El increíble poder de la compasión y de pensar en los demás

El increíble poder de la compasión y de pensar en los demás

Entre sus beneficios están la mejora del sistema inmunológico y las actitudes más positivas.

Amigos reales o virtuales, solo si cumplen con estos cuatro requisitos

Una actitud bondadosa, de amor y de respeto hacia los otros tiene un efecto positivo en los demás, además de beneficios emocionales y psicológicos para
uno mismo.

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123RF

29 de septiembre 2018 , 10:20 p.m.

La práctica de cultivar la compasión está siendo incorporada en una gran cantidad de terapias y programas médicos y psicológicos en todo el mundo. De hecho, cada vez son más los estudios científicos que demuestran sus beneficios en la salud física y mental, como la mejora de la función del sistema inmune y la regulación emocional.

A continuación se resuelven algunos interrogantes sobre lo que es y no es, y cómo ponerla en práctica.

¿Es la compasión sinónimo de sentir pena por alguien?

No, aunque en Occidente asociamos la compasión con compadecerse o apiadarse por el sufrimiento de otra persona, lo que genera rechazo al llevar implícito una sensación de superioridad del que tiene dicho sentimiento sobre el que sufre.

Entonces, ¿qué es la compasión?

Es mantener una actitud bondadosa, de amor y respeto hacia los demás y hacia uno mismo. Dicha actitud consta de la capacidad de reconocer lo que siente otra persona, ser sensible a su experiencia (empatía), junto con la intención de aliviar el sufrimiento ajeno y procurar bienestar (altruismo).

¿Cómo se puede empezar a practicarla?

Cualquier acción o gesto de amabilidad, bondad y ternura hacia otra persona es en sí mismo una forma de cultivar la compasión. Saludar con amabilidad al empleado de un almacén, ceder el paso u ofrecer el asiento en el transporte público, dar las gracias cuando recibimos un gesto de atención. Estas acciones sencillas no solo generan un efecto positivo en la experiencia y la conducta del otro, sino que producen un sentimiento de bienestar en uno mismo.

¿Qué efecto tiene la práctica de la compasión en el cerebro?

Hace que las personas activen vías neuronales que, con la práctica, se van asociando y ‘aprenden’ a descargarse juntas. Al conectarse unas a otras repetidamente se van construyendo redes neuronales en el cerebro que favorecen los automatismos, que son aprendizajes que dan lugar a acciones que reproducimos inconscientemente. Cuanto más nos entrenamos en la compasión, más disponible tenemos esta actitud, con nosotros y con las personas que nos rodean.

¿Y cultivarla cambia nuestra manera de actuar?

Sí. Según sea la emoción que cultivemos, así será nuestra respuesta hacia nuestro entorno. Si cultivamos el miedo, responderemos con temor a ciertos estímulos. Si cultivamos la rabia, responderemos con hostilidad. Si cultivamos la compasión, responderemos con bondad.

¿Se puede practicar la compasión hacia uno mismo?

Sí, es muy importante que la persona la dirija hacia sí misma. Cuando vivimos momentos de malestar, es habitual verse arrastrado por la propia mente hacia un estado de ‘rumiación’ de pensamientos negativos hacia uno mismo. Con la práctica de la compasión, el primer paso es acallar esos pensamientos autocríticos como ‘eres incapaz’, ‘todo lo haces mal’, o de autoexigencia como ‘no me puedo equivocar’ o ‘tengo que ser el mejor en todo’.

En esos momentos es crucial tratarnos con amor, amabilidad y respeto, manteniendo una actitud comprensiva hacia nuestro propio sufrimiento. Permitirnos descansar, pedir ayuda, reestructurar nuestros objetivos y aceptar nuestros límites son actos de compasión hacia nosotros mismos que reportan bienestar, físico y emocional.

¿Y no sería eso una actitud autoindulgente que impide el desarrollo?

No necesariamente, aunque en ocasiones el trato amable hacia uno mismo puede provocar inseguridad por desconfiar de que podamos desarrollarnos y crecer sin esa figura del severo crítico interno. Sin embargo, Kristin Neff, pionera en el estudio y práctica de la autocompasión en Occidente, dice que es una forma de motivación superior: por un lado evita generarnos tensión y estrés, lo que produce más bloqueo e ineficiencia, y, por otro, nos permite sentirnos seguros y confiados, lo que favorece la acción y la actitud de exploración. En Occidente también podemos considerar que tratarnos con amabilidad es una actitud egoísta. Pero no se trata de no pensar en los demás, sino de que al hacerlo, nos tengamos en cuenta a nosotros mismo.

De hecho, mantener una actitud respetuosa y comprensiva hacia nosotros permite establecer una relación más objetiva con lo que vivimos y nos ayuda a aceptar nuestra realidad. Y desde la propia aceptación podremos evolucionar como sintamos que es más oportuno según nuestras circunstancias. Como decía el psicólogo estadounidense Carl Rogers: “La paradoja de la vida es que cuando me acepto como soy, entonces puedo cambiar”.

¿Es la práctica de la compasión lo mismo que el ‘mindfulness’?

No, aunque ambas son prácticas de meditación, no son lo mismo. La práctica de la atención plena o ‘mindfulness’ consiste en la capacidad de dirigir la atención y ser consciente de lo que ocurre en el momento presente, de mantener la conciencia en el aquí y ahora y vivirlo con plenitud y aceptación, sin juzgar. Sin embargo, cuando practicamos la compasión estamos cultivando deliberadamente un estado emocional de bondad, empatía y generosidad.

MANUEL PAZ
Médico y psicoterapeuta
Europa Press - Madrid
En Twitter: @europapress

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