¿Cómo se detecta y se atiende la apendicitis?

¿Cómo se detecta y se atiende la apendicitis?

Los síntomas empiezan con una molestia difícil de definir en la zona media y alta del abdomen.

¿Qué es la apendicitis?EL doctor Carlos Francisco explica cómo proceder ante los síntomas.
Apendicitis

123rf

Por: PURIFICACIÓN LEÓN - EFE REPORTAJES
20 de septiembre 2018 , 07:31 a.m.

Hemos escuchado infinidad de veces que el apéndice no sirve para nada y lo único que podemos esperar de él es que se inflame y nos obligue a pasar por el quirófano.

Sin embargo, investigaciones recientes ponen en duda esta teoría tan arraigada y señalan que el apéndice, esa menospreciad parte de nuestro aparato digestivo, desempeña una función útil.

“El apéndice es un asa intestinal comunicada con el ciego (el inicio del intestino grueso) y que no tiene continuidad en uno de sus extremos. Su aspecto de tubo móvil pequeño y estrecho recuerda un gusano en movimiento, por eso se lo denomina apéndice vermiforme”, describe Carmen del Arco Galán, responsable de la Secretaría Científica de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes).

La doctora Del Arco manifiesta que la función del apéndice se ha discutido de manera reiterada. “Durante mucho tiempo se lo consideró un órgano residual que se había atrofiado por carecer de utilidad. Esta versión venía apoyada por el hecho de que, tras la apendicectomía, las personas pueden seguir viviendo sin problemas”.

No obstante, los investigadores han enunciado recientemente otra teoría que indica que “en esa asa de pequeño tamaño existe un reservorio de bacterias intestinales que permitiría recuperar la flora intestinal tras una enfermedad que la destruyese o sustituyese, por ejemplo, una gastroenteritis prolongada”, afirma.

Además, el apéndice “es un órgano linfoide. Eso significa que en su pared existe un importante número de células que pertenecen al sistema inmune, a las defensas del organismo, como las que hay en las amígdalas de la garganta o en los ganglios”, explica la especialista.

La doctora Del Arco recuerda que el sufijo ‘-itis’ implica inflamación, por lo tanto, la apendicitis es la inflamación del apéndice. “Esta se inicia en la pared interior, en la capa de células linfoides. La respuesta a la inflamación conduce a la producción de moco y acaba ocluyendo la luz. Esa oclusión hace que se vaya distendiendo la pared, como cuando inflamos un globo”, explica.

Acerca de qué ocurriría a continuación, la especialista prosigue: “La propia distensión comprime los vasos sanguíneos que llegan hasta allí para aportar oxígeno y nutrientes, de modo que dejan de hacerlo, lo cual conduce a la muerte de la pared del apéndice (necrosis), que finalmente se rompe, permitiendo la salida al espacio peritoneal del contenido fecal del intestino”.

Y esta situación produce más inflamación (peritonitis) y desencadena una respuesta general con caída de la presión arterial, aumento de la frecuencia cardiaca, fallo del riñón, del hígado y del corazón que acaba en shock séptico y en la muerte”, describe la doctora.

Otras veces, la causa “es una obstrucción por un acúmulo de restos fecales, fecalitos o apendicolitos, o por un cuerpo extraño que se impacta, como una chirla o un hueso, o bien por parásitos (gusanos). Hay otras posibilidades, pero son muy poco frecuentes”, apunta.

Ojo a estos síntomas

Del Arco señala que la apendicitis puede aparecer a cualquier edad, aunque es más frecuente en niños por encima de los 5 años y en jóvenes. No obstante, también se ha dado en lactantes y en ancianos.

“Parece que existe una predisposición familiar, y se está investigando la asociación entre la apendicitis y otras patologías del tubo digestivo. Sin embargo, aún no hay nada concreto y fiable al respecto”, aclara.

Los síntomas de la apendicitis “comienzan con una molestia poco clara, difusa, difícil de definir, en la zona media y alta del abdomen. Esto tiene que ver con el desarrollo embrionario del tubo digestivo, que empieza siendo eso, un tubo alargado que después se dobla y repliega, siguiendo un eje en la zona central y superior del abdomen. Debido a ese origen, las terminaciones nerviosas que registran el dolor transmiten una información no localizada y poco precisa”, sigue la experta.

Después del dolor aparecen náuseas y vómitos. “Este dato es importante, pues el dolor en los cuadros que acaban siendo quirúrgicos precede los vómitos. En cambio, en los cuadros de otro origen, como la gastritis, los vómitos aparecen primero y el dolor después”, recalca.

En el caso de la apendicitis, el dolor cambia de características al cabo de unas horas. Entonces, “se localiza en un punto que suele ser la fosa ilíaca derecha, un poco por encima de la ingle de ese lado. Ahí ya existe un punto claro de dolor”, describe la especialista.

Las fibras nerviosas que registran y transmiten el dolor son diferentes e identifican claramente dónde se encuentra el daño. Así, existe gran molestia en la pared que está encima de la zona afectada. En el llamado punto de McBurney, al tocar, presionar levemente y luego soltar, se reactiva el dolor, describe la también especialista en medicina de urgencias.

Parece que existe una predisposición familiar, y se está investigando la asociación entre la apendicitis y otras patologías del tubo digestivo

Sin embargo, destaca que la apendicitis no siempre se comporta así y, en ocasiones, puede ser difícil de identificar. “Hay apéndices muy largos, de casi 30 centímetros (cuando lo normal es que mida entre seis y nueve), que además, con sus movimientos, pueden colocarse en otro punto del abdomen y confundir al explorador”, advierte.

La doctora Del Arco comenta que en la Edad Media, y hasta cuando se identificó el apéndice, se hablaba de “cólico miserere” para referirse a un cuadro clínico de dolor abdominal en la fosa ilíaca derecha que acababa con la vida del paciente.

“Se ha interpretado que dicho cuadro clínico era la apendicitis evolucionada a peritonitis”, señala.

La especialista sostiene que la palabra ‘cólico’ describe bien las características del dolor, que va y viene en picos.

El pronóstico

Afortunadamente, la medicina ha avanzado mucho y en la actualidad, la apendicitis se puede tratar de manera eficaz.

“Hoy, el pronóstico es bueno en la mayoría de los casos, aunque siguen existiendo complicaciones y cuadros clínicos graves con un porcentaje de mortalidad bajo pero no despreciable”, afirma la doctora Del Arco.

Y asegura que no hay que angustiarse cuando aparece un dolor abdominal, pues el 40 por ciento de ellos son dolores inespecíficos, que se resuelven solos y no tienen ninguna consecuencia.

Además, indica que hay otras causas que producen dolor en el mismo lugar que la apendicitis, como el cólico renal, la ovulación, la rotura de un folículo ovárico, una hernia, etc.

Se considera que debe preocupar un dolor que persista más de seis horas, cuando a continuación aparezcan los vómitos y desaparezca el apetito.

Como a veces el diagnóstico no es muy evidente, mantener un tiempo de observación en el domicilio o el hospital representa una buena herramienta para diagnosticar.

En lo relativo al tratamiento, la especialista señala que es inicialmente quirúrgico. “Están apareciendo publicaciones en las que se plantea un tratamiento conservador con antibióticos y sin cirugía que parece ofrecer buenos resultados, pero aún no es la actuación estándar”, concluye.

PURIFICACIÓN LEÓN
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