El drama de un famoso humorista que no puede dormir

El drama de un famoso humorista que no puede dormir

'Corozo', de La Luciérnaga, lleva siete años con una apnea que le quita el sueño, pero no el humor.

El problema de salud que no deja dormir a 'Corozo'El humorista de La Luciérnaga cuenta su Experiencia Saludable: cómo es vivir con una apnea del sueño crónica.
Corozo de La Luciérnaga

Néstor Gómez - EL TIEMPO

Por: Ronny Suárez - redactor de Salud
17 de agosto 2018 , 04:47 p.m.

“Mi Experiencia Saludable, aunque nadie me lo crea, es que hace siete años convivo con la apnea. Pierdo la respiración cuando me acuesto a dormir, y es que con este problema es muy difícil vivir”.

No es una de las trovas que cada tarde desde hace más de una década entona en el icónico programa radial La Luciérnaga. Es casi una confesión, a modo de canción con acento paisa, la que hace ‘Corozo’ sobre el problema de salud que, sin exagerar, le ha robado el sueño en las noches durante la última parte de su vida.

El verdadero nombre de ‘Corozo’, valga decir, es Marco Aurelio Giraldo, aunque muy pocos lo llaman así. Lleva su mote desde muy joven, cuando recién comenzaba en la trova en Granada (Antioquia) y tiene dos explicaciones. Una, por su motilado bajito, parecido al de un policía bachiller, que en su pueblo se asemejaban al fruto de la palma de corozo. Y la otra, la que él prefiere: “Porque a donde voy hago un papel muy decoroso”.

Gracias a su talento, no tardó en saltar a los medios de comunicación, en una época en la que todavía podía dormir bien. Hoy, acostarse en busca de descanso es un tiro al aire. Un disparo que casi siempre sale mal. “Anoche, por ejemplo, dormí dos o tres horitas. Me acosté tipo 11, y quedé despierto a la 1:30 de la mañana. Di vueltas en la cama, pensé en el día que me esperaba y oré mucho. Y acá estoy, cansado pero con actitud”, ilustra minutos después de llegar a este diario a cumplir la cita para contar su historia.

Y comienza, cómo no, por el principio:

“Todo se inició con despertares nocturnos constantes; no sabía por qué, preocupado, quizás, y empezaba a dar vueltas y vueltas sin poder conciliar el sueño”. Fue durmiendo cada vez menos porque la respiración se ausentaba. Es decir, su cuerpo dejaba de respirar involuntariamente, lo cual lleva a una lógica reacción: despertar. Hoy, “en una buena noche” logra dormir tres horas. “A veces logro conciliar un sueño superficial en el que yo estoy pensando, sintiendo todo lo que está ocurriendo a mi alrededor, entonces de reparador no tiene nada”.

“No duermo y descanso poco, para realizar mi labor. Yo ya estoy que me busco un trabajo de celador”, bromea en un chispazo que comenzó en apunte y terminó en trova, como suele sucederle.

Lo que sigue lo dice más serio. “Llegan las seis de la mañana, hora de levantarme, y es muy duro, muy complicado. Yo lo comparo con como cuando uno está en una fiesta y tiene que levantarse a las 8 de la mañana enguayabado. Yo me levanto todos los días así, con mucho dolor de cabeza, mal genio, pero sin sed. Es complicado”, sentencia.

El baño lo reactiva, dice, pero el resto del día es una carga pesada. Después del almuerzo comienza una somnolencia mayor, cansancio y agotamiento, describe. Y lo más fuerte está por venir. La Luciérnaga prende micrófonos a las 4 de la tarde, cuando la mayoría ya está terminando su jornada laboral. “Yo solo le pido a Dios que me dé moral, que no me deje dormir. Yo todo esto lo he puesto en manos de Él”, confiesa.

A veces logro conciliar un sueño superficial en el que yo estoy pensando, sintiendo todo lo que está ocurriendo a mi alrededor, entonces de reparador no tiene nada

Tratando de superar la apnea

“Si uno no respira, se muere”, sintetiza Corozo, de la manera más cruda y simple posible, lo complejo del mal que lleva. Se trata, en realidad, de la apnea obstructiva del sueño, un problema más común de lo que se cree. En Colombia, el 26% de las personas la sufren en algún grado, según el ‘Estudio nacional de quejas de sueño’ y otras investigaciones académicas.

