Ansiedad que mata el goce / Sexo con Esther

Ansiedad que mata el goce / Sexo con Esther

El pánico a fallar, la inseguridad y la expectativa exagerada actúan en contra del desempeño sexual.

Sexo

Es importante fortalecer la autoestima, permitiéndose reconocer el cuerpo y sus reacciones.

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123RF

08 de septiembre 2018 , 10:00 p.m.

El pánico a fallar, la inseguridad generada por una mala faena pasada y la expectativa exagerada son elementos que pueden actuar en contra del desempeño sobre el catre.

Ansiedad sexual llaman los expertos a esta situación que como su nombre lo dice por lo general se acompaña de palpitaciones, taquicardia, sensación de mareo, dificultad para respirar y hasta un hormigueo en todo el cuerpo, que lo único que generan son ganas de salir corriendo.

El asunto es que esta condición la padecen tanto hombres como mujeres de una manera silenciosa, al punto que dicho estrés va dando paso progresivo a un desgano que saca en estampida el deseo sexual y, consecuentemente, todas las reacciones orgánicas y emocionales que configuran la comparsa necesaria para un polvo.

La consecuencia no puede ser otra que la negativa a deslizarse bajo las sábanas con fines recreativos y en no pocos casos una percepción de angustia y desazón que puede traducirse en irritabilidad, bajo rendimiento laboral, insomnio y hasta en depresión.

Aquí no hay otra solución que ponerle el pecho a esta condición, para empezar a reconocerla y por el mismo camino dejar de justificarla y buscar ayuda para tratarla. Lo primero es dialogar con su pareja, porque está claro que en muchas oportunidades estas evasiones son interpretadas por la contraparte como un rechazo.

También es importante fortalecer la autoestima, permitiéndose reconocer el cuerpo y sus reacciones, explorar nuevas sensaciones y permitirse la libertad de saber qué le gusta o qué no le gusta, en un contexto en el que los ritmos, tiempos y puestas en escena de la actividad sexual sean absolutamente personales y no un elemento de comparación a partir de referencias externas. En otras palabras, tener la certeza de que con lo que se tiene es suficiente, sin sentir ninguna vergüenza.

Todo esto, reitero, debe hacerse en pareja, sin ningún tipo de temor. Y si a pesar de eso las cosas no funcionan, queda el sano recurso de la consulta con expertos que sin duda, a través de procesos que pueden incluir fármacos, terapias y hasta procedimientos, pondrán las cosas de nuevo en su sitio y en su punto, para recomponer el goce. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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