Malnutrición escolar: una bomba de tiempo en Colombia

Malnutrición escolar: una bomba de tiempo en Colombia

Cifras sobre malos hábitos alimentarios de estudiantes prenden alarmas frente a riesgos de obesidad.

Hábitos alimentarios de los estudiantes

Según la Encuesta de Situación Nutricional de 2015, el 6,3 % de los niños menores de 5 años tiene sobrepeso.

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iStock

Por: Carlos Francisco Fernández
23 de diciembre 2018 , 12:00 p.m.

Los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Escolar (Ense) y la de Tabaquismo en Jóvenes 2018 realizadas por el Ministerio de Salud y la Universidad del Valle desnudan, según el pediatra Vladimir Muñoz, preocupantes grietas en las políticas de salud pública orientadas a niños y adolescentes. Grietas que, “de no corregirse de manera inmediata, se traducirán en graves enfermedades con impactos sociales y económicos incalculables para el país”, dice el experto.

De acuerdo con la Ense, nueve de cada diez escolares de entre 13 y 17 años no consumen frutas y verduras en las cantidades recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que, en palabras de Nohora Bayona, nutricionista de la Universidad Nacional, ubica a esta población en la ruta más directa hacia los desequilibrios metabólicos y la obesidad, con los riesgos que estos acarrean.

Pero el asunto empeora, dice Muñoz, porque el 75 % de los niños tienen las gaseosas como bebidas principales y 8 de cada 10 consumen fritos, paquetes y comidas rápidas como parte de su dieta diaria, en un abierto desvío de los patrones alimentarios que exige el sobrepeso creciente en la infancia. “Son inadmisibles estas conductas, cuando la última encuesta nutricional demostró que el 20 % de los jóvenes ya son víctimas de este flagelo y se supone que se desplegaron estrategias oficiales para contrarrestarlo”, agrega Muñoz.

Para César Burgos, presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, la Ense demuestra malos hábitos alimentarios que parecen afianzarse, así como la carencia de programas específicos de promoción de la salud y prevención de la enfermedad destinados no solo a los escolares sino a la niñez en general. “No hay duda de que el modelo actual de salud, equivocadamente centrado en la atención de la enfermedad, le está cobrando un precio muy alto a la sociedad con la exposición de los jóvenes a riesgos que pueden evitarse”.

Aunque las cifras de la Ense parecen tomar por sorpresa a algunas autoridades de salud y educación, lo cierto es que las mismas reflejan, según el endocrinólogo Iván Darío Escobar, una realidad marcada por un exceso de peso en menores de 5 años que pasó del 4,9 % en el 2005 al 6,3 % en el 2015. De hecho, uno de cada cinco adolescentes ya está afectado por este problema.

Para Carolina Piñeros, directora de RedPaPaz, la peligrosa tendencia que aleja a los estudiantes de los hábitos saludables no es producto de meros caprichos de niños y adolescentes, sino el resultado de factores relacionados con intereses comerciales de la industria alimentaria “a través de estrategias de publicidad orientadas a esta población para posicionar productos procesados y que, consecuentemente, ubican la comida natural como algo retrógrado”. Lamentablemente, enfatiza Piñeros, las comidas rápidas y las bebidas azucaradas, ligadas a marcas y cadenas internacionales, están relacionadas con estatus y estilos de vida modernos, lo que es empujado por un mercado poderoso en el que la comida casera y saludable queda en franca desventaja. “Nadie publicita el agua potable como la bebida ideal y menos las frutas enteras y las verduras como necesarias; por el contrario, se promocionan la comida chatarra y los jugos industriales como óptimos en las loncheras, sin que medie oposición alguna”, agrega.

75 % de los niños tienen las gaseosas como bebidas principales y 8 de cada 10 consumen fritos como parte de su dieta diaria, en un abierto desvío de los patrones alimentarios

Información engañosa

A lo anterior se suma que muchos de los mensajes publicitarios de los alimentos procesados contienen información engañosa, explica Esperanza Cerón, directora de Educar Consumidores. Todo ello sin que existan procesos de regulación, especialmente cuando se trata de productos para niños. “Ante los ojos de todo el mundo, se dice que algunas bebidas contienen frutas, leche, chocolate y proteínas, sin tenerlos, o se promocionan gaseosas como bebidas que alimentan y fortalecen cuando esto es mentira”, recalca.

