Religiosas víctimas de abuso, el otro escándalo de la Iglesia católica

Religiosas víctimas de abuso, el otro escándalo de la Iglesia católica

Un documental rompe un silencio añejo y cómplice sobre abusos sexuales contra religiosas.

Religiosas víctimas de abuso, el otro escándalo de la Iglesia católica

Las primeras denuncias sobre abusos sexuales de religiosas cometidos por clérigos se conocieron en los noventa y se reiteraron en los primeros años de este siglo, pero el Vaticano jamás se pronunció.

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Archivo EL TIEMPO

Por: Gloria Helena Rey
12 de marzo 2019 , 09:38 p. m.

Transmitido en la antesala del Día Internacional de la Mujer el pasado 5 de febrero por el canal francoalemán Arte, el documental rasgó el pesado y oscuro velo de una impunidad de siglos y denunció, con testimonios, los abusos sexuales padecidos por religiosas a manos de obispos y sacerdotes católicos.

Los documentalistas franceses Marie-Pierre Raimbault, Éric Quintin y Élizabeth Drévillon realizaron una investigación de tres años con encuestas en cuatro continentes y entrevistaron a novicias y monjas víctimas de abuso sexual para producir Religiosas abusadas, el otro escándalo de la Iglesia, en el que denuncian atropellos de autoridad, violaciones, abortos y los métodos empleados por la Iglesia para evitar los escándalos que habrían producido las denuncias públicas sobre esas agresiones.

No es una denuncia nueva, pero lo que hace que el documental sea muy significativo es que se transmitió el mismo día que el papa Francisco reconoció, oficialmente y por primera vez en la historia, que esos abusos sí existen, durante una rueda de prensa en el avión que lo llevaba de regreso a Roma desde los Emiratos Árabes el martes pasado.

Los primeros testimonios respecto de esos atropellos los publicó el periódico National Catholic Reporter hace 18 años, y el Parlamento Europeo aprobó, antes de la proyección del documental, una resolución sobre violencia sexual contra las mujeres que incluyó a las religiosas católicas. Otras denuncias circularon también en la década de los 90 y los primeros años de este siglo, pero el Vaticano jamás se pronunció al respecto.

El pontífice también reveló en la rueda de prensa que se han suspendido y expulsado algunos clérigos por esa causa, y recordó la disolución de una congregación religiosa femenina en la que había “esclavitud sexual”, y en cuya clausura jugó un importante papel el papa emérito Benedicto XVI.

Anuncio además: “Quiero seguir adelante. Hay casos... sobre todo en algunas congregaciones, especialmente nuevas... y en algunas regiones más que en otras...”.

El reconocimiento dio esperanzas a muchas religiosas y al sector progresista de la Iglesia, que estima que la única forma de fortalecerla y revitalizarla es aceptando, enfrentando, actuando, frenando y acabando con flagelos como estos, que la desfiguran y debilitan. Para los críticos, el documental plantea un serio cuestionamiento sobre el lugar de las mujeres en las congregaciones religiosas y el poder absoluto otorgado a obispos y sacerdotes con respecto a ellas.

Roma nunca respondió a estas monjas, que exigieron la intervención de las autoridades del clero y justicia, pero que nunca fueron escuchadas

El objetivo

EL TIEMPO buscó a los documentalistas, pero no obtuvo una respuesta directa, aunque consiguió sus declaraciones a la emisora radial francesa France Info, en las que dicen que el principal objetivo del documental fue demostrar que, pese a que el maltrato de las religiosas es secular, los abusos en su contra están “vigentes y son contemporáneos”, según la periodista Raimbault, una de las autoras.

Como mujer, cuando me di cuenta de la magnitud del fenómeno y el sufrimiento de las víctimas que conocí, quería que tuvieran espacio para reconocer su dolor y su estado de víctima

“Las monjas maltratadas fueron consideradas culpables por la institución. Como mujer, cuando me di cuenta de la magnitud del fenómeno y el sufrimiento de las víctimas que conocí, quería que tuvieran espacio para reconocer su dolor y su estado de víctima. Esto es lo que intentamos hacer con esta película”, explicó.

Al contrario de los menores abusados, las religiosas adultas “tienen siempre que demostrar que no ha habido consentimiento. Es como si todos los curas fueran homosexuales”, afirmó indignada frente a esa exigencia la periodista e historiadora italiana Lucetta Scaraffia, directora del suplemento femenino del L’Osservatore Romano, el diario oficial de la Santa Sede, en una entrevista con Ismael Monzón publicada en El Comercio de Perú.

Scaraffia, quien se declara feminista, es la primera voz de condena a estos abusos dentro del mismo Vaticano. Antes había denunciado la discriminación de las mujeres en la organización del clero y las condiciones degradantes de las monjas, que siempre trabajan al servicio de los hombres.

En su opinión, con las denuncias de las religiosas se está desatando una especie de #MeToo dentro de la Iglesia, una institución respetada pero “machista en los estándares de Occidente, aunque el Evangelio sea el libro más feminista que existe”.

No se planeó

El documental no fue el resultado de una programación e intención específica, sino producto del azar. Raimbault dijo que prácticamente se tropezó con el tema cuando investigaba sobre la vida que llevan las madres prostituidas y al descubrir en internet el artículo ‘Los burdeles del Vaticano’, que hablaba sobre la sexualidad en la Iglesia desde lo histórico.

También, al encontrar los informes sobre los abusos sexuales de religiosas cometidos por clérigos, informes que fueron enviados al Vaticano por las monjas y ginecólogas Maura O’Donohue y Marie MacDonald en los 90, en los cuales mencionaban el número de monjas violadas en 23 países.

