Falta voluntad para acabar con la malaria, el sida y la tuberculosis

Falta voluntad para acabar con la malaria, el sida y la tuberculosis

El Fondo Global busca cómo recaudar dineros para erradicar estas tres epidemias.

Investigaciones contra enfermedades

Se necesitan más recursos para buscar tratamientos que acaben con el sida en el mundo.

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Mariana Bazo / Reuters

Por: Jeffrey D. Sachs, Guido Schmidt-Traub y Vanessa Fajans-Turner - Project Syndicate
20 de enero 2019 , 09:08 p.m.

La única medida más importante en materia de salud pública de 2019 es el reabastecimiento del Fondo Global para Combatir el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. Estas tres enfermedades, que actualmente matan a unos 2,5 millones de personas por año, podrían erradicarse por completo en 2030. El Fondo Global es el principal instrumento para tener éxito, pero necesita recaudar 10.000 millones de dólares por año para lograr su misión.

Al fondo, creado en 2001 por Kofi Annan, se le ha atribuido el haber salvado 27 millones de vidas y haber controlado las tres epidemias a tal punto que, realmente, se podría acabar con ellas en dos décadas. De este modo, se podrían evitar casi todas las muertes y nuevas infecciones, porque el diagnóstico, la prevención y el tratamiento han mejorado marcadamente y se volvieron mucho menos costosos en los últimos 25 años.

En el caso del sida, el tratamiento del virus del VIH no solo mantiene saludables a los individuos infectados, sino que también reduce a tal punto la carga del virus que resulta poco probable que infecte a otros. En este sentido, el tratamiento es la prevención: tratar una proporción suficientemente alta de individuos VIH-positivos pondrá fin a la transmisión del virus.

En Colombia, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), el año pasado se reportaron 28 casos por cada 100.000 habitantes. La mayor proporción de incidencia está en jóvenes adultos entre los 25 y los 34 años. En cuanto al género, los hombres son los que más padecen esta enfermedad, con un 79,4 % de los casos. Según el último estudio anual que realiza desde 2012 la Cuenta de Alto Costo (CAC), organismo que recopila información de las empresas aseguradoras, las cifras de VIH en el país aumentaron en los dos últimos años, pasando de 8.209 casos nuevos en 2017 a 9.399 en 2018. La explicación de este incremento, indicó Lizbeth Acuña, directora ejecutiva de la CAC, es que cada vez hay mayor conciencia en la detección temprana, pero los diagnósticos son todavía tardíos: solo el 45 % de las personas que portan el virus lo sabe. El documento asegura que las cifras en Colombia no distan mucho de la realidad mundial.

De la misma manera, los progresos en el terreno del diagnóstico (una prueba de sangre con un simple pinchazo), de la prevención (redes mosquiteras de larga duración y tratadas con insecticidas, entre otras herramientas) y del tratamiento (combinación de drogas de bajo costo basadas en la artemisina) permitieron eliminar casi todas las muertes por malaria (que ya se redujeron alrededor del 60 % con respecto a su pico a comienzos de los años 2000). El reciente incremento en las infecciones y muertes es una señal preocupante de que el mundo, una vez más, está invirtiendo poco en la lucha contra la enfermedad.

El tratamiento es la prevención: tratar una proporción suficientemente alta de individuos VIH-positivos pondrá fin a la transmisión del virus

El INS confirmó que en Colombia se evidenció un aumento de la malaria, también conocida como paludismo, el año pasado, con 58.199 nuevos casos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el país es el tercero con más presencia de la enfermedad en la región (8 %), por detrás de Venezuela (53 %) y Brasil (22 %).

En el caso de la tuberculosis, el reto sigue siendo un diagnóstico temprano y un tratamiento efectivo, con especial atención a la tuberculosis resistente a múltiples drogas. La tasa de mortalidad por tuberculosis ha caído alrededor del 42 % desde el año 2000. Con suficiente seguimiento de un monitoreo y un tratamiento efectivo, las muertes restantes en general también podrían terminar.

Los costos relativamente bajos y los enormes beneficios de estas intervenciones implican que los países de altos ingresos y de renta medio-alta deberían priorizar sus programas de salud y sus presupuestos nacionales según corresponda. Sorprendentemente, en Estados Unidos solo la mitad de individuos VIH-positivos reciben tratamiento, debido al desinterés del gobierno federal.

Para los países en desarrollo de bajos ingresos y muchos países de ingresos medios, los presupuestos nacionales no son suficientes. Los cálculos recientes del Fondo Monetario Internacional demuestran que estos países carecen de los medios para garantizar la cobertura de salud universal y otros servicios básicos requeridos por los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Esta fue una de las dos razones para crear el Fondo Global: impulsar la capacidad de los países más pobres de controlar la epidemia. La otra razón fue aplicar la ciencia de excelencia y una gestión rigurosa a las tres epidemias. Gracias a su modelo de negocios único, este organismo hace las dos cosas: genera y disemina el conocimiento necesario para combatir las tres enfermedades, y monitorea rigurosamente la implementación de los proyectos que financia.

