Revise sus manías en el catre / Sexo con Esther

Revise sus manías en el catre / Sexo con Esther

Hay prácticas inofensivas que en algunos casos les ponen sal a los polvos y que merecen tolerancia.

Sexo

Sobre la cama se pueden asomar costumbres o actitudes que se marcan como mañas.

Foto:

123RF

14 de julio 2018 , 10:00 p.m.

Si en la vida diaria todas las personas tienen sus particularidades para hacer las cosas –a tal punto que algunas se convierten en rasgos de personalidad, como el lado de la cama en el que se duerme, la forma de sentarse en el trabajo o hasta el estilo de llevar el pelo–, esto se puede proyectar también en la cama.

En otras palabras, sobre el catre también se pueden asomar costumbres o actitudes que se marcan como mañas. Basta con ver que hay personas que rechazan algunas posiciones y se inclinan por solo una o dos. Lo mismo pasa con los rituales del antes, el durante y el después, que pueden llegar a convertirse en improntas.

Los gringos, que todo lo cuentan y lo miden, se han dado a la tarea de recoger las manías más comunes que hombres y mujeres despliegan de manera inconsciente durante el polvo y que, al conocerlas, lo más seguro es que ustedes se vean reflejados en al menos una de ellas.

Por ejemplo, empiezan por describir la proclividad de los señores a dar nalgadas a su pareja, sobre todo cuando se ejerce la posición del perrito (no se rían, así lo describen ellos). Y la de las mujeres a hacerlo con la luz apagada por inseguridad con sus cuerpos. Y, de paso, su tendencia a gemir como posesas durante la faena.

Y qué tal la maña aquella, cuestionada por nosotras, en virtud de la cual los señores nos agarran los hombros supuestamente para alcanzar mayor profundidad, algo que va de la mano con eso de querernos arrancar el cabello para acompasar sus movimientos.

También están las cosas inocuas y hasta divertidas, como la risa que sale de la nada y se mantiene sin ton ni son, o la que pide que le hablen sucio en la oreja, sin descontar el lloriqueo que algunas despliegan al terminar y que no se sabe si es de alegría o tristeza.

Aclaro que son manías, no aberraciones o parafilias. De lo que se trata es de relatar tontadas que adoban el sexo y que incluyen cosas como la de los señores que necesitan música para funcionar, lo que contrasta con las que no la permiten porque las distrae.

Por supuesto que también engordan esta lista los que besan los pies, pellizcan la espalda, hacen cosquillas o solo lo hacen bajo las sábanas; el que sale corriendo a bañarse al terminar y los que se voltean a roncar inmediatamente después de un orgasmo.

Insisto, son prácticas inofensivas que en algunos casos les ponen sal a los polvos y que, más que criticarlas, merecen tolerancia. Todo en razón a que de una u otra forma nadie se libra de alguna de ellas.

En mi caso, por ejemplo, no puedo evitar pedir que me rasquen la espalda después de un final con todas las de la ley. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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