Más polvos y menos pantuflas / Sexo con Esther

Más polvos y menos pantuflas / Sexo con Esther

Es hora de valorar la sexualidad en todas las etapas de la vida, especialmente en la tercera edad.

Gerantofobia, el miedo a envejecer

El sexo en la vida adulta es algo tan natural como comer o caminar.

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123RF

22 de septiembre 2018 , 10:30 p.m.

A pesar del paso del tiempo y contra todos los malos augurios, nuestro cuerpo permanece apto para el aquello, tanto que un estudio de la Universidad de Michigan dice que el 70 por ciento de las parejas mayores tiene una sexualidad satisfactoria. Por supuesto que algunas tareas de la planta baja sufren modificaciones y se requieren ajustes, sobre todo después de los 70 años, lo que rebate de tajo la equivocada creencia de que a los ancianos hay que jubilarlos sobre el catre y solo necesitan una buena provisión de pantuflas y cobijas de lana.

El mismo estudio dice que uno de cada cuatro octogenarios se desliza bajo las sábanas con regularidad como parte de su cotidianidad, sin que esto signifique para nadie una condición extraña o de mal gusto.

Digo esto porque ya es hora de valorar la sexualidad en todas las etapas de la vida, especialmente en la llamada tercera edad, en razón a que la gente cada vez vive más años y con una vitalidad que no merma al ritmo de las malas creencias o de las tendencias de las redes sociales. Esto exige conocer de lleno la fisiología y las condiciones emocionales de los viejos con el fin de que la atención integral que se les brinda a través de muchos programas sociales les garantice el ejercicio pleno de su sexualidad en un marco de respeto y dignidad.

Basta ver la oferta de servicios en este sentido, pletórica de cuidados y de alertas, pero carentes –todas– de acercamientos a este tema, como si la ancianidad asexuara a los individuos y les cortara de raíz la dotación para el aquello, al punto que cualquier manifestación de deseo en estas edades es calificada como un acto de demencia, cuando no una aberración.

Los cambios naturales que la edad trae para el equipaje genital son conocidos y todos aquellos que se reconocen como “expertos” deben tomarlos en serio para facilitar sus funciones, echando mano de todas las ayudas que la ciencia y la tecnología ponen a disposición, pero que, lamentablemente, terminan siendo patrimonio de los mismos ancianos en secreto y de manera vergonzante.

El sexo en la vida adulta es algo tan natural como comer o caminar. Así que no hay razón para cuestionamientos burlones por parte de muchos que, aunque jóvenes, no saben que sus malos polvos de ahora les vaticinan más babas y menos cama. Qué tal si les digo que el citado estudio asegura que las dos terceras partes de las parejas mayores de 65 años se dedicaban al goce sin que sus familiares lo supieran. ¿Ah?

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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