¿Ya olvidamos todo lo bueno que nos dejó la visita del papa Francisco?

¿Ya olvidamos todo lo bueno que nos dejó la visita del papa Francisco?

Hace un año, el pontífice pisó tierras colombianas y nos animó al perdón y la reconciliación.

Cinco mensajes del Papa en Colombia que siguen más vigentes que nuncaCinco mensajes del Papa en Colombia que siguen más vigentes que nunca
Los mejores momentos del papa Francisco en Colombia

Mauricio Moreno / ELTIEMPO

05 de septiembre 2018 , 11:31 p.m.

Hace un año, por estas épocas (del 6 al 10 de septiembre), Colombia parecía otro país. Un espíritu de confraternidad y esperanza se sentía fuerte, a propósito de la visita del papa Francisco, el tercero que pisaba Colombia (los hoy santos Pablo VI y Juan Pablo II lo hicieron en 1968 y 1986, respectivamente).

Fue tal el impacto de la presencia del pontífice en tierras colombianas que durante su visita apostólica no hubo ni un solo homicidio en Bogotá (donde la tasa de muertes violentas por día es de 3,4, según cifras del Distrito) y el orden público, en general, mejoró considerablemente en el país.

El Papa vino a inspirarnos. Y ya han pasado 12 meses desde esos días de ensueño. ¿Qué tanto nos duró ese país idílico? ¿Olvidamos tan pronto que Francisco hurgó en nuestras llagas, pero nos dejó estos –y otros– mensajes de aliento?:“No se dejen robar la esperanza”. “No pierdan la paz por la cizaña”. “No tengan vuelos rastreros. Vuelen alto y sueñen grande”.

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“Me dejaron el ojo como compota”, bromeó el Papa sobre un incidente que sufrió en Cartagena, en el que se golpeó por un abrupto frenazo del Papamóvil.

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EFE

“La visita del santo padre a Colombia marcó un hito en la historia de nuestro país. Sus mensajes, claros y esperanzadores, nos llenaron de luz y de fuerza para seguir adelante. Si en este momento no se ven cambios radicales en la mentalidad de los colombianos, no es porque los mensajes no hayan sido suficientemente fecundos, sino porque cambiar mentalidades colectivas no se logra de la noche a la mañana”, considera el cardenal colombiano Rubén Salazar.

Y añade: “Hace falta seguir trabajando en el cambio de mentalidad, con paciencia, sembrando todos los días sin esperar resultados inmediatos”. Aseguró que la Iglesia ha venido atesorando todos los mensajes y discursos del Papa y profundizándolos –en las parroquias del país– a través de catequesis, foros y conferencias, para no dejar apagar esa llama que se vio tan viva hace un año: la fe de los católicos colombianos.

Si ahora no se ven cambios radicales en la mentalidad de los colombianos, no es porque los mensajes no hayan sido suficientemente fecundos.

En ese punto coincide monseñor Óscar Urbina, presidente de la Conferencia Episcopal: “El mismo Papa se impactó con las multitudes de personas que salieron a su encuentro, en las calles, en las misas. Unas multitudes que superaron nuestras expectativas”, dice Urbina, convencido de que millones de personas fueron tocadas por su presencia, entre ellas muchas que se declaran no practicantes o no creyentes.

Es que Francisco vino a Colombia en un momento coyuntural y de crisis política, de cara a unas nuevas elecciones presidenciales. El país estaba dividido entre quienes apoyaban los acuerdos de paz con la guerrilla de las Farc y entre quienes los rechazaban. De hecho, se sugirió que el Papa venía a ‘bendecir’ el proceso de paz del presidente Juan Manuel Santos.

Papa

Visita en la casa de Nariño del Papa Francisco al presidente de Colombia Juan Manuel Santos.

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DIEGO SANTACRUZ

“Pero el Papa no vino a eso. Para él, la paz no tiene que ver necesariamente con política: tiene que ver con la sociedad. El Papa voló muy por encima de los intereses y asuntos políticos”, dijo en su momento la vaticanista argentina Elizabetta Piqué, biógrafa del pontífice y quien lo acompañó en su recorrido por Colombia.

“El lema de su visita fue ‘Demos el primer paso’. Por eso, cuando se fue nos invitó a dar el segundo paso y nos pidió que no les tuviéramos miedo a la reconciliación ni a la verdad ni a la justicia”, sigue monseñor Urbina, también convencido de que la cosecha de su visita no fue efímera. “Y nos recordó que si todos somos hermanos, por qué debemos pensar que el único camino para tener una vida digna y en paz es destruyendo al otro”. Y aunque reconoce que es posible que parte del mensaje del Papa se haya quedado en el camino “porque el tiempo pasa muy rápido y porque tenemos heridas muy grandes y profundas que no se sanan de un día para otro”, destaca que una parte importante de la sociedad colombiana sí ha venido dando ese segundo paso.

