‘Los rituales y la persistencia son la clave de la felicidad’

‘Los rituales y la persistencia son la clave de la felicidad’

Para alcanzarla necesitamos practicar, tal como lo hace un jugador de tenis, dice Tal Ben-Shahar.

Felicidad

Este experto asegura que mientras más felices somos, mejores son nuestras relaciones, rendimiento y salud.

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123RF

Por: Sofía Beuchat - El Mercurio (Chile) - GDA
06 de octubre 2018 , 10:59 p.m.

¿Existirá alguna idea más cercana al concepto de ‘estar en la cima’, para alguien que se dedica al mundo académico, que pasar a la historia como el profesor que más alumnos ha congregado en Harvard?

Durante años, Tal Ben-Shahar saboreó ese triunfo: a su curso sobre psicología positiva llegaban, en promedio, 1.400 alumnos cada semestre, cifra tan abultada como inédita. Los estudiantes hacían fila para entrar, y algunos ciudadanos de a pie lograban colarse.

Pero, un día de 2012, lo dejó. No era feliz.

Armó maletas y se fue de regreso a Israel, su país natal, a enseñar el mismo curso en una universidad privada fundada apenas un par de años antes, en la poco conocida ciudad costera de Herzilaya. La decisión podrá sorprender a muchos, pero no a él. Dos décadas antes había dado un giro similar: a los 17 años había desarrollado una exitosa carrera como deportista y su futuro en ese ámbito era promisorio. Como campeón israelí de squash, viajaba por el mundo y le iba muy bien. Ganaba partidos y ganaba dinero. Era un ‘winner’ al que la vida no hacía más que sonreírle.

Pero, un día de 1987, lo dejó. No era feliz. Armó sus maletas y se fue a Estados Unidos a estudiar.

Psicología pop

Tal Ben-Shahar, doctor en filosofía y autor de varios libros sobre la felicidad –los más conocidos son ‘Happier’ (2008) y ‘Even Happier’ (2010)–, se dedica a dar conferencias por todo el mundo sobre este tema.

Este año está particularmente ocupado: la gira VII Sura Summit lo tendrá dictando este mes su charla ‘La ciencia de tu felicidad’ en Santiago, Lima, Montevideo, Ciudad de México, San Salvador, Bogotá (el 18) y Medellín (el 19). No para.

Pero no es fácil andar por la vida como ‘el doctor felicidad’. Se supone que debe ser feliz. Es lo que la gente espera. Pero ¿el psiquiatra que hace terapia de parejas debe estar felizmente casado? ¿El médico no puede fumar? ¿El escritor de novelas románticas tiene que estar enamorado?

Para él, la respuesta es clara: “Solo hay dos tipos de personas que no experimentan altos y bajos y que nunca sienten ansiedad, pena, envidia o frustración: los psicopáticos y los muertos. Y, dado que yo no soy psicopático y estoy vivo, sí, experimento altos y bajos”.

Para Ben-Shahar, el no aceptar la infelicidad es la barrera más grande en el camino hacia la felicidad. “Solo aceptando la infelicidad podremos alcanzar nuestro potencial de felicidad –asegura–. Por más que intentemos tapar la pena, el estrés o la ansiedad con medicamentos de última generación”.

“No estoy en contra de la medicación psiquiátrica, porque en algunos casos el uso de antidepresivos o ansiolíticos puede salvar una vida –precisa–. Pero sí me opongo al excesivo apoyo en ellos. Experimentar tristeza o ansiedad puede ser una importante puerta de entrada hacia el crecimiento y desarrollo personal, por lo que medicarse para eliminar cualquier falta de confort elimina esta oportunidad. Sí, estamos acercándonos a la distopía de Aldous Huxley en su novela ‘Un mundo feliz’, y a medida que las drogas van mejorando, más y más gente está abierta a consumirlas. Pero espero que podamos detener esta resbaladiza pendiente hacia abajo”.

El psicólogo habla por experiencia propia, porque su insatisfacción vital fue finalmente el motor que le dio sentido a toda su vida; el impulso que lo llevó a investigar sobre el tema que lo ha convertido en un ‘gurú de la felicidad’.

