Identifique al hombre violento y apártese

Identifique al hombre violento y apártese

Inseguridad, estereotipos y una comunidad tolerante actúan a favor del maltrato contra las mujeres.

pareja

El control excesivo y los celos permanentes de su pareja son síntomas de que algo no está bien en él.

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123RF

Por: CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
17 de septiembre 2018 , 09:52 p.m.

¿Cómo es posible que dos personas que dicen quererse puedan golpearse e, incluso, matarse? Esta es una pregunta obligada cuando se ponen en evidencia casos en los que, por lo general, una mujer resulta maltratada de manera grave por su compañero sentimental.

Para empezar, hay que decir que este tipo de violencia está tipificada dentro de los estereotipos denominados de género y específicamente hace referencia, de acuerdo con la psicóloga clínica Sandra Herrera, con maestría de la Universidad de Salamanca, a la imposibilidad de uno de los miembros de la pareja de aceptar que el otro es una persona independiente y no una parte de ella.

La psicóloga Ana María Rey, directora de Syncronía, dice que todo se inicia cuando no se acepta la diferencia que separa a una persona de la otra. Es negar, dice la experta, la alteridad que demuestra que una pareja son dos, y no esa fusión en uno solo que se proyecta románticamente como amor. “Eso solo existe en los boleros y no es amor de verdad”.

El problema es que esto que se piensa que es amor hace creer erróneamente, especialmente a los hombres, de acuerdo con la psiquiatra Olga Albornoz, que la mujer que está a su lado es una parte de él, dispuesta a atenderlo, cuidarlo y servirle, al punto de que si no lo hace, lo interpreta como un rechazo, una intención de hacerle daño o que está frente a una persona que lo odia.

Lo grave es que esto provoca reacciones de desprecio hacia la mujer, que de no trancarse, se pueden manifestar en agresión, remata Albornoz.

Pero aquí ocurre algo paradójico, manifiesta Herrera, porque en ocasiones, la mujer puede caer en la trampa de que los excesos de cuidado de su compañero son sólidos y verdaderos, a tal punto que hace lo que sea con tal de no perderlo. “Tanto que, en casos extremos, llega a percibir que si el hombre no la trata bien, es porque seguramente ha hecho algo malo y tiende a reforzarle sus cuidados y atenciones”, dice.

Este es el enganche más peligroso en el que puede caer una pareja, dice Albornoz, porque tal situación lo que incuba es una agresividad que en cualquier momento puede tener desenlaces fatales. Si bien estas fusiones pueden existir en la fase de pasión amorosa, agrega la psiquiatra, son un engaño porque poco a poco, la realidad se encarga de demostrar que las diferencias son inevitables y con ellas, las frustraciones.

Solo la madurez que cada cual tenga para reconocer esta verdad permitirá distanciarse del engaño o, por el contrario, quedar atrapado en un vínculo que no tendrá una salida sana”, remata Albornoz.

La cabeza del violento

Los hombres que golpean a su pareja mujer, cuando se sienten amenazados por el abandono o cuando de manera obsesiva piensan que pueden dejarlos por otro, tienen unas alteraciones características que, por lo general, se mantienen ocultas mientras su pareja los apoya y los acompaña, pero que al faltar esto se ponen de manifiesto en estallidos de violencia.

La psicóloga Herrera dice que ante el rechazo o la amenaza, los hombres sienten que se les derrumban su mundo interior y toda la fragilidad de su psiquismo, y esto hace que se conviertan en víctimas que incuban una agresividad que de no controlarse, los convierte en peligrosos victimarios.

Aunque pueden experimentar cierta vergüenza, no pueden evitar los actos violentos, “porque su cabeza piensa que con el golpe o, incluso, hasta con la muerte de su pareja pueden recuperar las partes que sienten perdidas en la compañera que se va”, dice Herrera.

Es algo así como ‘si no es para mí, no es para nadie’, porque para este tipo de hombres, la mujer es como una soldadura que llena todas sus grietas, al punto de que al deshacerse les despierta unos sentimientos que pueden ser muy peligrosos. No es casualidad, dice Albornoz, que los asesinatos y golpes a las mujeres se den por una separación o cuando ellas comunican su deseo de separarse.

