Pene de acero / Sexo con Esther

Pene de acero / Sexo con Esther

En Japón se celebra un festival en el que miles salen a las calles a adorar el todopoderoso miembro.

Sexo con animales podría producir cáncer de pene

El festival Kanamara Matsuri es una buena puesta en escena contra la mojigatería y el falso pudor que campean por estos lados del planeta.

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Archivo EL TIEMPO / 123rf

Por: Esther Balac
23 de marzo 2019 , 10:00 p.m.

Resulta que un demonio que tenía los dientes muy afilados se enamoró de una joven, a la que cortejó sin éxito, porque ella había decidido mantenerse virgen hasta su matrimonio.

Un día, el ganoso demonio se enteró de que la esquiva mujer estaba comprometida, por lo que se infiltró en su casa, se introdujo en ella y esperó a que se casara. Cuando en la noche de bodas el marido se acostó por primera vez con la doncella, el demonio, desde la vagina, le propinó tal mordisco que le cercenó el pene y, de paso, lo dejó fuera de combate.

En esas condiciones, dicha señora volvió a contraer matrimonio, pero se repitió el infortunado desenlace. Preocupada acudió a un herrero, quien tuvo la idea de utilizar un pene de hierro. Al introducirlo en la mujer, el demonio mordió el aparato y tuvo que rendirse porque se le cayeron los dientes. Y como ocurre en todos los cuentos, el herrero se casó con la joven.

Aunque no se sabe si dicho pene intacto sirvió para que este par vivieran felices, lo cierto es que dicha leyenda dio pie para que Japón honrara el asta masculina dedicándole un día del año. Se trata del Kanamara Matsuri, más conocido como el festival del pene de acero, que se celebra todos los años en marzo y en el que miles de personas salen a las calles a adorar el todopoderoso miembro y con eso agradecerle por la fertilidad y pedirle prosperidad.

Es una fiesta en la que el centro por un día es un falo gigante, cargado por hombres de 42 años (la edad ideal para fecundar, dicen los nipones) sobre el que orbitan penes de todos los tamaños, colores y materiales. Ahora, más allá de ser una celebración machista, sin duda, es una buena puesta en escena contra la mojigatería y el falso pudor que campean por estos lados del planeta. Y si de paso sirve para visibilizar los riesgos del sexo sin protección, como es uno de sus objetivos, pues arriba el pene.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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