Explicó que O’Donohue reunió información cuando recorrió esas naciones como representante de Caritas y MacDonald, cuando, como misionera en África, fue la primera en denunciar ante el Vaticano los embarazos y abortos forzados de monjas violadas por sacerdotes.

“Por lo tanto, era un modo de funcionamiento sistémico en la Iglesia católica, y el Vaticano lo sabía. Además, Roma nunca respondió a estas monjas, que exigieron la intervención de las autoridades del clero y justicia, pero nunca fueron escuchadas”, aseguró.

Aunque admitió que durante la filmación no se presentaron dificultades con el Vaticano ni con las congregaciones religiosas que menciona el documental, sí hubo problemas con las víctimas “porque son mujeres heridas, disociadas, fragmentadas... Han sido violadas doblemente, como mujeres y como monjas. Su violación fue psicológica, física y espiritual”.

Por eso tuvo que convencerlas de hablar, pues dudaban del apoyo que recibirían en un momento en el cual, prácticamente, no se habían hecho públicas las denuncias sobre pedofilia y no existía aún la campaña mundial del #MeToo.

Explicó que, por sus condiciones de dependencia y precariedad económica, la mayoría de las religiosas presentan problemas de inseguridad que son aprovechados por el sacerdote depredador, que los convierte herramienta de poder y presión.
También reveló que detectó una gran dualidad en las entrevistadas, que, por un lado, querían denunciar el atropello y, por otro, tenían miedo de dañar la imagen de la iglesia a la que pertenecían.

Esa dualidad se aprecia, por ejemplo, en las declaraciones que dio a BBC Mundo la religiosa Doris Wagner-Resinger, quien fue violada y abandonó la comunidad religiosa a la cual pertenecía en Alemania. Contó que sufrió una fuerte crisis de fe porque no sabía si lo que pasaba era porque Dios lo quería y porque si denunciaba, temía dañar la imagen de la Iglesia. “Antes de que abusaran de mí sexualmente, lo hicieron espiritualmente”, afirmó.

Creemos que él (el Papa) quería mostrar al mundo que estaba
al tanto de estos abusos y preocupado por el destino de las monjas maltratadas

Buscaron al Papa

Los documentalistas se han declarado esperanzados con las declaraciones del pontífice sobre los abusos, pues no solo las consideran muy significativas, sino que no fueron hechas al azar. “El Papa conocía el contenido de nuestra película.

Habíamos pedido una entrevista con dos religiosas violadas. Aceptó recibirnos, pero sin cámaras... Creemos que él quería mostrar al mundo que estaba al tanto de estos abusos y preocupado por el destino de las monjas maltratadas”, reveló Raimbault.

Al responder si el reconocimiento papal de estas agresiones podrá abrir el camino a soluciones duraderas, dijo: “Diríamos que el Papa es solo la punta del iceberg, pues el poder real está en manos de la curia, dentro de la cual conviven progresistas y conservadores. Los últimos, que son mayoría en la actualidad, buscarán sofocar cualquier intento reformista, pues algunos de ellos están involucrados en los abusos, pedofilia y escándalos de homosexualidad, como se demuestra en Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano, de Frédéric Martel.

Pero pensamos que poco a poco, las cosas irán en dirección a la verdad... si la curia intenta minimizar este negocio, sería inepta. Eso podría ir en su contra y hacer mucho más difícil la restauración de la imagen de la Iglesia”.

Lo que los documentalistas esperan es que se reconozca en todo el mundo el dolor sufrido por las religiosas víctimas, que se haga justicia, que los depredadores sean castigados como merecen y no con una transferencia a otro cargo, país, congregación o convento.

“El reconocimiento del estatus de víctima, el levantamiento de la prescripción civil de no juzgar las faltas de los religiosos y la obligación de la justicia eclesial de informar a la de los hombres nos parecen soluciones adecuadas y perennes. La justicia eclesial no debe estar por encima de la justicia y las leyes de los hombres”, afirmó Raimbault.

Momento propicio

Aunque el documental denuncia un secreto a voces, su difusión es importante porque pone sobre el tapete mundial un problema enterrado y evadido durante siglos. No solo se divulgó en la antesala del Día Internacional de la Mujer, sino en la de una importante reunión de la Iglesia y en un momento muy propicio. El papa Francisco parece ser el mayor interesado en limpiar la casa y expulsar a los depredadores.

Las declaraciones del pontífice se produjeron menos de un mes después de que Scaraffia, la directora del suplemento femenino del L’Osservatore Romano, escribió en Mujer, Iglesia, Mundo una advertencia demoledora: si se siguen cerrando los ojos frente a estos abusos, “la condición de opresión de las mujeres en la Iglesia nunca cambiará”.

Para ella, el escándalo es grave, pues el abuso contra las religiosas puede llevar, en algunos casos, a la procreación, a los abortos impuestos y los hijos no reconocidos de sacerdotes. Pero el reconocimiento del papa Francisco de que las denuncias son verdaderas es un gran paso y rompe el silencio secular que protegía estos atropellos.

Se espera que después de la transmisión del documental, el tsunami de denuncias prosiga, ya que la Unión Internacional de Superiores Generales, que representa a más de 500.000 monjas católicas, instó a sus miembros a reportar esos abusos.

Hay optimismo sobre los vientos de cambio que llegarán a la Iglesia después de todas estas tempestades. Scaraffia recuerda que “Jesús revolucionó la cultura de su tiempo dando importancia a las mujeres, y esto ha permanecido en la tradición cristiana”.

GLORIA HELENA REY
PARA EL TIEMPO

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