Iatrofobia: el enfermizo miedo al médico y al diagnóstico

Iatrofobia: el enfermizo miedo al médico y al diagnóstico

El temor a lo relacionado con la salud es un trastorno que cae en el terreno de las fobias.

Miedo al médico

El miedo al odontólogo (y a sus herramientas de trabajo) entra en la iatrofobia.

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123RF

31 de julio 2018 , 10:22 p.m.

Todos, con las honrosas excepciones, acuden al médico. Incluso, de manera frecuente, al punto de que la relación con todos los profesionales que confirman los equipos de salud es una condición inherente al bienestar individual y colectivo.

Aunque nadie duda de los beneficios de esta relación, Sandra Herrera, psicóloga clínica de la Universidad de Salamanca, advierte que algunas personas sufren un trastorno llamado iatrofobia: miedo irracional y persistente hacia los médicos y, en general, hacia los profesionales que se relacionan con estos espacios: enfermeras, terapeutas y odontólogos, entre otros.

El temor puede ser tal que incluso –según Marcela Alzate, expresidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría– puede extenderse a fármacos, tratamientos y consultorios.

De acuerdo con la experta, algunas personas que padecen el trastorno excusan su rechazo con argumentos como la falta de tiempo o porque creen que lo que les pasa es pasajero. O simplemente porque dicen no creer en lo que hacen los médicos. Sin embargo, insiste, esta condición debe ser tomada en serio y tratarse sin demora.

En palabras del psiquiatra Alexie Vallejo, director científico de la Clínica de la Paz, este trastorno es el miedo incontrolado, anormal, persistente e injustificado a los médicos, que trae como consecuencia la no asistencia a consultas y revisiones por lo que pueden aparecer problemas de salud que no se han detectado a tiempo o que avanzaron por falta de tratamiento.

Este temor, refiere Vallejo, puede estar asociado con experiencias negativas en consultas, hospitalizaciones o tratamientos anteriores. También con situaciones traumáticas en la infancia: visitas al médico, contagio de enfermedades o resultados negativos inesperados con exámenes y análisis.

Pero también influye –agrega la psicóloga Herrera– el tipo de medicina que se ejerce hoy, marcada por la rapidez, la indiferencia y lo superficial. “Esto puede llevar a que se cometan muchos errores y maltratos, que terminan por darles argumentos a los miedosos”, añade.

Más en hombres

Lydia Feito, magíster en neuropsicología cognitiva y neurología conductual de la Universidad Complutense de Madrid, ha analizado el tema: “Hay miedo a ser examinado físicamente; al centro hospitalario, que se percibe como hostil; a investigaciones y pruebas médicas, al tratamiento, al estigma o discriminación que pueda suscitar la enfermedad; a ser presionado, a cambiar el estilo de vida, a parecer débil o a no tener el control de la vida. Y a las consecuencias que pueda tener en la pareja o la vida laboral”, expone Feito.

También –añade–, “miedo a la disfunción sexual después del tratamiento; a situaciones embarazosas o vergonzosas como, por ejemplo, verse sometido a pruebas clínicas relacionadas con la próstata o el recto o a situaciones relativas a la higiene”.

Lo que dicen los estudios, según esta docente, es que el temor se da con mayor frecuencia en varones de mediana edad. “Curiosamente, es una etapa donde aumenta el riesgo de que aparezcan enfermedades como la diabetes o los infartos”, dice.

Estos temores también están conectados a determinados estilos o hábitos de vida. Según diversos estudios, es más frecuente en fumadores, bebedores, sedentarios o glotones. Además, hay personas que “retrasan un diagnóstico porque tienen alguna confianza en la naturaleza, la providencia o el destino; o la negación del problema como mecanismo de defensa”, expone la profesora de bioética.

En el fondo, según la española Lydia Feito, hay angustia ante la incertidumbre. “Es la angustia ante lo desconocido, ante lo incontrolado, y por la necesidad de saber qué tengo, pero al mismo tiempo saber qué me va a ocurrir y si tendré un cierto control sobre ello”, añade. “Al miedo al diagnóstico o tratamiento hay que añadir el miedo al pronóstico; el paciente se pregunta cómo podrá superarlo. Es un miedo a los procesos curativos que puedan ser dolorosos, traumáticos, agotadores, tediosos...”, sigue la experta.

El pronóstico abre otras preguntas: “¿Qué me va a ocurrir?”. Y abre otra expectativa que lleva a la aprensión: “¿Qué puedo esperar? ¿Cambios en la vida, secuelas, limitaciones?”.

Ganas de salir corriendo

Cada vez que una persona afectada por iatrofobia se enfrenta a un médico o a un ambiente hospitalario, puede presentar una serie de síntomas que en palabras del experto Vallejo son similares a los que aparecen ante cualquier miedo; entre ellas, una ansiedad que puede ser extrema.

Además, sudoración excesiva, mareos, náuseas, sequedad en la boca, falta de aire al respirar, temblores, palpitaciones, dificultad para pensar, sensación de nerviosismo, sensación de irrealidad, miedo a perder el control y ganas de salir corriendo. Estos síntomas pueden aparecer en conjunto, o solo algunos de ellos, con una severidad que depende de la gravedad del trastorno.

Urge tratarla

Como toda fobia, que por su naturaleza se integra con el miedo, el tratamiento de la iatrofobia puede ser un proceso muy lento y difícil de abordar –dice la psiquiatra Marcela Alzate– “porque en cada persona se presenta de forma diferente y muchas de ellas tienden a rechazar todo lo que tenga que ver con un médico o alguna figura que se le asemeje”.

Para manejarla es indispensable que el afectado acepte la intervención de manera voluntaria. Vallejo explica que, en la actualidad, la iatrofobia puede ser manejada con diferentes tipos de métodos, orientados a controlar la ansiedad e intervenciones psicoterapéuticas para que se modifique la forma de pensar y para que acepte que los médicos están para mejorar la calidad de vida de las personas.

Se pueden hacer intervenciones usando herramientas de realidad virtual, para complementar las terapias sociológicas y desensibilizar progresivamente a los afectados de los estímulos provocados por sus reacciones.

En casos extremos, dice Vallejo, se requiere el uso de fármacos específicos, bajo el estricto control del médico. Sin embargo, lo fundamental es que “la persona con iatrofobia reconozca que la padece, que no racionalice su rechazo a los médicos y que esté dispuesta a recibir tratamientos de aquellos en quienes, paradójicamente, no cree”, asegura el experto. El pronóstico, en la mayoría de los casos, es favorable, siempre y cuando se aborde de manera temprana y con regularidad.

Otros miedos asociados a la salud

Ligadas al ámbito sanitario, se han identificado algunas fobias que afectan a un porcentaje de la población.

Latrofobia: es la misma iatrofobia.

Tripanofobia: miedo a ponerse inyecciones; a las agujas u objetos que puedan cortar o pinchar.

Agliofobia: miedo a experimentar dolor.

Tanatofobia: miedo a la muerte.

Nosofobia: miedo exacerbado, irracional e incontrolable a padecer o desarrollar una enfermedad mortal.

Hematofobia: miedo a la sangre.

VIDA
*Con información de EFE

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