Solosexuales: el placer del ‘yo con yo’ / Sexo con Esther

Solosexuales: el placer del ‘yo con yo’ / Sexo con Esther

Hay quienes le sacan gusto al aquello, pero son negados a compartirlo con otra persona.

Sexualidad femenina

Hay quienes disfrutan solos su sexualidad y esa condición les incrementa el placer.

Foto:

123RF

Por: Esther Balac
25 de agosto 2018 , 11:05 p.m.

Frente a las preferencias sexuales he dicho siempre que si responden a gustos voluntarios y conscientes de cada quien no se pueden clasificar en buenas y malas. Mejor dicho, la gente vive su sexualidad como le parezca, y frente a eso no hay discusión.

En ese contexto, vale la pena reconocer que hay quienes le sacan gusto al aquello, pero que son negados a compartirlo con otra persona. Es decir que lo disfrutan solos y esa condición les incrementa el placer. Se llaman solosexuales y, bajo la premisa de que son señalados como bichos raros, se promocionan por la red, cuentan con organizaciones y hasta tienen su propio símbolo: el de la masculinidad, pero con la flecha hacia dentro del círculo.

Como es de esperar, el asunto tiene como base la autosatisfacción, “el yo con yo”, que hoy cabalga de mayor forma gracias a la facilidad de acceso a la pornografía que permite conseguir excitación y satisfacción sin necesidad de establecer vínculos emocionales y sin tener que esforzarse para dar placer a alguien.

Y por supuesto que esto se adoba con la negativa a dar explicaciones sobre gustos o a deslizarse por la aventura de conocer un cuerpo nuevo o de dejarse sorprender por una fantasía erótica en común. Nada, solo se quieren ellos. No sobra decir que este colectivo de solitarios sexuales está integrado por hombres y mujeres en los que caben todas las orientaciones que –como es natural– son fieles a estas tendencias, pero sin requerir de nadie para efectos del catre.

Pues respeto mucho todo este asunto e insisto: lo único que me parece un poco traído de los pelos es llevarlo al extremo y permear de soledad otras funciones de la vida. En otras palabras, que esta especie de egoísmo en la cama se lleve al resto de la cotidianidad, con el riesgo de caer en el aislamiento. Y eso, me disculparán, sí raya en lo antisocial.

Pero, en fin, allá ellos. De mi parte pienso que nada mejor que las buenas encamadas compartidas.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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