‘No es un juego’: contador que perdió una mano

‘No es un juego’: contador que perdió una mano

Carlos Mario Correa cuenta cómo le ha cambiado la vida luego de un accidente con pólvora.

Quemados con pólvora

Tras la explosión, a Carlos Mario tuvieron que practicarle más de 40 cirugías.

Foto:

Óscar Berrocal / Archivo EL TIEMPO

17 de diciembre 2017 , 11:00 p.m.

A sus 50 años de edad, Carlos Mario Correa ya no disfruta los diciembres como solía hacerlo hace una década. Este contador público perdió totalmente la mano izquierda y buena parte de la derecha cuando manipulaba pólvora.

Esa tarde, justo cuando empezaban las novenas navideñas de 2007, Carlos Mario estaba celebrando con unos amigos la posibilidad de que su equipo de fútbol lograra una estrella.

“Estábamos celebrando la final entre Atlético Nacional y La Equidad, al que le ganamos de visitante. Estábamos felices, y en el negocio donde pasábamos el rato muchos consumían alcohol”, cuenta.

Por el festejo, en el local preparaban una chicharronada, algo que se acostumbra para estas fechas, según dice Carlos. Sin embargo, uno de los asistentes, en estado de alicoramiento, llegó con una bolsa llena de pólvora y la dejó cerca del fuego. Entonces, para evitar una tragedia, el contador tomó el paquete con el objetivo de ponerlo en un lugar más seguro.

“De inmediato se me explotó en las manos”, recuerda el hombre, a quien tuvieron que practicarle más de 40 cirugías.

“Luego de eso perdí totalmente la mano izquierda, y a la derecha tuvieron que cogerle 200 puntos a ver si pegaba. Y pegó, pero solo quedé con movilidad en el dedo pequeño. Con eso puedo agarrar el celular y el lapicero”, explica Correa.

Después de eso, este antioqueño entendió que su vida debía continuar, aunque no iba a ser nada fácil. Al cabo de un tiempo decidió abrir su propia firma de contadores, con la que hoy les da trabajo a 15 familias.

Emprendedor, esposo y padre de una niña de 11 años, Carlos Mario asegura que sus empleados y allegados pueden contar con él “para lo que necesiten”. Sin embargo, no niega que estas fechas de fin de año le dan duro, porque le recuerdan el dolor y la angustia que vivió con la pólvora, por la imprudencia de un hombre ebrio. “La pólvora no es un juego”, señala Carlos enfáticamente. “Es bonita cuando la manejan especialistas, pero yo sufro con eso, y sufren también los perros y los pajaritos. Mi caso no es el único, hay muchos quemados por esto”, concluye.

EL TIEMPO
* Concepto y redacción editorial: Unidad de Contenidos Especiales de EL TIEMPO. Con el patrocinio del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

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