Un libro para responder las dudas legítimas sobre la salud

Un libro para responder las dudas legítimas sobre la salud

‘Su cuerpo tiene algo que decirle’, de Carlos F. Fernández, ya está en las principales librerías.

Libro 'Su cuerpo tiene algo que decirle'

El libro es básicamente un traductor del conocimiento médico hacia las personas.

Foto:

Ilustración: Gustavo Ortega

30 de septiembre 2018 , 10:30 p.m.

Un día cualquiera, una mamá preguntó: “Mi hijo de cinco años tiene una gripa muy fuerte, ha tenido vómito, diarrea, congestión nasal, fiebre y tos. Él duerme todas las noches con el gato y me ha surgido una duda: ¿se le puede prender la gripa al gato?”.

Y como todas las inquietudes que llegan a través de los canales que EL TIEMPO y Citytv han dispuesto para acercarnos a la gente, había que responderle.

Confieso que lo hice entre más de un titubeo, porque, a pesar de ser una duda curiosa, nunca se me pasó por la cabeza que Adela, la madre preocupada por la transmisión de virus potencialmente gatunos, me estuviera tomando del pelo y menos creer que estaba más preocupada por su gato que por su hijo.

Esto en razón a que, en casi dos décadas, no era la primera pregunta exótica o pintoresca a la que tenía que enfrentarme en términos de salud.

Le conté, al aire, que si bien algunas especies y los humanos pueden compartir virus, el de la gripa no es propiamente uno que cambie de domicilio entre niños y gatos. Que por ese lado estuviera tranquila, pero, eso sí, que sacara al felino de la cama de su hijo enfermo.

Adela agradeció la respuesta por el correo y para mí no pasó de ser otra preocupación materna, como la de si la luna afecta el comportamiento de los bebés, si el crecimiento se les retrasa porque los llevan a un funeral, o si a los menores se les atascan las palabras porque se les corta el pelo antes de que empiecen a hablar.

En otras palabras, fue un asunto rutinario en este trabajo de intentar comunicar salud desde un medio de información grande. Pero qué lejos estaba de ser algo trivial, porque la consulta de Adela se empezó a mover en Twitter bajo etiquetas diversas, al punto de que se convirtió en tendencia. Mientras que en Facebook, además de provocar burlas, generó cuestionamientos contra la inocente Adela, que, en el fondo, lo único que buscaba era que alguien le respondiera una inquietud genuina, de esas que invaden a cualquier mamá.

Y así lo entendí –aunque suene a explicación no pedida–, porque en este oficio de contar salud desde la prensa he visto que son muchas las dudas que se quedan enmochiladas en el interior de las personas por aprensión o apocamiento frente a explicaciones envueltas en asépticas jerigonzas médicas, que consideran como vergonzante que la chocosuela se aparezca por los lados de la rodilla, la mollera ronde los dominios de la fontanela y los chichones pretendan usurpar al remilgado hematoma.

En este oficio de contar salud desde la prensa he visto que son muchas las dudas que se quedan enmochiladas en el interior de las personas

Con la certeza de que en el reverso de mi diploma de médico –como en el de todos– hay un certificado natural de comunicador que lo complementa, hace algunos años me especialicé como periodista para trasegar con tranquilidad en una sala de redacción y bregar a encajonar con dignidad la salud entre el rimero de noticias diarias.

Y como ese traductor que le dice a la gente que la fíbula es el mismo peroné, que la alopecia es calvicie y que la polidipsia es una sed la macha, las notas en el periódico fueron apareciendo con ínfulas de una utilidad que solo los lectores pueden calificar. Pues de ellas, de dichas notas, nace este libro, 'Su cuerpo tiene algo que decirle', que sin aspavientos, pero con respeto y más cariño, va dirigido a las Adelas que todos llevamos dentro.

Tres respuestas sobre el libro

¿Por qué hay tantos mitos y mentiras alrededor de la salud?

