La historia de un adicto al trabajo que terminó infartado en México

La historia de un adicto al trabajo que terminó infartado en México

El arquitecto colombiano Jorge Hernández sintió los síntomas, y aún así, decidió volar a Bogotá. 

Jorge

Esta foto se la tomó Jorge Hernández en Ciudad de México, un día antes de sufrir el infarto.

Foto:

Archivo particular

Por: JORGE HERNÁNDEZ*
07 de septiembre 2018 , 06:22 p.m.

Tomar decisiones ha sido y será siempre un factor de riesgo bastante difícil de asimilar, pues implica consecuencias que al final pueden salir bien, como también pueden salir mal.

Soy Jorge Hernández, casado, con dos hijos, adicto al trabajo por más de 30 años. Actualmente soy profesor de emprendimiento y dirijo el Centro de Innovación de la Universidad de los Andes. Hace un poco más de tres meses enfrenté un infarto agudo en el miocardio que cambió mi vida.

Durante 55 años he gozado de buena salud. Pero hace aproximadamente un año, en un control con un médico otorrino, debido a una sinusitis, me prescribió varios exámenes de rutina. Y el colesterol y los triglicéridos salieron por fuera de lo normal.

Al notar la poca importancia que yo le daba a mi salud –porque trabajaba 13 horas al día– me explicó que yo me ubicaba en ese grupo de pacientes que, por su decisión de no reaccionar ante la alerta, tienen una alta probabilidad de sufrir un infarto durante el siguiente año. No le puse atención y seguí con mi vida normal.

Y la profecía se cumplió.

El pasado 27 de mayo tenía regreso a Colombia desde Ciudad de México. Ese día fui temprano a caminar por el paseo de la Reforma. Ya había visitado el santuario de la Virgen de Guadalupe. Soy creyente, católico y mariano.

Sobre las 10 de la mañana, a unas 8 cuadras del hotel, tomé un descanso para hidratarme y comer algo suave. Mientras me tomaba el agua, empecé a sudar frío y sentí un malestar en la boca del estómago. Pensé que era una indigestión y que lo mejor era ir al hotel. Empecé a caminar y no me daba el aire.

Mientras tanto, un ardor inusual, que jamás había sentido, apareció en mi pecho. Los músculos de la espalda se endurecieron y finalmente mi brazo derecho se durmió.

El dolor aumentaba y no pasaba y cada vez menos parecía una indigestión. El ‘doctor Google’ confirmó lo impensable: “está teniendo un infarto, llame a una ambulancia y vaya al hospital, el riesgo de morir es mayor cada minuto que pasa”.

Estar infartado en México solo desencadenaba una serie de problemas adicionales a mi familia y mi objetivo era protegerlos, fue lo único que pensé. Morir o vivir eran las únicas opciones. El tema era dónde: vivo o muerto en México o vivo o muerto en Colombia.

Jorge5

A la izquierda, Jorge, antes del infarto. Y a la derecha, hoy, con 14 kilos menos de peso.

Foto:

Archivo particular

Ante la crisis nunca se sabe cómo vamos a reaccionar, la adrenalina hierve. Tomé la decisión menos lógica y menos responsable. Con un infarto en progreso decidí volar a Colombia, como estaba programado, con el objetivo de llegar a Bogotá. Vivo o muerto. No le dije nada a nadie.

Con un infarto en progreso decidí volar a Colombia, como estaba programado, con el objetivo de llegar a Bogotá. Vivo o muerto. No le dije nada a nadie

Tenía que actuar y no mostrar dolor para lograr viajar sin que nadie se enterara, pues corría el riesgo de que no me dejaran subir al avión. Agarré mi escapulario y con mucha fe le pedí a la Virgen: “Por favor, permíteme llegar a Colombia”.

A las 3 de la tarde estaba sentado en el avión, aunque el vuelo tenía dos horas de retraso. La primera etapa estaba cumplida. Cada minuto era un regalo de Dios.
¿Qué podía pasarme en el avión? Esa era la incertidumbre. Pero a mitad de un vuelo de cuatro horas sucedió lo inexplicable: el dolor disminuyó, respire mejor y el brazo recuperó la movilidad. ¿Cuál era la razón? No importaba.

Hacia las 10 de la noche aterrizamos y al bajar del avión comprendí que llevaba 12 horas en esta situación. Y no era lógico que los síntomas ya no estuvieran presentes, por lo que dudé del infarto y pensé más bien en un virus. Tomé otra decisión ilógica: me fui a mi casa y solo le dije a mi esposa que venía con malestar de gripa.

Sobre la 1 de la mañana el infarto reapareció con más fuerza, y sin más excusas finalmente llegué a donde debía ir desde el inicio: el hospital.

Había sufrido un infarto agudo al miocardio con dos arterias coronarias obstruidas, una al 100 por ciento y la otra, al 75. Una intervención con dos stents me tienen vivo.

Había sufrido un infarto agudo al miocardio con dos arterias coronarias obstruidas, una al 100 por ciento y la otra, al 75. Una intervención con dos stents me tienen vivo

El cardiólogo me explicó que, por mis decisiones, con un infarto de más de 20 horas, existían unos factores colaterales que afectaban significativamente el buen funcionamiento del corazón.

El riesgo era que al no irrigar sangre con oxígeno, los músculos del corazón se morían y el corazón pierde capacidad de funcionar. Había que realizar un ecocardiograma para verificar el estado final del corazón.

Aceptar mi nueva condición con probabilidad de tener un corazón con menos capacidad era inminente, y con tranquilidad lo acepté, esperando el resultado del examen para planificar lo que debería ser mi nueva vida.

El resultado llegó y contra todo pronóstico lógico el corazón estaba en perfecto estado y su condición es normal, con alta posibilidad de recuperarlo al 100 por ciento en un año. Un milagro, dice la mayoría.

Estoy convencido de varias cosas. El amor por mi familia, buscar su protección, el sentido de supervivencia y creer sin dudar en Dios y en la virgencita fueron mis aliados más importantes para lograr el milagro de la vida.

Me han preguntado si volvería a tomar la misma decisión. La verdad, no lo sé. La segunda oportunidad que me dio Dios no creo que se vuelva a repetir. Lo que sí recomiendo es que la mejor decisión es prevenir el infarto con hábitos saludables de vida, atendiendo las recomendaciones de los médicos y cuidando la salud por encima de todo. Algo que yo no hice por ser un adicto al trabajo.

He bajado 14 kilos de peso, hago ejercicio según indicaciones del cardiólogo y por fin aprendí a comer saludable. Y comprendí que el estrés y la obsesión por el trabajo, y mis malos hábitos de vida, fueron los que me llevaron a pasar esta experiencia tan dura de la que salí vivo gracias a la suerte y a la fe.

¿Qué hacer en caso de infarto?

Luis Moya, presidente de la Liga Colombiana contra el Infarto y la Hipertensión, aclara que cuando una persona presenta síntomas de un infarto debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias. Mientras tanto, puede tomar una aspirina de 100 o 300 mg , que sirve para que las plaquetas no produzcan trombos y no se taponen las arterias.

En el caso de Jorge Hernández, indica que él debió haber avisado a la tripulación lo que le pasaba. En los aviones tienen medicamentos y otros instrumentos que pudieron haberlo ayudado. Estando fuera del país, también es vital acudir a urgencias. Por eso es fundamental viajar con un seguro de asistencia médica internacional.

JORGE HERNÁNDEZ
PARA EL TIEMPO@emprenovation

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