El trastorno que puede enloquecer a las mujeres cada mes

El trastorno que puede enloquecer a las mujeres cada mes

Luisa padece trastorno disfórico premenstrual, un mal que en casos severos es una amenaza de muerte.

Migraña y menstruación

El trastorno disfórico premenstrual es una condición más severa que puede afectar al 5 por ciento de las mujeres, según estudios.

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123rf

Por: Ronny Suárez
21 de agosto 2018 , 12:04 p.m.

Luisa Acero sobrevivió a dos intentos de suicidio, pero esa es solo una pequeña parte de su historia de dolor. Durante décadas soportó depresiones y otros síntomas de trastornos mentales sin saber que la causa se escondía en su vientre, en esa regla que afecta la vida de las mujeres cada mes.

Luisa es llanera. Vive en Bogotá hace 11 años y buscó a la redacción de salud de EL TIEMPO para dar a conocer su caso, con el ánimo, según explica, “de divulgar una problemática desconocida para muchas mujeres”. Quizás de esa forma, sostiene, muchas no van a pasar por ese largo y doloroso camino del desconocimiento y de los diagnósticos errados.

Su motivación se explica en su propio drama: durante décadas pensó ciegamente que padecía una enfermedad mental severa, como depresión o bipolaridad, cuando en realidad sufría un trastorno disfórico premenstrual.

“Después de desarrollarme, a eso de los 13 años, empecé a tener comportamientos raros, parecía bipolar y me daban depresiones. Más o menos a los 15 años estas eran más profundas y empecé a visitar psicólogos y psiquiatras. Por esa época cometí mi primer intento de suicidio y tras eso me medicaron antidepresivos, pero nada me servía”, detalla en el comienzo de su relato.

Y continúa: “En la adolescencia, ocho días antes del periodo, las migrañas me paralizaban. Eso se sumaba a una tristeza inexplicable, lloraba sin control, no dormía, sacaba cualquier excusa para faltar al colegio y sentía un desgano como si me hubieran dado una paliza”. Dos días antes de la llegada del sangrado se agudizaba todo y cuando finalmente comenzaba “¡Pumm! todo se iba, parecía magia”.

Asegura que a medida que fue creciendo ese malestar ya no era de ocho días, sino de 15, y después de 20 y luego se extendía a prácticamente todo el mes. “Lo más extraño de todo era que había unos días en que me sentía mejor, bien, normal”, apunta.

Ese estado, recalca, era el menos frecuente. “Nunca pude ser funcional. Me desempeñaba como trabajadora social, pero cuando los ataques volvían yo renunciaba. Y en ese ir y venir tuve mi segundo intento de suicidio cuando tenía 28 años. Después de eso estuve internada. Y volvieron más medicamentos, más antidepresivos, más ansiolíticos y pastillas para dormir. Y más doctores, pero nunca una respuesta a lo que tenía”, lamenta.

Convencida de que su mal venía de su mente, estudió una maestría en psicología y salud mental. Y fue solo hasta el 2015, cuando tenía 35 años y se había hartado de los diagnósticos errados, que empezó a entender el origen de su sufrimiento. Buscó en internet algunos de sus síntomas y comenzó a relacionarlos con el patrón menstrual.

Su diagnóstico primario se confirmó cuando quedó embarazada, a los pocos meses. La ausencia del periodo alejó los síntomas que la aquejaban desde muy niña. 

Saber que no estaba loca me cambió la vida. Lloré mucho y lamenté que nadie me hubiera dicho lo que tenía y haber perdido tanto tiempo

Ciclo, hormonas y la cabeza

No son nuevos los trastornos que afectan a las mujeres y que se relacionan directamente con la menstruación. De hecho, el 85 por ciento de ellas ha manifestado padecer síntomas del síndrome premenstrual, un cuadro que se produce entre la ovulación y la menstruación y se manifiesta con cambios de humor, fatiga, irritabilidad y depresión.

El trastorno disfórico premenstrual es una condición más severa que puede afectar al 5 por ciento de las mujeres, según estudios. Está descrito en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, en su edición 11, como un patrón de síntomas del estado de ánimo (depresión, irritabilidad), somáticos (letargo, dolor en las articulaciones, comer en exceso) o cognitivos (dificultades de concentración, olvidos) que comienzan varios días antes del inicio de la menstruación, mejoran a los pocos días del inicio del sangrado y se vuelven mínimos o ausentes después de la aparición de la menstruación.

¿Pero cómo un problema hormonal se vuelve de carácter psiquiátrico? La ginecóloga Diana Carolina Vargas, de la Universidad Nacional, explica que el origen de este trastorno está en la fase lutea del periodo menstrual, marcada por la ovulación. En este momento del mes aparece la hormona progesterona, que causa usualmente los síntomas premenstruales comunes.