Su cabeza piensa que con el golpe o hasta con la muerte de su pareja pueden recuperar las partes que sienten perdidas en la compañera que se va

Cultura insana

Todo lo anterior, desafortunadamente –dice la psicóloga Reyes–, es alimentado por modelos de comportamiento asimétricos entre hombres y mujeres que, en teoría, están definidos supuestamente para garantizar acoplamientos.

Por eso existen en el imaginario de las personas –continúa Reyes– hombres dominantes y mujeres pasivas que en el fondo dan paso a controles excesivos, que disfrazan celos injustificados y hasta enfermedades celotípicas.

Desafortunadamente, en algunas culturas, estas se normalizan e, incluso perversamente, pueden resultar hasta seductoras si la mujer no está educada en un marco de respeto.

“Es la trampa de los celos, que convierte equívocamente la cercanía en exigencias que de no cumplirse hacen que, en el caso de los hombres, se transformen en agresividad”, dice Reyes.

Círculo perverso

Lo complicado de toda esta situación, dice la psiquiatra Albornoz, es que después de que el hombre agrede, golpea o maltrata refuerza tanto su sentido de abandono que se arrepiente y le ruega a su mujer que no lo deje, que lo perdone, y le dice que no volverá a maltratarla.

Pero, lamentablemente, insiste la especialista, es la ocasión en la que la mujer maltratada experimenta un poder sobre él y se siente necesitada. Y si no hay una fortaleza ni una estructura mental sólida, la dependencia que ella tiene del hombre impide que este reconozca su fortaleza porque eso lo humilla y lo proyecta como dependiente, asunto que no soporta, y vuelve a abrirse el círculo de violencia.

Es claro, en palabras de Sandra Herrera, que si el hombre ha sido criado para dominar, tener éxito, ser potente y promiscuo, jamás reconocerá que tiene límites distintos, y frente a las mujeres considerará que su valor fundamental es ayudarle a promover sus dominios.

“Esto genera una dependencia casi infantil que atenta contra la autoestima femenina y no deja crecer a estos hombres violentos que terminan convertidos en una especie de niños grandes”, explica Herrera.

A lo anterior se suma, insiste Albornoz, que las sociedades promueven en la mujer que la sumisión es un valor y tienen que aguantar cualquier tipo de maltrato, bien sea para salvar una relación, un matrimonio e, incluso, la estabilidad de los propios hijos.

Todos estos mensajes se convierten, dice la experta, en un caldo de cultivo para la idealización de los supuestos hombres que aman demasiado, tanto que cuando aparece el maltrato contra ellas, piensan que en algo han fallado dentro de la relación y terminan culpabilizándose a sí mismas, en un intento por salvar lo que queda de una relación.

Aunque esto puede ser interpretado como masoquismo, no es más que el cierre de un círculo crítico de violencia.

Desde la crianza se debe insistir en educar para garantizar el respeto por el otro, la definición de límites y la tolerancia.

Hay que prevenir

Todo esto se puede evitar. Es urgente, dice la psiquiatra Olga Albornoz, que se entiendan estos fenómenos para proteger especialmente a las mujeres de caer en estas trampas. Es importante educar para derrumbar la trampa de los estereotipos y definición de roles convencionales para hombres y mujeres.

De igual forma, dice la psiquiatra, se deben favorecer espacios de salud mental para identificar rasgos tempranos, que permitan tanto a hombres como a mujeres fortalecer su personalidad, mejorar su autoestima y proyectar una educación emocional que fortalezca la autonomía, desde muy temprana edad, con el fin de proyectar personas con la capacidad de no depender de nadie.

Lea las señales

Apártese de los hombres que presenten los siguientes rasgos, descritos por Cristina Bartelli en su libro Liberarse es posible:

  1. Control excesivo.
  2. Celos permanentes.
  3. Comportamiento dual: simpático en público, agresivo en casa.
  4. Aislamiento excesivo.
  5. Consumo de alcohol, drogas o medicamentos.
  6. Reiteración en la violencia; violencia con terceros.
  7. Posesión de armas.
  8. Irritabilidad extrema por hechos menores.
  9. Seguimiento, espionaje, amenazas (incluso de suicidio), intimidación.
  10. Uso del sexo como poder.
  11. Exageraciones para pedir perdón.
  12. Dependencia emocional exagerada.
  13. Depresión.

Al menor indicio de violencia, póngalo en conocimiento de las autoridades o busque ayuda.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
ASESOR MÉDICO CASA EDITORIAL EL TIEMPO

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