Así fueron los primeros pasos en la rehabilitación de parapléjicos

Así fueron los primeros pasos en la rehabilitación de parapléjicos

Tres personas lograron caminar gracias a la estimulación eléctrica e intensos ejercicios físicos.

Jered Chinnock

Jered Chinnock se quedó parapléjico a raíz de un accidente de motonieve que dañó su médula espinal en la mitad de la espalda en el 2013.

Foto:

Mayo Clinic

24 de septiembre 2018 , 10:36 p.m.

Encontrar la forma para que el sistema nervioso central pueda adaptarse y recuperar ciertas funciones motoras tras lesiones graves ha sido una de las mayores preocupaciones de la ciencia médica.

En ese campo de investigación, la estimulación eléctrica parece abrirse camino en la dirección correcta, pues estudios con parapléjicos voluntarios habían mostrado capacidad para darles movimiento en caderas, tobillos o dedos de los pies, pero no de andar.

Ayer, dos investigaciones –una publicada en la mañana en Nature Medicine, a cargo de médicos de la Clínica Mayo, y otra en la tarde, en New England Journal of Medicine (NEJM), de especialistas de la Universidad de Louisville– dieron a conocer los primeros pasos, literalmente, en ese sentido, pues revelaron que tres personas pudieron caminar gracias a electrodos implantados a nivel de su médula espinal.

En realidad, tras varios años de rehabilitación, ninguno de los tres había recuperado el movimiento en las extremidades inferiores. Y por separado, producto de las dos investigaciones, pudieron hacerlo.

A estos pacientes se les implantaron estimuladores eléctricos en la médula espinal, justo por debajo del sitio de la lesión. Estos implantes tienen la particularidad de manejarse desde el exterior, con el objeto de enviar estímulos eléctricos que viajan desde la médula a través de los nervios y producen contracciones musculares.

Después, los pacientes fueron sometidos por separado a un riguroso e intensivo programa de rehabilitación integral, al mismo tiempo que los electrodos implantados estimulaban los músculos.

Lo que observaron es que, en un período que varió entre las 15 y las 85 semanas, los tres pacientes recuperaron la capacidad para mover las piernas e, incluso, dar pasos de manera autónoma replicando la marcha, lo cual nunca se había logrado.

En primera instancia, los pasos se dieron sobre una banda, a una velocidad específica, que ayudaba a regularizar ritmos, y luego estas personas fueron capaces de caminar, ya sobre el suelo, apoyadas en un caminador y con alguna asistencia.

No sobra decir que al apagarse los estimuladores perdieron la capacidad para mover las piernas y que esta tecnología, según Kendall Lee, uno de los investigadores de la Clínica Mayo, no permite regenerar nervios. Pero, al parecer, “se ha logrado que la médula espinal sea capaz de conducir la información del cerebro para recuperar un control voluntario de las piernas”, dice.

Caminó 102 metros

Jered Chinnock, un joven que en el 2013 se quedó parapléjico en un accidente de motonieve por daño en la médula espinal, fue uno de los voluntarios. Su caso apareció en Nature Medicine.

Jered, tratado en la Clínica Mayo, tenía una lesión completa de la médula espinal a nivel lumbar, lo que le impedía el movimiento de las piernas de manera completa, además de no tener sensibilidad de ningún tipo, ni control de los esfínteres y funciones sexuales.

En este estudio, que comenzó en el 2016, Jered tuvo sesiones combinadas de estimulación eléctrica y ejercicios físicos durante 43 semanas. Al cabo de solo dos semanas podía levantarse y dar unos cuantos pasos sostenido por un arnés.

Durante 113 sesiones de entrenamiento, repartidas en un año, los científicos ajustaron los ejercicios para ofrecer la mayor independencia al paciente. Así, el joven parapléjico, hoy de 29 años, logró caminar sin arnés, apoyándose en un andador o aferrándose a unas barras sobre una cinta rodante. En total, en un año, logró recorrer 102 metros, el equivalente a la longitud de un campo de fútbol.

En este caso hay que aclarar que el paciente no recuperó la sensibilidad, por lo que necesita ver las piernas reflejadas en un espejo para moverlas correctamente, un hecho muy significativo, según Lee.

Y si bien dice que “el mecanismo preciso que hizo esto posible sigue siendo un misterio”, hay evidencia de que “el sistema nervioso central puede adaptarse tras una lesión grave y que con intervenciones como la estimulación peridural se pueden recuperar ciertas funciones motoras”, complementa la doctora Kristin Zhao.