Sin embargo, las fluctuaciones en las concentraciones de la progesterona alteran a la serotonina y su precursor, el triptófano, neurotransmisores que influyen en importantes funciones corporales y psicológicas como la regulación de los estados de ánimo, la ansiedad y la tristeza, indica Jairo Amaya Guío, ginecólogo y epidemiólogo, profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia.

El problema, según señala Rodrigo Córdoba, director del programa de psiquiatría de la Universidad del Rosario, es que los síntomas de este cuadro clínico suele ser asociados por muchos psiquiatras como una depresión, y por eso el tratamiento que suele darse en principio es con antidepresivos.

Un mal que debe ser conocido

Luisa hoy tiene 37 años y tras el nacimiento de su hija se sometió a un tratamiento en Chile para desinflamar, desinfectar y aplicar frío en el útero, lo cual, asegura, controló los síntomas. “He recuperado mi vida y hoy soy la madre que mi hija merece”, dice.

“La idea es que a partir de mi testimonio las mujeres vean que muchas veces están internadas por enfermedades psiquiátricas, hay muchos matrimonios acabados, hay muchas en cárceles o muchas que han acabado con su vida y la de sus hijos por culpa de este trastorno severo”, concluye Luisa.

Y no exagera. A la luz han salido casos mediáticos de mujeres que bajo la influencia de ese trastorno han llegado, incluso, a cometer delitos. Christine English, de 36 años, atropelló y mató a su novio; y Sandie Smith, de 29 años, una camarera del este de Londres, que ya estaba en libertad condicional por apuñalar a otra camarera hasta la muerte, amenazó con matar a un policía con un cuchillo. Ambas fueron exoneradas por padecer trastorno disfórico premenstrual.

Los tratamientos

La mayoría de las mujeres en etapa reproductiva, valga decir, presenta variaciones de humor que no necesitan conducta terapéutica específica. Pero aquéllas, cuyos síntomas les producen discapacidad en el funcionamiento psicosocial, requieren diagnóstico y tratamiento temprano ya que esta patología puede invalidarlas en forma intermitente durante un tercio de su vida.

El tratamiento para los casos leves apunta a cambios en los estilo de vida, límites a la ingesta de carbohidratos, ejercicio aeróbico, técnicas de relajación y disminución de estrés. Los casos moderados ya requieren medicamentos que tiendan a elevar los niveles de serotonina, pero que a su vez puedan ser suspendidos en tiempos cortos.

En los casos severos, además de los medicamentos orientados por el psiquiatra, se requiere el concurso del ginecólogo para que en conjunto se tomen medidas para prevenir eventos posteriores. Se ha demostrado que la administración de calcio, magnesio y vitamina B6 puede aliviar algunos síntomas.

Hoy se habla también de beneficios con ahorradores de potasio y reguladores de la glándula hipófisis. Sólo en contados casos se indican tratamientos hormonales o cirugía ginecológica.

Vale aclarar que el estado de ánimo es cíclico en la mujer por la gran influencia de los sistemas hormonales sobre los sistemas de neurotransmisión y neuropeptídicos diencefálicos y corticales (en el cerebro).

Señales a tener en cuenta

Hay varias señales de alerta que una mujer puede detectar para relacionar los síntomas con el trastorno disfórico premenstrual y diferenciarlos, por ejemplo, de eventos puntuales de depresión.

De acuerdo con la ginecóloga Vargas, lo más importante es el momento de presentación de los síntomas. Estos usualmente se dan una semana antes de que empiece el periodo menstrual, o coincidiendo con el inicio del mismo y se ausentan cuando el periodo ha pasado.

Revisado esto, debe haber por lo menos cinco de los siguientes criterios para poder hablar de trastorno disfórico premenstrual: desinterés en actividades usuales, difícil concentración, baja energía, cambios en el sueño o apetito, sensación de abrogación o descontrol. Y por lo menos uno de estos síntomas principales presentes: marcada labilidad afectiva, irritabilidad, ansiedad y depresión; además de cólicos, dolor mamario, dolor de cabeza y sensación de hinchazón.

“La señal más importante a tener en cuenta es el compromiso de la funcionalidad. Es decir, que los pacientes tengan dificultades en su vida de pareja por los cambios marcados del estado de ánimo, o en su trabajo, o con sus seres queridos. Si esto se hace persistente, lo ideal es suministrar antidepresivos e inhibidores de la captación de serotonina”, afirma por su parte Córdoba.

No sobra la aclaración de que la consulta médica ante estas señales es perentoria.

Ronny Suárez
Periodista de Salud@RonnySuarez_

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