La gente cree que su cuerpo y su salud son patrimonio propio y, en tal sentido, considera que sus sensaciones, sus percepciones y sus síntomas resisten una interpretación personal. Es decir, cada quien siente y le da un significado, a su manera, a lo que le pasa. Ese significado lo considera válido y se arraiga tanto en la medida que escucha que a alguien le pasa lo mismo o existen referentes o historias que le dan validez. Es muy difícil desde el punto de vista popular remontar esas creencias porque la gente las considera válidas. El error de los médicos es que generalmente le quitamos el significado que la gente les da a sus dolencias por términos raros, cosas que no entienden y en muchos casos nos burlamos al minimizar la relación de las personas con su propio cuerpo.

¿Hay entonces un problema de comunicación?

La medicina y la salud esencialmente se fundamentan en la comunicación, y la comunicación es la unificación de los lenguajes, cosa que muchas veces no se da porque sencillamente hay una desigualdad. El médico tiene un conocimiento y piensa que eso es suficiente, pero la posibilidad de comunicarlo a veces se queda corta. Pensamos que el conocimiento suple la inequidad en el lenguaje y es complicado. La comunicación en salud tiene que ser de igual a igual, en la que se respeten las emociones.

Pero no es solo problema de los médicos. La atención hoy está llena de variables que interfieren en la comunicación. Existen factores que impiden un diálogo efectivo, como la falta de tiempo, la imposibilidad de conocer de forma cercana a los pacientes y los desequilibrios del sistema, pues generalmente el paciente está en inferioridad de condiciones frente al médico. No todos son moléculas, síntomas y medicamentos, hay personas, emociones y sentimientos.

¿Este libro es una aproximación entonces a la medicina más humana?

No tiene ninguna pretensión. No busca cambiar nada ni presentar soluciones. Es básicamente un traductor del conocimiento médico hacia las personas aprovechando la oportunidad que tengo de hacerlo en un medio de comunicación. No tiene inventos, ni descubrimientos ni fórmulas mágicas. Solo lleva parte del conocimiento médico con palabras de la gente sin que se pierda rigor. El único requisito para llegar a él es que la gente quiera conocer un poco más de su salud.

En el libro encontrará también el Diccionario de males colombianos

Popularmente, en Colombia la principal causa de fallecimientos es la muerte de repente y los síntomas más comunes son las maluqueras y las vainas raras.

Muchos pacientes colombianos no se enferman de escabiosis sino de ‘carranchín’ y no sufren lipotimias sino ‘yeyos’; no pocos recurren a términos como estos para describir problemas de salud que, a fuerza de usarse, acabaron convertidos en verdaderos diagnósticos. La terminología es amplia y varía de una región a otra. El siguiente es parte del listado de algunos de los más comunes (encuéntrelo completo en el libro).

Carranchín: cualquier alteración de la piel que involucre dos componentes: piquiña permanente y descamación. Es una forma genérica de referirse a males como la sarna, las alergias e incluso la psoriasis.

Chichón: bulto o ‘turupe’ que sale en la cabeza de manera súbita, por lo general después de un golpe. Médicamente se conoce como un hematoma en el cuero cabelludo.

Descuajado: el saber popular asocia la diarrea y el malestar de algunos niños con la desubicación (por golpes o movimientos bruscos) del cuajo, que es uno de los estómagos de los rumiantes. Erróneamente, los ‘descuajados’ son llevados a los sobanderos para ponerles las cosas en su lugar. Esta enfermedad no existe.

Jartera: estado de ánimo bajo; aburrimiento, desgano y apatía.

Mal de ojo: el desmejoramiento progresivo de una persona que suele atribuirse al efecto mágico de ciertas miradas.

Nacido: quiste lleno de pus, por lo general de origen infeccioso.

Patatús: episodio súbito de origen desconocido que puede involucrar cambios de comportamiento o pérdida de conciencia que amerita llevar al ‘patatuseado’ de inmediato al hospital.

Roncha: hace referencia a una única erupción en la piel, con enrojecimiento, que por lo general rasca. Los médicos las conocen como pápulas eritematosas.

Soponcio: se trata de un desmayo o de un susto grande. La palabra viene del latín sopio, que significa pene. Los romanos dibujaban caricaturas llamadas sopios, que se caracterizaban por tener penes grandes. Cuando las mujeres las veían, se desmayaban. Es primo hermano del patatús y del yeyo.

Yeyo: cualquier trastorno repentino que involucre palidez, desmayo o pérdida de conciencia. Amerita tratamiento: exámenes y remedios.

SALUD

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