caimán, nuestra primera parada. 

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María Camila González

Después de un día y medio sin tocar tierra, llegamos a Islas Caimán, un pequeño territorio de al menos 62.000 habitantes, siete veces menos que el número de personas que viven en la localidad de Usaquén, en Bogotá.

La arena era fina y el mar, casi transparente. Mientras nos zambullíamos en la orilla, se veían llegar y zarpar pequeñas lanchas que transportaban a turistas a otros sitios

En el puerto en el que nos dejó el barco cogimos un bus que nos llevó hacia una de las playas cercanas más visitadas de Islas Caimán, un territorio que todavía es jurisdicción de Reino Unido y es, también, famoso por ser el centro bancario más grande del mundo, nos contaba el conductor, que también hacía el papel de guía turístico.

La arena era fina y el mar, casi transparente. Mientras nos zambullíamos en la orilla, se veían llegar y zarpar pequeñas lanchas que transportaban a turistas a otros sitios para bucear y hacer esnórquel, otros planes por los que es conocida la isla.

Roatan Honduras

Roatan Honduras

Foto:

María Camila González Olarte

Mientras nos alistamos en la habitación, vemos por el balcón a un oxidado barco medio hundido en el mar. Vemos al lado un puerto de un color amarillo predominante, se ve ordenado. Llegamos a Roatán (Honduras), nuestra segunda parada.
Cuando nos bajamos del barco en el puerto, pintado con varios tonos pastel, nos recibieron con agua saborizada natural. Podíamos llegar a la playa que escogieron para nosotros de dos formas: caminando o a través de una telesilla, en la que se podía ver desde arriba los atractivos de esa parte del Caribe. El lugar parecía estar hecho solo para turistas. Y sí, nos contaron que varias navieras adecuaron esa playa para la llegada de los viajeros, el corazón de la economía de esa zona.

Estaban agradecidos. Mientras el barco se alejaba de Roatán, los huéspedes se agolparon en sus balcones para despedirse de los que por unas seis horas fueron sus anfitriones. “Bye. Thank you. We’ll be back”, se escuchaba mientras las personas de la isla se hacían pequeñas y ya no era posible reconocer sus rostros, pero sí sus manos diciendo adiós.

Mucho por hacer
Crucero Princess

Shows en vivo, inspirados en Broadway.

Foto:

María Camila González

Crucero Princess

En el barco había proyecciones de películas y conciertos en vivo. 

Foto:

María Camila González

Crucero Princess

Cata de cócteles latinos, con la compañía del experto gastronómico,  Bill Esparza. 

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María Camila González

Cada día nos llegaba un folleto con las actividades que había en el barco. Una especie de concurso de canto a bordo llamado Voice of the Ocean, conciertos en vivo proyectados en una pantalla que se veía desde una de las piscinas, bingo, spa, sesiones de relajación, golf y hasta espectáculos tipo Broadway eran parte del repertorio.

El día que llegamos a la Ciudad de Belice, varios se quedaron en el barco a disfrutar de los planes a bordo, otros se bajaron a conocer el pequeño puerto y a hacer turismo de naturaleza.

Era el penúltimo día en el barco, la nostalgia propia del fin de unas buenas vacaciones nos invadía a los viajeros de altamar.

Acá vivimos muy agradecidos por los turistas, porque son quizá la forma para mantener nuestras tradiciones e historia vivas

Mientras nos acercábamos a México, leíamos la carta que nos dejaron en la habitación en la que nos contaban acerca de la excursión que tendríamos en español en Tulum, una novedad para un crucero que es mayoritariamente visitado por personas que hablan inglés. 

Ruinas maya

Ruinas Mayas en Tulum, en México. 

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María Camila González

Llegamos a Cozumel y un ferri nos estaba esperando para llevarnos a Playa del Carmen, desde donde nos llevarían en un bus a Tulum para visitar las ruinas mayas. “Acá vivimos muy agradecidos por los turistas, porque son quizá la forma para mantener nuestras tradiciones e historia vivas”, decía el guía mientras nos transportaban a las ruinas.

El sargazo, el alga que se está multiplicando en varias playas del Caribe, no nos dejó nadar en el mar que es vecino de las ruinas, pero sí estuvimos más de una hora conociendo más de la historia de los mayas, famosos por su conocimiento de la astronomía, las matemáticas, la arquitectura y la agricultura.

Nos quedaba un día en el barco antes de llegar a Fort Lauderdale de regreso y, como lo anticipó el eslogan, sabíamos que volveríamos como “nuevas”.

Si usted va

Debe tener en cuenta que el crucero sale y llega a Fort Lauderdale, Florida (Estados Unidos), por lo que debe tener visa americana. El representante de la naviera Princess Cruises en Colombia es Crusalia.

Si desea reservar o hacer averiguaciones, puede contactar a la agencia por medio de los teléfonos: en PBX a 4399740, en celular a 30023302010, y en WhatsApp a 3124172240. También puede visitar la página www.crucerosprincess.com


María Camila González Olarte
@CamilaGolarte
marola@eltiempo

*Por invitación de Crusalia

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