Jered Chinnock

Jered consiguió dar 331 pasos en un tiempo total de 16 minutos.

Foto:

Mayo Clinic

En el caso de la investigación publicada en NEJM, una de las pacientes tratadas tenía 22 años cuando se le aplicó el implante, y, después de seguir un tratamiento por tres meses y medio, fue capaz de dar pasos con ayuda de un caminador o dos bastones. La otra persona del mismo estudio, que tenía 34 años al inicio del tratamiento, pudo caminar con apoyo después de casi 20 meses de rehabilitación.

Un buen avance

Hay que aclarar, no obstante, que estos resultados son solo investigaciones y que a pesar de los éxitos obtenidos durante los estudios, los pacientes siguen llevando a cabo su vida diaria en silla de ruedas.

Mariana Tovar, especialista en Medicina Física y Rehabilitación, afirma que estos son buenos avances, que ponen de manifiesto que la rehabilitación intensiva, con la ayuda de la tecnología, permite aprovechar los elementos residuales que deja una lesión tan severa como la de la médula espinal y la capacidad plástica del sistema nervioso, para recuperar funciones. “Es claro que aquí falta mucha investigación, pero por lo observado, es un gran paso sobre todo en los pacientes con lesiones parciales”, dice la especialista.

“Hay que continuar la investigación en este ámbito para entender mejor a quién puede beneficiar este tipo de intervención”, apuntó en ese sentido la doctora Zhao.

Para entender estos pasos

Aunque es un avance significativo, lo cierto es que estos pasos tienen una lógica basada en principios generales de la rehabilitación neurológica que parten de saber que el sistema nervioso tiene una plasticidad que se aprovecha y que los estímulos repetitivos permiten moldear estructuras y recuperar funciones. Para entender estas investigaciones, vale la pena seguir esta secuencia:

  • La médula espinal forma parte del sistema nervioso central y transporta información en doble sentido, entre el cerebro y la periferia.
  • A través de ella va la información del movimiento desde el cerebro hasta los músculos y recibe todos los estímulos sensitivos desde afuera para llevarlos al cerebro.
  • Cuando se corta o se secciona por cualquier causa, desde el sitio de la lesión para abajo se pierde la sensibilidad y el movimiento de manera completa o parcial, de acuerdo con la lesión.
  • Cuando la lesión es completa, se pierde el movimiento voluntario y los músculos quedan como en automático, sin control. De igual forma, se elimina la sensibilidad desde el nivel de la lesión para abajo y la capacidad para controlar esfínteres y modular algunas funciones sexuales.
  • La médula sigue conectada a los músculos a través de nervios; sin embargo, por ahí dejan de transitar órdenes conscientes.
  • Al implantar un electrodo que estimule eléctricamente por debajo del sitio de la lesión, estos estímulos se transmiten desde la médula a través de los nervios y llegan a los músculos produciéndoles contracción (proporcionan la base del movimiento).
  • Si el estímulo se mantiene de manera repetida y los músculos se contraen, a través de un proceso de rehabilitación intenso, las personas sienten que sus músculos se mueven y aprender que dicho movimiento es útil para alguna función.
  • Si este proceso de aprendizaje se hace constante y permanente, a través de la vista la persona aprende a ubicar con cada estímulo sus músculos en diferente posición.
  • Si la rehabilitación es dirigida con rigor y mantenida en el tiempo, se logra que los músculos reciban información del estimulador y no de la médula, por lo que se mantienen en forma y mejoran su condición de respuesta.
  • En el caso de la persona con lesión completa, como no hay sensibilidad que retroalimente este proceso, requiere de otros sentidos como la vista y un apoyo para saber ubicar las piernas y mantener el equilibrio. En lesiones parciales, esto sería más fácil y la persona reeduca su equilibrio, recibe el estímulo y percibe que los pies tocan el piso, con lo cuál el control es mejor.
  • Aquí no solo funciona el estimulador. Se requiere de un proceso completo de rehabilitación. Esto no se logra de un día para otro.
  • Aquí se recupera el movimiento, no la sensibilidad, tampoco el control de los esfínteres.

Fuente: Unidad de Rehabilitación, Hospital Universitario San Ignacio.

Ronny Suárez y Carlos F. Fernández
EL TIEMPO@SaludET

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