Los resultados de la Ense ponen de manifiesto las falencias en etiquetado de los alimentos procesados industrialmente. La premisa es que estos contienen grandes cantidades de sodio, grasas saturadas y azúcares libres que resultan perjudiciales para el organismo, sobre todo en edades tempranas. “Si a esto se suma que la mayoría de los estudiantes agregan sal a sus comidas antes de probarlas, los riesgos se multiplican y se acumulan en el futuro”, dice Escobar.

Llevar a otro nivel el debate

Los malos hábitos alimentarios de los escolares y la falta de regulación son, en conjunto, una bomba de tiempo frente a la cual resulta inaplazable tomar medidas concretas”, afirma César Burgos, y recomienda la puesta en marcha, de manera inmediata y urgente, de un modelo de atención para esta población basado en la estrategia de atención primaria, en la que la promoción y la prevención tengan un lugar protagónico.

En el mismo sentido se pronuncia Carolina Piñeros, quien pide al Congreso y al Gobierno profundizar en el debate sobre los impuestos para las gaseosas y las bebidas azucaradas. “Darle la espalda a esta realidad es una actitud irresponsable contra toda la sociedad que, en últimas, es la que se tiene que enfrentar a una adultez enferma y onerosa”, dice la directora de RedPaPaz. La reforma tributaria aprobó el IVA plurifásico para las bebidas gaseosas, lo que implicará pago de IVA para los consumidores de esos productos, pero en las tiendas de barrio pequeñas no aplica, con lo cual aún falta camino por andar en esta materia.

Regular la publicidad, insistir en el etiquetado y en la reglamentación de la Ley de Obesidad, expedida hace 9 años, son otras de las peticiones en las que insisten los especialistas.

Todos coinciden en la urgencia de involucrar a todos los estamentos oficiales y privados para hacer un frente común con el fin de atacar de frente los factores de riesgo que determina la obesidad y la malnutrición en niños y jóvenes, empezando por la necesidad de garantizar entornos escolares saludables. “Aquí nadie puede eximirse de actuar en esa dirección, empezando por padres de familia, maestros y la comunidad académica, que deben forzar a las autoridades a promover normas que prioricen la salud de los niños por encima de los intereses de industriales y particulares”, remata Cerón.

Juan Pablo Uribe, ministro de Salud, expresó su preocupación por los resultados de dichas encuestas, pero aclaró que este tipo de investigaciones permiten ver en detalle qué es lo que está pasando con factores de riesgo específicos en un grupo poblacional y en unos entornos muy precisos. “Es la primera vez que tenemos información tan detallada de estas problemáticas, lo que nos va a permitir formular políticas públicas dirigidas a mejorar los patrones alimentarios, hábitos de actividad física, y promover estilos de vida saludables para la prevención de enfermedades en los jóvenes y futuras enfermedades en la edad adulta”, concluyó.

Lo que piensa la industria

En 2016 la reforma tributaria impulsada por el entonces presidente Juan Manuel Santos puso en el foco la necesidad de gravar con un IVA trifásico (productores, distribuidores y compradores) las bebidas azucaradas que, finalmente, no se aprobó. El Gobierno argumentó en ese momento que se trataba de una medida enfocada a reducir los índices de obesidad y problemas de salud relacionados con los altos niveles de azúcar en estas bebidas.

Dos años después, el presidente Iván Duque incluyó este mismo impuesto en la Ley de Financiamiento, aprobada esta semana en el Congreso. El documento pasará ahora a sanción presidencial.

Para Luis Felipe Torres, director de la Cámara de la industria de bebidas de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), “establecer un impuesto específico y adicional para las bebidas con azúcar termina siendo ineficaz para resolver los problemas de sobrepeso, pues carece de sustento científico concluyente”. De acuerdo con él, en los países que se contempla este gravamen, como Chile, México o Francia, no se evidencia un impacto positivo en los indicadores de salud ni se han visto disminuidos los índices de obesidad, sino “que han aumentado en los últimos 15 años”. En Colombia, prosigue, “la imposición de este impuesto podría ser contraproducente para la actividad económica, pues el costo-beneficio de esta medida es negativa y puede afectar las rentas, empleo y acceso a bebidas de calidad en los segmentos de la población más pobre del país”.

Desde la Andi consideran que el consumo de estos productos no es un factor determinante para explicar las cifras de sobrepeso infantil, porque se trata de un fenómeno multifactorial (dieta, sedentarismo, etc.). Además, continúa Torres, “representan solo el 3,5 % del total de calorías consumidas por un hogar promedio”. Finalmente, dice no estar de acuerdo con la campaña de desprestigio suscitada en contra de la industria porque “tergiversa la realidad”. Y añade: “generamos 20.000 empleos directos y 100.000 indirectos”. Pero los expertos médicos piensan otra cosa.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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