Olvídenlo: ningún trago es bueno para alargar la vida

Olvídenlo: ningún trago es bueno para alargar la vida

Estudio desmiente versiones que indican que licor en pequeñas cantidades es positivo para la salud.

¿Tomarse unos tragos de vez en cuando puede ser saludable?El doctor Carlos Francisco explíca algunos mitos del alcohol.
Trago

123RF

Por: Carlos Francisco Fernández
27 de agosto 2018 , 10:41 a.m.

La idea de que uno o dos tragos al día pueden ser buenos para la salud no es más que un mito; eso, a juzgar por un estudio muy riguroso que concluye sin atenuantes que frente al alcohol no hay ningún nivel de consumo seguro.

Así lo dice Emmanuela Gakidou, investigadora del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, autora principal de la investigación más grande al respecto, publicada la semana pasada en la revista 'Lancet' y que además asegura que, al año, casi tres millones de muertes se le achacan al licor.

Y esto no es juego. Después de analizar a fondo la situación, los estudiosos encontraron que en el mundo existen más de dos mil millones de bebedores, de los cuales el 63 por ciento son hombres. Y, aunque los patrones de consumo varían según el país, la relación entre trago y daño a la salud es más o menos similar.

Hay efectos negativos como enfermedades cardiovasculares, daños neurológicos, diabetes, demencia, Alzheimer

Promedios peligrosos

Lo cierto es que el estudio derrumba los pilares del denominado consumo promedio “establecido en diez gramos de alcohol puro para cada persona diariamente” (una copa de cien mililitros de vino tinto o una cerveza de 375 mililitros).

Sin embargo, ya se había demostrado que esta cantidad, considerada segura, en realidad está relacionada con una esperanza de vida más corta y con consecuencias irreparables para la salud, según dijo Dan Blazer de la Universidad de Duke, después de realizar un metaanálisis publicado en la misma revista 'Lancet' hace algunos meses.

Pero el estudio de la semana pasada va mucho más allá. Después de analizar los patrones de salud relacionados con el alcohol entre 1990 y 2016 en 195 países, llegó a la conclusión de que ni siquiera esta cantidad debería consumirse, tanto que califica el alcohol como una droga mortal.

Ya se conocía que beber alcohol, incluso en pocas cantidades, causa daños irreversibles en el ADN, al punto de que puede transformar las células en malignas, dando paso al cáncer y afectando al cerebro.

Dicha investigación lo relaciona además con 23 desenlaces sanitarios negativos, entre los que se encuentran enfermedades cardiovasculares, daños neurológicos, síndrome metabólico, diabetes, demencia, enfermedad de Alzheimer, y con accidentes de tránsito y violencia común.

Todo lo anterior, sustentado en una sola sentencia: el alcohol, incluso en cantidades mínimas, acorta la vida. Para empezar, el endocrinólogo Iván Darío Escobar advierte que el alcohol produce un efecto tóxico directo y un efecto sedante sobre el organismo.

Además, dice el especialista, su ingesta excesiva durante periodos prolongados desencadena daños en diferentes órganos y conduce a carencias en la nutrición, lo que termina por acompañarse de una enfermedad crónica y peligrosa: el alcoholismo.

Efectos dañinos

Los efectos sobre los principales sistemas del organismo son acumulativos y según Hernán Yupanqui, endocrinólogo de Funcobes, producen alteraciones a nivel digestivo, entre las que se destacan las úlceras estomacales e intestinales, la pancreatitis crónica y la cirrosis hepática, además de lesiones en el sistema nervioso central y en los nervios periféricos.

El neurólogo Gustavo Castro señala que los daños sobre el sistema nervioso son tan severos que, además del daño estructural, produce deterioro mental secundario a la adicción.

“Temblores, pérdidas de conocimiento, alucinaciones son característicos en personas
afectadas por el alcohol y que se agravan en el conocido delirium tremens, que puede llegar a ser mortal.

Capítulo especial merecen los daños graves que ocasiona el licor durante el embarazo y que, según el pediatra Vladimir Muñoz Rodríguez, van desde el retraso en el desarrollo embrionario hasta la génesis de un síndrome de alcoholismo fetal, algo simplemente grave.

El neurólogo Castro hace un listado de los efectos que dejan unos pocos tragos y que empiezan por la alteración de la razón, disminución de los reflejos, dificultad para hablar, pérdida del control muscular y del equilibrio, disminución de la agudeza visual y auditiva, limitación en la capacidad para reaccionar, náuseas, vómito y dilatación de vasos sanguíneos.

Los síntomas anteriores pueden incrementarse si el consumo aumenta a grandes cantidades hasta provocar pérdida de conocimiento, dificultad para respirar, gastritis crónica, daño en las células del hígado, cirrosis, hepatitis, hemorragias digestivas, estupor y muerte por paro cardiorrespiratorio.

Una mirada a los cambios mentales

Aunque la gente toma licor como un componente dentro de sus relaciones interpersonales y sociales, lo cierto es que en la medida en que su concentración en la sangre va aumentando, los efectos sobre el estado mental dejan de ser los deseados hasta llegar a estados realmente peligrosos.

El psiquiatra Rodrigo Córdoba los describe de la siguiente forma: en pequeñas cantidades hay una leve alegría, que poco a poco da paso a un menor juicio y a una menor concentración; cuando el consumo es moderado, las emociones se tornan inestables y hay confusión.

En caso de continuar tomando, la alegría se torna en tristeza, hay sentimiento de rabia e incoherencia. Cuando la ingesta es abundante, la conciencia se limita, puede haber pérdida de esta y en casos extremos se llega al coma. Con ingestas mayores hay descontrol y en casos exagerados, apatía e incontinencia de esfínteres, hasta convertir a la persona en un ausente.

¿Y la dieta mediterránea?

En el caso del vino que acompaña las dietas mediterráneas, el cardiólogo Gabriel Robledo manifiesta que hay que sopesar los efectos negativos del alcohol con beneficios demostrados de los fenoles en su capacidad antioxidante y benéfica para algunas funciones.

“Creo que este equilibrio debe ser estudiado de manera más profunda porque una cosa es el licor convencional y otra, como en el caso de los vinos, aquel que se acompaña de sustancias amigables. Sin embargo, no estoy invitando la gente a tomar, solo que hay que investigar más a fondo”.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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