Una brecha financiera

El Fondo Global tuvo un muy buen arranque a principios de los años 2000, con un fuerte respaldo bipartidario en Estados Unidos y un apoyo similar de diferentes partidos en otros países. El expresidente George W. Bush fue su mayor defensor entre los líderes mundiales y Bill Gates fue su principal filántropo. Pero el presupuesto que maneja el fondo se estabilizó luego de la crisis financiera de 2008 y se abrió una brecha entre lo que se necesita y lo que se financia.

Esta disparidad en los recursos tiene que cerrarse en octubre de 2019, cuando se reabastezca el Fondo Global para los años 2020-2022 en una conferencia en Lyon (Francia), organizada por el Gobierno francés. En la ronda de reabastecimiento previa, el Fondo Global identificó una necesidad de financiamiento de tres años de alrededor de 98.000 millones de dólares que, con excepción de 30.000 millones de dólares, se podían conseguir con los presupuestos domésticos y otros recursos. Sin embargo, en lugar de cerrar la brecha de 30.000 millones de dólares (alrededor de 10.000 millones de dólares por año), los donantes le dieron al Fondo Global apenas 13.000 millones de dólares. La falta de un financiamiento adecuado implicó que las tres enfermedades siguieron matando y propagándose innecesariamente.

Esta vez, debe cubrirse todo lo que falta. El Fondo Global pronto divulgará su evaluación de las necesidades de financiamiento, pero es poco probable que los números cambien: alrededor de 30.000 millones de dólares en tres años, o 10.000 millones de dólares por año.

“Las nuevas amenazas significan que no hay un término medio. Necesitamos proteger y aprovechar los logros que hemos conseguido, o veremos cómo se erosionan, resurgen las infecciones y las muertes, y desaparece la posibilidad de poner fin a las epidemias”, explicó Peter Sands, director del fondo, esta semana.

La realidad es que se trata de un precio considerablemente bajo para salvar millones de vidas. Consideremos lo que 10.000 millones de dólares por año realmente significan. Para los 1.200 millones de personas en los países de altos ingresos, implica 8 dólares por persona por año. Para el Pentágono, significa aproximadamente cinco días de gasto. Y para los 2.208 multimillonarios del mundo, significa apenas el 0,1 % de su patrimonio neto combinado (alrededor de 9,1 billón de dólares).

Así las cosas, esta es una propuesta básica: el Fondo Global debería comprometer sus esfuerzos para recaudar 30.000 millones de dólares para los próximos tres años. La mitad de esta cifra podría provenir de los gobiernos donantes. Estados Unidos debería seguir con su tradición de un apoyo bipartidista. China, un beneficiario en el pasado, ahora debería convertirse en donante. La otra mitad del financiamiento debería ser aportado por la gente más rica del mundo, cuya riqueza se ha disparado en los últimos años. Gates ha marcado la pauta y, en el marco de la iniciativa Giving Pledge, que lanzó junto con Warren Buffett, cientos de superricos fácilmente podrían donar 5.000 millones de dólares por año durante el período 2020-2022.

Las epidemias de la tuberculosis, la malaria y el sida están aún lejos de ser derrotadas. En 2017, la primera mató a 1,6 millones de personas en todo el mundo (en 2016 fueron 1,3 millones, lo que demuestra un aumento preocupante). La malaria mata a casi medio millón cada año, la mayoría de ellos bebés o niños pequeños en el África subsahariana. En la pandemia del sida, casi 37 millones de personas en todo el mundo están infectadas con el VIH y alrededor de 15 millones no reciben tratamiento.

En un mundo dividido por el conflicto, la lucha del Fondo Global contra las tres enfermedades epidémicas es una cuestión de interés político. También es un recordatorio de cuánto puede lograr la humanidad si coopera para salvar vidas.

La lucha del Fondo Global contra las tres enfermedades epidémicas es una cuestión de interés político. También es un recordatorio de cuánto puede lograr la humanidad si coopera para salvar vidas

Las 10 causas principales de defunción en el mundo

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), de los 56,4 millones de defunciones registrados en el mundo en 2016, el 54 % fueron consecuencia de diez causas. Durante los últimos 15 años, los dos primeros puestos han estado ocupados por la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular, respectivamente, con 15,2 millones de defunciones en total. Completa el podio la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc), con tres millones.

Las infecciones de las vías respiratorias inferiores se sitúan en el cuarto lugar, con algo menos de tres millones de defunciones. Por detrás, las muertes atribuibles a la demencia, como el alzhéimer, con dos millones.

El cáncer de pulmón, junto con los de tráquea y de bronquios, se sitúa en el sexto lugar con 1,7 millones de fallecimientos. Continúan las muertes por diabetes, con 1,6 millones. En el octavo lugar, los accidentes de tránsito, que se llevaron 1,4 millones de vidas. Prosiguen las enfermedades diarreicas, con algo menos de 1,4 millones de muertes, y la tuberculosis, con 1,3 millones.

JEFFREY D. SACHS, GUIDO SCHMIDT-TRAUB Y VANESSA FAJANS-TURNER
© Project Syndicate (Nueva York) *Jeffrey Sachs es director de la Red de Soluciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (SDSN). Guido Schmidt-Traub es director ejecutivo de la SDSN. Vanessa Fajans-Turner es directora de Costos y Financiamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la SDSN.

* Con información de Europa Press

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