“Estaba estudiando ciencias de la computación en Harvard. Me iba bien en lo académico, en lo social, en lo deportivo... pero no era feliz. Mirando mi vida desde afuera, todo parecía genial, pero no lo sentía así dentro de mí. Y no sabía por qué. Por eso, durante mi segundo año en Harvard, fui a ver a mi asesora académica y le anuncié que me iba a cambiar de carrera. ‘Voy a dejar la computación para entrar a Filosofía y Psicología’, le dije. Cuando preguntó por qué, respondí: ‘porque tengo dos preguntas. La primera es por qué no soy feliz; la segunda, qué puedo hacer para serlo’ ”.

Desde entonces, el psicólogo ha articulado toda su vida en torno a la búsqueda de respuestas con respaldo científico para estas dos inquietudes fundamentales. Pero la felicidad, se queja, es un campo fértil para la liviandad y lo superfluo.

“En todo lo que se relaciona con la búsqueda de bienestar, suele haber mucho carisma, y relativamente poca sustancia. Prometen felicidad en cinco pasos, tres secretos para el éxito, cuatro caminos para encontrar al amante perfecto. Son recetas vacías que han hecho que, con el tiempo, la gente se haya vuelto algo escéptica frente al concepto de autoayuda. Al otro lado tenemos la academia, con investigaciones que sí tienen sustancia, pero que no parecen haber encontrado la manera de llegar a la mayoría de los hogares. Como yo lo veo, el rol de la ciencia de la felicidad es construir un puente entre esa torre de marfil y la calle; entre el rigor académico y lo entretenida que puede ser la autoayuda”. Todo con tal de no caer en lo que llama, irónicamente, la “psicología pop”.

La felicidad se practica

Las ideas en torno a cómo ser feliz, dice Ben-Shahar, no han cambiado demasiado desde que lanzó sus libros ‘Happier’ y ‘Even Happier’, porque muchas de ellas se remiten al sentido común. Por ejemplo, que el dinero, una vez resueltas las necesidades básicas, no hace la felicidad. O que los buenos hábitos ayudan bastante, y el perfeccionismo, poco.

“Lo que sí se ha hecho claro y está siendo enfatizado hoy es la importancia de la persistencia. Es necesario crear rituales para potenciar la propia felicidad. Sin estos rituales, sin una acción continuada y persistente, es imposible que el ámbito de la felicidad mejore y crezca. Tal como se necesita practicar para ser un mejor jugador de tenis o tocar mejor el violín, es necesario ponerle horas a la práctica de la felicidad”.

¿Y cómo logra eso una persona con una agenda tan apretada como Ben-Shahar? Él asegura que se puede con algunos rituales regulares y, en la medida de lo posible, no transables. En su caso: 10 minutos de meditación en las mañanas, 40 minutos de ejercicio tres veces a la semana, 30 minutos de yoga tres veces a la semana y escribir en su cuaderno personal al menos una vez a la semana.

Palabra clave: moderación

Pero anota que si bien “es importante dormir bien, comer bien y ejercitarse regularmente”, no hay que llevar las cosas al extremo. “Un concepto clave en la búsqueda de la felicidad es la moderación. Duermo siete a ocho horas diarias y como de manera relativamente saludable, aunque disfruto de un rico y poco sano postre dos o tres veces a la semana”, asegura

La psicóloga estadounidense Laurie Santos, quien hace el curso sobre felicidad y psicología positiva en Yale, apoya el trabajo con sus alumnos en una aplicación que permite ir registrando sus avances en el camino a la felicidad. Y a Tal le parece genial: la tecnología, asegura, puede ser utilizada para recordarnos nuestros compromisos, lo que es muy importante y remite a la idea de que ‘viejos valores’, como la paciencia y el trabajo duro, que no han perdido vigencia.

Y es que la felicidad –añade–, a fin de cuentas, no es algo efímero, como podría serlo la sensación de alegría, sino que se relaciona directamente con la satisfacción de haber avanzado en el camino hacia el logro de metas personales.

