El amor es una cuestión ‘muy cerebral’

El amor es una cuestión ‘muy cerebral’

Este sentimiento activa zonas y conexiones neurológicas que nos llevan a actuar de ciertas formas.

Razonamiento y amor

Existen áreas cerebrales que se activan solo ante el estímulo del amor.

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123RF

08 de septiembre 2018 , 10:00 p.m.

Las emociones y sentimientos son inherentes al ser humano y cuando nos invaden se producen alteraciones neurológicas y neuroquímicas en nuestro cerebro. El amor (un sentimiento como la culpa o la vergüenza) no es la excepción a esta regla y tiene claros fundamentos biológicos que resultan ser los responsables de las conductas que el amor termina generando en los seres humanos.

“El cerebro no es igual con o sin amor. Un cerebro enamorado es diferente. En una situación de amor se produce una elevación de adrenalina, un aumento de dopamina y una disminución de serotonina”, afirma en una entrevista con ‘Europa Press’ el médico especialista en clínica médica y cardiólogo Daniel López Rosetti, con motivo de la publicación de su libro ‘Emoción y sentimientos’ (editorial Ariel).

El experto, de nacionalidad argentina, señala que el cerebro es capaz de cambiar de estructura gracias a su poder de plasticidad, lo que le permite formar diferentes conexiones neuronales en determinadas circunstancias. “Pasa en un proceso de aprendizaje, de sociabilización o cuando surge el amor. Con el amor el cerebro cambia, y hablamos de un cambio físico visible, anatómico”, explica.

Existen áreas cerebrales que se activan solo ante el estímulo del amor, como en el caso de la ínsula o quinto lóbulo cerebral, que está comprobado que recoge funciones relacionadas con este sentimiento, aunque también con el odio. “Amor y odio conviven en la misma área cerebral”, advierte, y por eso también recuerda el famoso dicho de que ‘del amor al odio hay solo un paso’, y esto es así porque coexisten ambos en el mismo lóbulo cerebral.

Los métodos actuales de estudio por medio de neuroimágenes han permitido distinguir con claridad las áreas cerebrales que se activan ante el deseo y ante el amor, y también la secuencia temporal en la activación. “Cuando se invita a una persona a que haga referencia al ser que ama, los escáneres cerebrales revelan que se activa específicamente la parte anterior del lóbulo de la ínsula. El sentimiento de amor es un reflejo de la activación de esta área de nuestro cerebro. En cambio, el deseo sexual se localiza en la parte posterior del lóbulo de la ínsula. Como vemos, en esta región cerebral habitan ambas funciones. La atracción sexual es base y cimiento del amor y el amor contiene en su seno el deseo. Y como ‘ínsula’ significa ‘isla’ podríamos decir que en una isla del cerebro conviven el amor y el deseo”, anota el profesional.

López Rosetti ve al amor de pareja como una ventaja evolutiva: una relación recíproca de mutuo interés y cuidado, que incluye en su génesis y sostenimiento el deseo sexual. “El sentimiento más antiguo es el amor. Fue el que determinó que macho y hembra estén juntos para que las crías puedan sobrevivir”.

Cuando se activan las áreas cerebrales involucradas en el deseo sexual se produce como contrapartida una disminución de la activación de aquellas otras áreas responsables del razonamiento crítico

Y a tal punto opera el anterior dato, que cuando se activan las áreas cerebrales involucradas en el deseo sexual se produce como contrapartida una disminución de la activación de aquellas otras áreas cerebrales responsables del razonamiento crítico, ubicadas en los lóbulos frontales, los responsables del pensamiento. “Esto justifica la afirmación popular de que ‘el enamorado no oye razones’ ”.

Pero la ínsula o quinto lóbulo cerebral no es la única parte del cerebro que se activa en estas situaciones. Hay otras áreas cerebrales que intervienen en la excitación sexual, según diversos estudios: el hipotálamo, la ínsula, el estriado ventral, el hipocampo, áreas del sistema límbico, la corteza cingulada anterior, áreas específicas del lóbulo occipital y del lóbulo temporal, la circunvolución frontal media, la circunvolución temporal superior, la circunvolución precentral, la conjunción temporoparietal, el lóbulo parietal inferior y la corteza somatosensorial.

“Lo interesante es que estas áreas también se activan cuando una persona nota activación emocional sexual en otra, en una suerte de activación sexual recíproca”.

“Nos gusta creer que somos seres racionales, pero la verdad es que somos seres emocionales que razonamos”, dice López Rosetti. Y explica: “Los seres humanos existimos como tales hace cuatro millones de años, pero la razón y el pensamiento solo aparecieron hace unos 50.000 años, la nada misma en términos de historia evolutiva. Hasta ese momento solo éramos emociones y sentimientos. Por eso es que hoy casi no hay decisión humana que no esté determinada por una emoción o un sentimiento. Lo que pasa es que luego la racionalizamos. Hay que entender que la razón es un fenómeno recién llegado a nuestro desarrollo evolutivo”.

EUROPA PRESS
Madrid

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