En esencia, la respiración de quienes la padecen se interrumpe durante el sueño o el flujo de aire es insuficiente. Felipe Uriza, investigador en la materia, explica que –por lo general–, la persona con apnea ronca muy fuerte cuando se queda dormida. Luego, este ronquido se interrumpe y da lugar a un periodo silencioso (superior a diez segundos) en el que no hay respiración. Finalmente aparece un fuerte jadeo de la persona tratando de respirar.

Ese ciclo se repite varias veces por noche. Y en el caso de ‘Corozo’, al menos 33, según un estudio de sueño (polisomnografía) que le practicaron.

Este examen, que registra las funciones corporales mientras se duerme –o se trata de dormir–, es uno de tantos que, afirma, le han practicado. Al comienzo de su padecimiento le recetaban “brebajes, pastillitas, aromáticas y aceiticos” para invocar el sueño. Luego paseó por cuanto especialista le recomendaban. Después acudió a un CPAP (siglas en inglés), dispositivo de presión positiva continua en las vías aéreas que, en términos cristianos, es una máscara que le suministra aire en la noche. Le acabó la apnea, pero él no logró adaptarse. Nada resultaba.

“Me recomendaron hacerme una cirugía plástica de la laringe, que porque se me obstruía la garganta. Fue una cirugía muy dolorosa. Estuve un mes y medio sin hablar, sin comer. Y, tristemente, tengo que decirlo: no me ayudó mucho. Mi problema disminuyó muy levemente, pasé a tener 25 episodios por noche”, recuenta resignado.

Lo que no han logrado encontrar los especialistas es el origen de esta patología, propia de seres muy obesos o muy viejos, y no de personas “con físico de modelo de televisión”, como bromea sobre su delgado cuerpo.

Un paso adelante
Corozo de La Luciérnaga

Corozo lleva 13 años en La Luciérnaga.

Foto:

Néstor Gómez - EL TIEMPO

A ‘Corozo’ le falta sueño pero le sobra actitud. Es fácil admirar la velocidad mental con la que responde y el chascarrillo que lanza luego de cada apunte. Lo que, en últimas, es un disimular prominente de su enfermedad. Acepta, eso sí, que le preocupan los riesgos que trae la apnea, como problemas cardiovasculares, diabetes, males gástricos y alteraciones mentales y neurológicas.

Encomienda su futuro a Dios y a lo que Él quiera hacer con su enfermedad. Y, en cuando al sueño y a la posibilidad de poder vivirlo, confía en una cirugía de la que le hablaron –una más– o en adaptarse definitivamente al CPAP.

“Nadie debe acongojarse si sufre una enfermedad, porque las dificultades visten de oportunidad”, remata en trova antes de marcharse a otra tarde de trabajo.

Prevención y tratamiento de la apnea del sueño

Felipe Uriza, investigador principal del Consorcio AOS (Síndrome Apnea Obstructiva), explica que esta patología tiene múltiples causas, desde las genéticas hasta factores ambientales e individuales. Las personas de avanzada edad y las obesas son más propensas a padecerla, pero también aquellas que tienen tejidos blandos en las vías aéreas superiores, así como las de maxilar corto y amígdalas grandes.

Hay ciertas acciones que pueden motivarla, como el consumo de licor y de sedantes, dormir boca arriba y el tabaquismo. Cuando a una persona ya se le ha diagnosticado este mal, la primera recomendación de los especialistas es incorporar estilos de vida saludables a la rutina, tales como la alimentación balanceada y el ejercicio. Una investigación de la Universidad de Baylor, en Estados Unidos, demostró, por ejemplo, que el 75% de las personas que realizan alguna actividad física regular tienen un sueño más reparador.

Aunque la sensación de descanso es individual, diversas investigaciones basadas en la evidencia permiten afirmar que dormir acostado de lado, apoyado sobre el flanco izquierdo del cuerpo, es la mejor posición posible en términos de descanso, entre otras razones porque evita que los tejidos blandos caigan y obstruyan la vía aérea.
Uriza recuerda también que es vital una buena higiene del sueño (horarios definidos, sitios adecuados y una rutina adaptada), y en casos severos se indica aire a presión por un CPAP o cirugía cuando es necesario eliminar tejidos de la faringe.


RONNY SUÁREZ@ronnysuarez_

Si conoce historias de superación dignas de ser contadas escriba a ronsua@eltiempo.com y josmoj@eltiempo.com.

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