La inmediatez del mundo actual va en contra de estos viejos valores: la vida de pareja se alimenta de aplicaciones que ofrecen instantaneidad, como Tinder; la alimentación que se quiere llega a la puerta de nuestras viviendas en minutos con Uber Eats, y los trabajos son cada vez más desechables gracias a las constantes oportunidades de cambio que presentan aplicaciones como LinkedIn.

Bajar la velocidad es vital para nuestra felicidad presente y futura”, anota Ben-Shahar. “El amor fácil no es un sustituto para el amor profundo, ganado con esfuerzo. La comida rápida no sustituye al ‘slow eating’. Cambiando de trabajo tanto como nos cambiamos de calcetines no podemos aprender hondamente sobre ningún tema y, más importante aún, no podemos forjar relaciones profesionales profundas”.

Como alguna vez escribió el filósofo Henry David Thoreau, “la vida es demasiado corta para andar apurado”.

Las pequeñas cosas

En muchos países latinoamericanos, hay gente que pasa horas en trancones eternos para llegar a trabajar en algo que odian, y el regreso suele ser peor. No les queda mucho tiempo para compartir con sus familias. ¿Qué puede un experto en felicidad, trasplantado desde una realidad tan ajena como las aulas de Harvard, decirles a estas personas? Ben-Shahar cree que mucho.

“Les diría que la clave está en hacer pequeños cambios, y ser persistente con ellos –responde–. Incluso si te las arreglas para pasar apenas una hora extra a la semana con tu familia, esa hora puede hacer una gran diferencia en tu sensación general de felicidad. Subir las escaleras en vez de tomar un ascensor hace la diferencia; también la hace respirar profundamente un par de veces, en el camino desde y hacia el trabajo. Los cambios no tienen por qué ser radicales. A veces basta con pequeñas cosas”.

¿Y el éxito? ¿Es la clave de felicidad? “La generación ‘millennial’ –dice el psicólogo– ha vuelto a poner luz sobre esta discusión al cuestionar el sentido tradicional del éxito”. Y explica: “Están trayendo una mirada fresca al mundo del trabajo. Buscan algo más que un sueldo: buscan un sentido. Sus demandas traerán, esperamos, un entorno laboral más humano e interesante”.

Pero luego advierte que tendrán dos desafíos que enfrentar: la tecnología y el fracaso. “Deben tener cuidado de no ser absorbidos por la tecnología al punto de perderse las relaciones humanas reales, porque mil amigos en Facebook no sustituyen a ese ‘un mejor amigo’. Y, frente al fracaso, los ‘millennials’ tienden a ser más reticentes a arriesgarse a caer, cuando no hay mejor manera de aprender que equivocarse”.

Pero, en esta discusión, lo central para Ben-Shahar es entender que el ciclo metas-éxito-felicidad no actúa como se cree. “La sabiduría convencional nos dice que la consecución de cualquier meta que las personas asocien con éxito las llevará a una tierra prometida donde vivirán felices para siempre. Craso error. Hay bastante evidencia que demuestra que lograr el éxito, sin importar qué tan comprometidos estemos con esa causa, no lleva a un bienestar duradero. En cambio, lo que los estudios muestran es que si aumentas tus niveles de felicidad, también aumentas las probabilidades de tener éxito”.

Esto, concluye, es un hallazgo muy importante. Porque “mientras más feliz eres, mejor es tu rendimiento, mejores son tus relaciones personales y profesionales, y mejor es tu salud mental y física. No al revés. Y esto, si bien es un fenómeno individual, tiene un efecto colectivo”.

Y remata: “La búsqueda personal de felicidad mejora nuestra existencia grupal. La gente feliz es por lo general más generosa, benevolente, amable y abierta hacia otros. Cuando ayudamos a otros nos sentimos mejor con nosotros mismos y, al tiempo, cuando nos ayudamos a nosotros mismos estamos más inclinados a ayudar a otros. Es en este círculo virtuoso donde debiéramos cultivar y estimular la búsqueda de felicidad en nosotros y en los demás”.

SOFÍA BEUCHAT
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @ElMercurio_cl

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