¿Por qué saltamos tanto cuando celebramos un gol?

¿Por qué saltamos tanto cuando celebramos un gol?

Brincos y gritos acompañan la celebración, pero poco se conoce de lo que ocurre en el cuerpo.

Celebración de Millonarios

Hinchas de Millonarios celebran a rabiar la estrella 15 conseguida el domingo pasado contra Santa Fe.

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

20 de diciembre 2017 , 09:51 p.m.

Al mirar un grupo de amigos, todos hinchas de Millonarios que brincaban y gritaban a rabiar cuando Henry Rojas le metió ese soberbio gol al Santa Fe en la final del campeonato de fútbol colombiano, una pregunta me asaltó: ¿dónde se domicilian la alegría y la felicidad en el cuerpo?

Para empezar, el neurólogo Gustavo Castro dice que este es un proceso complejo pero muy organizado que ha resultado de miles de años de evolución del hombre y que no se encuentra localizado en un solo lugar, sino que en las manifestaciones de alegría y felicidad participan distintas estructuras cerebrales y muchas sustancias llamadas neurotransmisores, que terminan por impactar en todo el organismo.

Hace algún tiempo, señala Castro, la corteza prefrontal se asoció con las emociones alegres y con lo que llamamos felicidad. Sin embargo, poco a poco se fue descubriendo que en ellas también participa el hipocampo, que le recuerda al cerebro qué cosas son gratas y merecedoras de exaltación.

También se halló, dice el neurólogo, que en esta tarea la corteza cerebral occipital encargada de la visión juega un papel muy importante, “porque desde que las imágenes estimulantes –como la del zapatazo de Rojas– empiezan a llegar allí, estas neuronas se encargan de dotarlas de una interpretación tan positiva que rápidamente se envían al área de las emociones, para que inicien la fiesta en el cerebro”.

El psiquiatra Rodrigo Córdoba dice que, para que la dicha sea expresada, necesita de un estímulo positivo como el del gol; pero también puede darse todas las veces que se recuerde dicho momento. Claro, no tan efusivamente y con tanto brinco como la primera vez, pero siempre será una fuente de alegría, añade Córdoba.

Por su lado, la psicóloga Sandra Herrera insiste en que si bien las conexiones entre la corteza prefrontal, la amígdala y el hipocampo, la región occipital y las áreas sensitivas y motoras tienen que estar lo suficientemente aceitadas y funcionales, la presencia de neurotransmisores (moléculas que llevan información entre dos neuronas como un mensaje rápido) es necesaria para que se manifieste la dicha.Aquí hay una sustancia muy importante y es la dopamina, que desde siempre ha estado asociada con todos los mensajes de placer entre las neuronas.

Son momentos

Castro insiste en que el júbilo, la emoción y la alegría por lo general son manifestaciones cerebrales momentáneas que tienden a calmarse después de pasado el estímulo. Pero cuando se mantienen por mucho tiempo configuran los llamados estados de ánimo, que es necesario modular, para que no resulten incómodos.

Pero como no estamos hablando de estados de ánimo, sino de una exaltación ante el resultado de un partido, un equipo de la Universidad de Kioto, liderado por Wataru Sato, encontró que estas emociones y satisfacciones también cruzan por un área del cerebro llamada precuneus –ubicada en el lóbulo parietal hacia el centro del cerebro– que se activa cuando un estímulo logra que la persona sea consciente de que se está feliz.

Hasta aquí se entiende que por la acción de estas zonas la gente pueda experimentar alegría, pero eso no es suficiente para justificar por qué los hinchas se mueven agitadamente para celebrar un gol.

Para explicar esto, vale la pena retomar una investigación del Instituto Douglas de Montreal, publicado en la revista Molecular Psiquiatry, en la que se encontró que el núcleo caudado (una pequeña zona en el centro del cerebro) juega un papel de primer orden en la iniciación de los movimientos voluntarios y el manoteo, cuando recibe información de que se han activado las zonas de recompensa. En otras palabras, cuando la dopamina llega a las zonas que producen la felicidad, el núcleo caudado se encarga de ordenarles a las áreas que mueven el cuerpo en la parte anterior de la corteza cerebral, para que empiecen a hacerlo.

Aquí Castro dice que los movimientos son agitados, como producto del estímulo que reciben las neuronas que mueven el cuerpo. Y si bien son agitados, el individuo los puede controlar. “Lo que ocurre es que son muy espontáneos”.

Cerebro irreflexivo

Pero a pesar de estas explicaciones, recuerdo a los amigos y no me quedan claras sus reacciones casi irracionales, viendo a Millonarios campeón.

Para eso Castro vuelve otra vez a la anatomía del cerebro y dice que el núcleo accumbens, también en el centro del mismo, es responsable de la risa y la euforia en los momentos del gol y del triunfo final. “El núcleo accumbens consigue lo que podría llamarse el combustible para que las sensaciones placenteras, recibidas a través de la corteza cerebral, hagan que se inunden las zonas del cerebro de dopamina que logra que dichas áreas, dependiendo de su función, se manifiesten de manera automática en los escasos ocho segundos que dura la molécula actuando, lo cual puede verse en un salto espontáneo, en un manoteo, en un grito, en un abrazo, o incluso en la pronunciación de una mala palabra”, afirma.

Sobra decir, de acuerdo con la psicóloga Herrera, que estas áreas forman el sistema de recompensa, que en conjunto logran que la persona se sienta muy bien y de ahí que la dopamina sea considerada la hormona de los sentimientos, la solidaridad y el compañerismo. “Por eso en los momentos de euforia, la gente se siente más amiga del que tiene cerca, al punto que los abrazos son generales e indiscriminados”, remata Herrera.

Pero Córdoba aclara que estas emociones pueden cambiar la percepción de la realidad social:

“Cuando estamos contentos, felices o tenemos un estado de plenitud emocional que nos hace reír o brincar, las neuronas generan un estado neuroquímico que puede llegar a ser nocivo a corto plazo, al punto que nos hacemos muy tolerantes conductualmente, que discutimos menos y disminuimos nuestro juicio analítico”.

Lo anterior porque, según Gustavo Castro, ante la dopamina, las neuronas cambian sus patrones de frecuencia eléctrica que el cerebro interpreta como conductas positivas. En otras palabras, la dopamina inhibe algunas neuronas y sobreactiva otros sitios.

Esto quiere decir que en un partido de fútbol este neurotransmisor cumple una función dual. En palabras de Castro, por un lado activa regiones del sistema límbico, la amígdala cerebral y el hipocampo, lo que genera una emoción sublime, eufórica e irreflexiva, pero a la vez inhibe a la corteza prefrontal, con lo que el cerebro se queda sin frenos, se hace ilógico, impulsivo y ve como normal que la gente se agite y brinque desesperadamente, mientras grita goooool, hasta desgarrar la garganta.

Al fin con esto pude entender a mis amigos que actuaban como locos, frente a un televisor el domingo pasado. Con lo que concluyo que actuaban literalmente como si estuvieran bajo el efecto de una poderosa droga, que en este caso era bien lícita.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO
Twitter: @SaludET

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