'No se necesita estar loco para ir al psiquiatra'

'No se necesita estar loco para ir al psiquiatra'

En Colombia, para el año 2015 se atendieron 36.584 casos de depresión.

No es de locos

#NoEsDeLocos es una campaña de El Tiempo Casa Editorial que pretende ayudar a desestigmatizar las enfermedades mentales.

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Rodrigo Sepúlveda

Por: #NoEsDeLocos
10 de octubre 2018 , 10:56 a.m.

Pablo dudó durante dieciocho meses antes de tomar la decisión de asistir a consulta y para el momento en que nos conocimos, eran ya cuatro los colegas a quienes había visitado buscando una respuesta para los síntomas que lo aquejaban.

Un médico general, dos cardiólogos y un neurólogo agotaron todas las posibilidades diagnósticas en busca de un mal funcionamiento físico que explicara su cuadro: dolor opresivo en el pecho, sensación de “muerte inminente”, dolor intenso abdominal y visión borrosa, todos presentes de forma episódica, de corta duración y de gran intensidad que, además, durante la siguiente semana, lo dejaban con un miedo intenso sin causa aparente y un agotador insomnio.

El resultado siempre el mismo: Pablo no tenía nada “en el cuerpo”.

El neurólogo, último especialista en revisar su caso antes que yo, recomendó basado en sus conocimientos generales que era el momento de buscar la opinión de un psiquiatra. Pablo entró en el más angustioso momento de su vida, descrito así por él mismo, ante la posibilidad de que su malestar fuera producto de “estar loco”.

Quizás el primer cuarto del tiempo de nuestra entrevista en la primera consulta, me insistió con particular fervor en que era un hombre cuerdo, que nunca había tenido vicios más allá del licor social, que era trabajador y honrado y que nunca había pensado en matar a nadie, quería que yo tuviera claro que él no estaba “demente”.

doctor, habría preferido que me descubrieran un cáncer y no una enfermedad de la mente

Una vez superado el periodo del miedo y después de conocer mejor su historia, pude llegar a la conclusión clínica de que Pablo padecía un trastorno de ansiedad, en este momento, lanzó una frase que desde entonces me ha acompañado en mi ejercicio diario: “doctor, habría preferido que me descubrieran un cáncer y no una enfermedad de la mente”.

Las enfermedades mentales aún son infortunadamente entendidas en la cotidianidad como una afección separada del cuerpo, una “debilidad” susceptible de ser corregida con un mero esfuerzo de la voluntad, “ponga de su parte y piense positivo”.

Se desconoce más allá de los ámbitos profesionales especializados, la naturaleza biológica, psicológica y social de su origen y cómo estos múltiples factores interactúan para su aparición.

A grandes rasgos, podemos decir que dentro de las enfermedades mentales encontramos algunos grupos, con el perdón del rigor nosológico -Parte de la medicina que tiene por objeto describir, diferenciar y clasificar las enfermedades-: las que afectan el estado del ánimo (donde podemos encontrar la ansiedad, la depresión y el trastorno bipolar) y el grupo de la psicosis (pérdida del contacto con la realidad) en donde la esquizofrenia es su mayor exponente.

Hay un terreno de entrecruzamiento, por supuesto, y luego podríamos también mencionar todas las condiciones desadaptativas relacionadas con el consumo de sustancias psicoactivas, la personalidad, la alimentación y todas aquellas explicadas por alguna condición médica de base. Todas las anteriores con una constelación infinita de síntomas y con un factor común fundamental: el sufrimiento.

Pablo encontró luego de meses de seguimiento, que su principal temor era el estigma alrededor de las enfermedades mentales, que aquellos que van al psiquiatra “están locos” y eso es vergonzoso, que de las emociones alteradas es mejor no hablar porque para eso hay otras formas y ni pensar en la posibilidad de un medicamento, porque eso “lo vuelve a uno dependiente y más chiflado”. Era mejor un diagnóstico de una enfermedad catastrófica como el cáncer, algo físico, algo medible, algo entendible.

Con la ayuda de un antidepresivo, que también sirve para tratar la ansiedad y de un acompañamiento psicoterapéutico, al cabo de dos meses había retomado sus ocupaciones, dormía mejor y había podido volver a salir de viaje con sus hijos y su esposa. Después de un año de tratamiento, pudo suspender, de forma gradual, su medicación y solo asistía a controles cada tres meses. Había recuperado su vida.

El caso de Pablo es solo uno de los miles que se presentan en nuestro país y en el mundo.

Según la última Encuesta Nacional de Salud Mental, en Colombia para el año 2015 se atendieron 36.584 casos de depresión, ejemplo que traigo al ser la enfermedad mental más prevalente, pero se estima que solo una de cada tres personas que padecen la enfermedad logran acceder a un tratamiento integral.

El desconocimiento general y los prejuicios, sumados al estigma y al a veces precario funcionamiento del sistema de salud, están haciendo que perdamos la oportunidad de tratar estas condiciones médicas y evitemos un seguro deterioro físico y funcional de quien las padece.

¿Qué podemos hacer?¿Cuál es la ruta a seguir?

En primer lugar, debemos saber que existen las enfermedades mentales y que todos estamos en riesgo de padecerlas, debemos perder el miedo a hablar de ellas ya que podemos acceder a conocer con profundidad aquello a lo que podemos ponerle nombre.

Buscar ayuda profesional, lejos de hacernos débiles, nos pone en el camino de la adquisición de una fortaleza invaluable, la de saber acerca de nosotros mismos y la de aprender a cuidarnos.

Si alguien cercano es quien sufre, no estamos quizás en la obligación de brindarle una ayuda efectiva inmediata, pero una escucha genuina y sin juzgamientos es reparadora y permite, a quien lo necesite, acercarse de forma más libre a un profesional en salud mental.

Todos los servicios de salud del país, públicos o privados, tienen redes de instituciones y profesionales capacitados para atender no solo servicios ambulatorios en salud mental, sino también, urgencias psiquiátricas de forma directa o a través de las líneas de emergencia.

Estamos en un momento de nuestra historia donde fortalecer la salud mental, debería ser una prioridad de todos. Las puertas están abiertas y la ayuda disponible y, como dijo Pablo en una de sus últimas visitas, “no se necesita estar loco para ir al psiquiatra”.

Milton Murillo
Médico Psiquiatra. U.R.

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