Los maravillosos efectos de la música en el cerebro

Los maravillosos efectos de la música en el cerebro

Ningún estímulo logra tantos efectos sobre las neuronas como escuchar música.

Música en el cerebro

La música parece descomponerse y actuar sobre diferentes áreas en las que se generan efectos que se manifiestan en las reacciones que la gente tiene al escuchar una canción.

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iStock

Por: Carlos Francisco Fernández
23 de mayo 2019 , 02:28 p.m.

La música, algo tan natural para la gente, es el resultado de complejos mecanismos neuronales que terminan por comprometer a casi todo el cerebro en producirla, escucharla, interpretarla y sentirla.

Se puede inferir que la humanidad y la música han convivido desde siempre. Esta relación es tan estrecha que, según la antropóloga Edith Fernández, “los sonidos rítmicos acompañan al hombre, incluso, antes de que se consolidara el lenguaje verbal, tanto que se han encontrado instrumentos musicales más antiguos que el Homo sapiens. Se cree que la música está vinculada de manera directa con la evolución, y de ahí su importancia”.

Para el neurólogo e investigador Roberto Amador, profesor de la Universidad Nacional, el hecho de que las áreas cerebrales que controlan y ejecutan el movimiento respondan de manera específica a la música podría sugerir que esta se desarrolló para promover el movimiento colectivo, algo que le confiere un valor evolutivo para la consolidación de comunidades unidas.

Estudios sugieren que la influencia de la música sobre el cerebro humano surgió por la capacidad que tienen los ritmos y la sonoridad de involucrarse de manera íntima con áreas destinadas a las emociones, el lenguaje y el movimiento, al punto de que logra ponerlas a actuar simultáneamente.

Un placer sonoro

En palabras de Amador, “la música es uno de los factores que produce más placer, condicionado por un circuito cerebral que gestiona respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales, medidos por dopamina, hormona ligada a las llamadas recompensas cerebrales”.

Un análisis de la Universidad de la Florida dice que a nivel cerebral, la música parece descomponerse y actuar sobre diferentes áreas en las que se generan efectos que se manifiestan en las reacciones que la gente tiene al escuchar una canción.

El estudio indica, por ejemplo, que el ritmo actúa sobre las cortezas frontal izquierda y parietal izquierda, y en el cerebelo derecho; el tono impactaría en la corteza prefrontal, el cerebelo y el lóbulo temporal; y la letra, en las áreas de Broca y de Wernicke (del lenguaje), los núcleos caudado y accumbens, y en el área prefrontal, todos ligados con las emociones.

Robert Zatorre, fundador de Cerebro, Música y Sonido, un laboratorio de investigación en Canadá, dice que todo comienza en el oído al escuchar una canción, el estímulo se transmite por el tronco cerebral, llega a la corteza auditiva y, desde allí, se reparte a las áreas antes descritas y a las zonas de almacenamiento musical, porque la respuesta cerebral a los sonidos está condicionada por lo escuchado anteriormente.

Con el uso de la música de manera terapéutica, se han observado mejoras en personas con problemas de movimiento, dificultades de habla, demencias, etc

“Es como si existiera una gran base de datos con todas las melodías recibidas y conocidas”, dice el investigador.

Con lo anterior se ha demostrado que basta una nota para que el cerebro anticipe las que sigue, de una manera exacta, porque existen circuitos cerebrales que, incluso, proporcionan esquemas abstractos, relacionados a las experiencias musicales obtenidas en toda la vida.

Esto explicaría, en parte, las respuestas emocionales relacionadas con la música que, de acuerdo con investigaciones recientes, han demostrado que lo que siente una persona al escuchar una pieza musical es muy similar a lo que el resto de la gente puede experimentar, lo que le otorga a la música un valor importante como elemento de comunicación, en términos emocionales.

Ordena y sana

Los efectos de la música sobre diferentes áreas del cerebro de manera simultánea también han permitido que dichos estímulos sirvan para mejorar funciones deterioradas en el campo neuronal, a partir de procesos fisiológicos y emocionales. Según la sicóloga clínica Sandra Herrera, “se han observado mejoras en personas con problemas de movimiento, dificultades para hablar, demencias y secuelas de enfermedades cerebrovasculares, con el uso adecuado de música, de manera terapéutica”.

Algunas imágenes cerebrales han demostrado que la activación múltiple de las regiones cerebrales favorece la plasticidad neuronal que puede compensar deficiencias después de algún daño; por esta razón, la música es una buena ayuda en los procesos de rehabilitación, pues induce estados de ánimo positivos y favorece la génesis de movimientos.

Emociones, comunicación y atención

Muchos estudios han tratado de simplificar de manera esquemática los efectos de la música sobre el cerebro, y aunque la relación de estos sonidos con las neuronas es compleja, de la mano del profesor Roberto Amador, se pueden simplificar de la siguiente manera:

Es tranquilizante. Se ha demostrado que escuchar música actúa directamente sobre el hipotálamo y otros centros responsables de estimular las áreas de recompensa y de placer a nivel del cerebro, y que, también, eleva la producción de óxido nítrico que abre los vasos sanguíneos y mejora la circulación cerebral, además de liberar serotonina y reducir los niveles de cortisol. Todo esto tiene como resultado una disminución importante de la ansiedad y efectos relajantes casi inmediatos.

Es una tristeza que consuela. La música triste produce una sensación agradable y de disfrute en algunas personas porque, diversos estudios han demostrado que, al escucharla, el cerebro libera prolactina, una hormona que en realidad produce sentimientos de alivio y desahogo.

Comunicación. Ya se dijo que la música es capaz de producir reacciones similares en grupos de personas que se encuentran en las mismas condiciones, lo que permite conexiones emocionales entre ellas, por esta razón la gente baila, asiste a conciertos o realiza ejercicios sincronizados. Además de que es un elemento de fusión convergente para la defensa y el ataque. Por lo anterior, se habla de tambores de guerra o de música marcial, utilizadas por los ejércitos. Con base en esto se dice que la música es un lenguaje universal.

Planificación de movimientos. Se ha demostrado que el cerebro, de manera natural, hace que la música active los centros de movimiento para producir acciones rítmicas traducidas en baile o desplazamientos armónicos de algunas partes del cuerpo, aun estando aparentemente quietos (la cabeza, las manos o un zapateo).

Gusano musical. Por épocas, hay canciones que parecen no irse de la cabeza y aparecen de manera repetida, lo que algunos llaman gusanos musicales, que no es otra cosa que la necesidad de la corteza cerebral auditiva de completar lo que considera trozos de melodía incompleta, por lo que siempre trae a la memoria dicha melodía, buscando encontrar las piezas que no tienen.

En otras palabras, son pedazos de música, a veces muy elementales, que el cerebro interpreta como si les faltara algo. Esto es utilizado por los publicistas, hacen música promocional que genere recordación a partir de este mecanismo. Se ha visto que muchas canciones populares tienen fragmentos de este tipo, como el caso de We will Rock You, Despicable, Aserejé, We are the Champions, YMCA, entre otras. Estas son canciones que contienen factores de sorpresa, predicción, repetición rítmica, potencia melódica y recepción.

Raro disgusto musical. Existe un trastorno conocido como Anhedonia musical, que le impide a las personas experimentar gusto por la música, al parecer por una interrupción en las vías nerviosas que ponen en contacto el oído con los sistemas de recompensa cerebrales.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO
Twitter: @SaludET

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