Los violentos dan señales, conózcalas y evítelas

Los violentos dan señales, conózcalas y evítelas

Los golpes a las mujeres casi siempre se presentan a puerta cerrada sin presencia de testigos.

Campaña

La violencia es una violación de los derechos humanos y desafortunadamente un problema de salud pública, muchas veces ignorado.

Foto:

EL TIEMPO

16 de septiembre 2018 , 04:37 a.m.

El maltrato físico o emocional no tiene justificación, bajo ninguna circunstancia y más cuando este se ejerce dentro de una familia o en el seno de una pareja, donde terminan por imponerse los miembros que tienen más fuerza, que por lo general son los hombres, en un aberrante patrón, a veces normalizado.

Y aquí hay que ser claros, la violencia es una violación de los derechos humanos y desafortunadamente un problema de salud pública, muchas veces ignorado. De hecho, el psiquiatra Rodrigo Córdoba califica estos actos como un fenómeno relacional, estructurado sobre el abuso de poder y la intención de control de quien la ejerce, para deteriorar la autonomía y la autodeterminación de la persona violentada.

“Es la negación del otro, que lleva a su destrucción, en el esfuerzo por obtener obediencia o sometimiento”, dice el psiquiatra, quien además agrega que aunque puede ser reactiva –condicionada por algunos hechos que la anteceden– o proactiva –para lograr un daño premeditado– en ningún caso debe aceptarse.

De ahí que no se puede tolerar que un hombre golpee a una mujer, con la excusa de que se sintió ofendido, porque, según Córdoba, en estos casos lo que se pone en evidencia es la incapacidad del agresor para regular sus emociones, especialmente la rabia, una condición ligada a un trastorno emocional que debe ser identificado y tratado, pero que lamentablemente la sociedad acepta, bajo la premisa de que la hostilidad se puede atribuir a la conducta de otros.

La psicóloga Ana María Reyes dice que los hombres que golpean a las mujeres tienen unas alteraciones emocionales que se mantienen ocultas, porque tienen una pareja que los equilibra, los apoya y los acompaña.

Cuando estas condiciones desaparecen o se enfrentan al riesgo de ser abandonados o de perder su dominación –dice Reyes– aparece la fragilidad de su psiquismo como una especie de derrumbe de su mundo interior “que los lleva a elevar a la condición de ataque personal, todo el dolor y el sufrimiento que su compañera les provoca con su separación”, explica la psicóloga.

En ese momento, manifiesta Córdoba, entran en un estado de alienación y se convierten en víctimas de una creencia falsa que termina por convertirlos en victimarios peligrosos.

Aunque pueden sentir vergüenza, no pueden frenar los actos violentos, porque tienen la supuesta esperanza de recuperar con los golpes, o incluso con el asesinato de sus parejas, las partes de sí mismos que sienten arrebatadas, por la pareja que ya no pueden dominar”, afirma el psiquiatra.

El problema es que estas alteraciones de tipo psiquiátrico no presentan síntomas, mientras el hombre esté acompañado y sienta que la mujer (a la que considera suya) lo haga sentir sólido y entero, pero cuando esto deja de serlo, se sienten amenazados y el hombre se transforma desafortunadamente en espacios privados. De ahí que los golpes a las mujeres, casi siempre se presentan a puerta cerrada sin presencia de testigos, algo que empeora el problema.

Para estos hombres, dice Reyes, su pareja es como una especie de cemento que llena todas sus fisuras, pero cuando hay un cierto despegue, se despierta una agresividad que puede ser peligrosa, de ahí que no es una casualidad que las mayores agresiones contra la mujer se presenten cuando hay una separación o cuando la pareja comunica el deseo de hacerlo.

Problema de salud pública

Rodrigo Córdoba, desde el plano psiquiátrico, y Sandra Herrera, desde el psicológico, coinciden en que si bien esta agresividad no tiene síntomas hasta que se presenta, sí existen ciertos rasgos que pueden orientar la detección temprana de personas potencialmente violentas, frente a las cuales es necesario actuar, desde el plano sanitario.

Según Herrera, los celos obsesivos, la dependencia extrema, la necesidad de vigilar, el sometimiento, los gritos, la negación de la participación de la mujer, la subvaloración y hasta una jerarquización en la relación son elementos que pueden orientar que el hombre que los presenta llegue, en algún momento, a transformarse en violento, de ahí que las mujeres deban evitarlos al máximo o, consecuentemente, hacer que el afectado busque ayuda psiquiátrica.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ R.
Asesor médico de EL TIEMPO

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.