Tuberculosis, una amenaza permanente

Tuberculosis, una amenaza permanente

Las bacterias que la causan se vuelven resistentes a los medicamentos.

Tuberculosis

La tuberculosis tiene cura. Los pacientes deben ser muy estrictos con el tratamiento.

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123rf

Por: Purificación León
21 de marzo 2018 , 09:50 p.m.

“La tuberculosis es una de las diez principales causas de mortalidad en el mundo”, destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de una enfermedad infecciosa causada por el Mycobacterium tuberculosis, bacteria que afecta, sobre todo, a los pulmones.

En el 2016, 10,4 millones de personas enfermaron de tuberculosis y 1,7 millones murieron por esta enfermedad (entre ellos, 0,4 millones de personas con VIH).

Esta enfermedad se contagia a través del aire. “Cuando un enfermo de tuberculosis pulmonar tose, estornuda o escupe, expulsa bacilos tuberculosos al aire. Basta con que una persona inhale unos pocos para quedar infectada”, señala la OMS y calcula que una cuarta parte de la población mundial tiene tuberculosis latente, término que se aplica a quienes han sido infectados pero todavía no han enfermado.

“Las personas infectadas con el bacilo tuberculoso tienen un riesgo de entre un 5 y un 15 por ciento de enfermar de tuberculosis a lo largo de la vida.
En cambio, las personas inmunodeprimidas, por ejemplo las que padecen VIH, desnutrición o diabetes, y los consumidores de tabaco, corren un riesgo mucho mayor de enfermar”, aclara la entidad.

Los especialistas de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) indican que la tuberculosis produce la muerte a la mitad de los que no se tratan. No obstante, esta enfermedad tiene cura y se puede prevenir (ver recuadro).

Del mismo modo, afirman que el riesgo de contagio disminuye de forma notable desde el inicio del tratamiento y se considera que un enfermo deja de contagiar dos o tres semanas de estar en tratamiento. Tratar este tipo de tuberculosis es más difícil, pues requiere más tiempo y es necesario recurrir a los denominados fármacos de segunda línea, que son más agresivos.

Joan Caylá, jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, explica que la tuberculosis resistente supone una complicación para los pacientes “porque la pauta de tratamiento se alargará y el riesgo de efectos secundarios también aumentará. Para las personas que conviven con estas personas, el riesgo es contagiarse con una forma de tuberculosis muy complicada”.

El experto señala que la pauta de tratamiento para las personas con tuberculosis resistente “varía según el patrón de resistencias y los fármacos disponibles en cada país. Algunos de ellos son muy caros y, lamentablemente, en muchos países no están disponibles”.

Caylá detalla que, en ocasiones, se produce tuberculosis resistente a los fármacos cuando las bacterias “ya no son sensibles a uno o más medicamentos de los que se usan para tratar esta vieja enfermedad”.

Puede haber varios grados de resistencias. En este sentido, aclara que la tuberculosis multirresistente implica que los dos fármacos antituberculosos principales (rifampicina e isoniacida) no son activos. En cambio, se habla de tuberculosis extensamente resistente cuando, además de ser multirresistente, hay resistencias a quinolinas y a un fármaco inyectable de segunda línea.

Asimismo afirma que las causas de la tuberculosis resistente pueden depender del sistema sanitario y de los pacientes. El epidemiólogo manifiesta que se deben prescribir siempre las pautas de tratamiento estándar en los casos iniciales de tuberculosis en los que no se sospechen resistencias. Para prevenir la tuberculosis resistente, Caylá destaca la importancia de prescribir pautas de tratamiento correctas y de asegurarse de su cumplimiento.

“En determinados pacientes en los que se sospeche probabilidad de abandono del tratamiento como indigentes, toxicómanos o personas con problemas psiquiátricos, es útil dar el tratamiento de forma directamente observada (el personal sanitario observa cada mañana cómo el paciente toma el tratamiento), lo que puede hacerse en centros especializados o en el domicilio del paciente”, apunta.
También es prioritario estudiar los contactos de estas personas para ver si se han contagiado y ofrecerles el tratamiento adecuado.

¿Cómo funciona y cómo evitarla?

La OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos explican cómo funciona esta enfermedad y cómo prevenirla.

Los síntomas comunes son tos productiva (a veces con sangre en el esputo), dolores torácicos, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudores nocturnos.

La tuberculosis tiene cura y se puede prevenir.

Se contagia a través del aire.

El enfermo debe cubrirse la boca para toser y estornudar, de ser posible con un pañuelo de papel y desecharlo después de su uso.

Los primeros días el paciente no debe compartir habitación, tiene que ventilarla a menudo y no permanecer en espacios públicos cerrados.

Deben recibir tratamiento y terminar todos sus medicamentos de manera exacta.
Si dejan de tomarlos antes de lo previsto, puede volver a enfermar.


Es importante garantizar el acceso al diagnóstico y al tratamiento a estos pacientes.

Desafío a la salud pública

La tuberculosis resistente supone un desafío para la salud pública mundial. En algunos países empobrecidos y con frecuencia muy castigados por el VIH, la incidencia de estas tuberculosis y su letalidad son impresionantes. Para los programas de tuberculosis de las zonas más afectadas, como África del Sur o Europa del Este, entre otras, es una prioridad a veces frustrante por la incapacidad de los sistemas de salud para controlar estos problemas.

La OMS señala que dado “el creciente nivel de globalización, la intensificación de las migraciones transnacionales y el turismo en todo el mundo, ningún país está a salvo de sufrir un brote de tuberculosis multirresistente”.

En Colombia se ha venido controlando

Según el Ministerio de Salud, para el año 2014 se reportaron al Sistema de Vigilancia en Salud Pública 12.720 casos de esta enfermedad, aunque se presume que al menos 3.000 personas con la enfermedad todavía no han sido diagnosticadas. Entre 1990 y el 2012 disminuyó en más del 40 por ciento la mortalidad, pasando de 3,67 casos por cada 100.000 habitantes a 1,91 casos. Eso, en otras palabras, representó salvar aproximadamente 135.000 vidas en el país.

PURIFICACIÓN LEÓN
EFE REPORTAJES@SaludET

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