Se refiere puntualmente a los más de 11 millones de votos que alcanzó la reciente consulta anticorrupción y al encuentro entre el presidente Iván Duque, los promotores de dicha iniciativa y representantes de distintos partidos políticos. “Todos, unidos en contra de un mal que genera tanta muerte y nos afecta a todos”.

Urbina también destacó el encuentro entre el mandatario y el jefe del nuevo partido Farc, Rodrigo Londoño. “Esos son pasos hacia la reconciliación nacional y hacia la cultura del encuentro que tanto nos pidió el santo padre”, añadió Urbina.

Cuando alguien habla, necesita que el otro lo escuche con el corazón abierto, dejando el egoísmo. Al Papa lo hemos oído, pero no hemos escuchado

Papa

Llegada del Papa al aeropuerto Olaya Herrera de Medellín para oficiar la misa campal ante casi 1'300.000 feligreses.

Foto:

JAIVER NIETO ÁLVAREZ

Escuchar y actuar

Monseñor Fabio Suescún es una autoridad en la organización de visitas papales. Tuvo a su cargo la de Juan Pablo II, en 1986, y repitió el año pasado con Francisco. Y a sus 75 años también recuerda cuando vino Pablo VI.

“Hemos sido bendecidos de manera particular con las voces de tres papas que nos han hablado de nuestra realidad nacional, de la bondad de la gente que construye este país, pero también de las limitaciones de fe, equidad y convivencia pacífica”, dice monseñor Suescún al recordar que los tres pontífices han coincidido en sus llamados, en diferentes épocas, sobre la urgencia de hacer transformaciones en las políticas sociales que redunden en equidad y justicia. Por eso admite que en el cambio de la conciencia social ha habido una demora muy grande.

“Cuando alguien habla, necesita que el otro lo escuche con el corazón abierto, dejando el egoísmo y pensando en el bien común. Hemos oído, pero no hemos escuchado. Nos falta mucho para asimilar las enseñanzas que nos dejaron esos tres pontífices”, sigue monseñor Suescún, quien insiste en que no podemos ser tan pesimistas. “Si bien es cierto que la visita de un papa no cambia la conciencia de un país, sus palabras han sembrado muchas semillas. Nos toca insistir para que esas enseñanzas no se las lleve el viento, y, aunque falta mucho, lo estamos haciendo”, añadió.

Monseñor Héctor Fabio Henao, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, destaca sobre todo el protagonismo de las víctimas del conflicto armado colombiano y su encuentro con Francisco. Que la sociedad las escuchara y reconociera. “Hoy nos queda entender los desafíos de devolverles la dignidad a todas esas personas que fueron víctimas de una confrontación armada de tantos años”, reflexiona Henao.

Papa

El papa Francisco hizo una parada frente a la Cruz de la Reconciliación en el Parque de los Fundadores y plantó un árbol, como símbolo de paz.

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JUAN PABLO RUEDA

Una de las personas que más conmovieron al Papa –y a los colombianos– fue la antioqueña Pastora Mira, quien hizo su intervención en el encuentro de víctimas en Villavicencio. “Doy gracias a Dios en nombre propio y en el de miles de víctimas que se han sobrepuesto a tener la capacidad de nombrar lo innombrable y perdonar lo imperdonable”, dijo Pastora, quien luego empezó a narrar todas las infamias que ha padecido en su vida: su padre fue asesinado cuando era una niña; ya casada, su esposo fue asesinado, dejando a su hija sin padre.

En el 2001, esa misma hija, Sandra Paola, desapareció. Solo encontró su cadáver siete años más tarde. Y en el 2005, su hijo Jorge fue asesinado por los paramilitares; y tiempo después auxilió, en su casa, a uno de sus verdugos.

“Hablar delante del Papa fue una bendición, una sanación hermosa y una compensación frente a todo el daño que la guerra nos ha causado a un sinnúmero de personas. Fue también una oportunidad para sensibilizar a los colombianos, que han sido indiferentes, y esa indiferencia, en muchos casos, los ha hecho cómplices”, dice Pastora un año más tarde. También cree que el llamado de Francisco a cuidar la casa común –los recursos naturales– ha calado entre los colombianos, “y por eso, ahora la mayoría nos oponemos al fracking”, sigue la mujer.

Javier Darío Restrepo, curtido periodista experto en temas éticos y religiosos, es menos optimista. Admite que el Papa nos inspiró una buena temporada y aplaude que las obras sociales que impulsó a su paso por Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena sigan adelante, pero cree que sus reflexiones no sirvieron de mucho, porque habló de perdón y reconciliación, de respetar al otro con sus opiniones, y el país está más polarizado que nunca. Y porque habló de fomentar la cultura de la paz, y “los asesinatos de líderes sociales se han incrementado”.

“No veo el panorama ni blanco ni negro. Lo veo gris. Creo que lo que pasa es que no nos hemos convencido de que Colombia es un país enfermo y que esa enfermedad se acentuó en los últimos 50 años de violencia. Y esa enfermedad no se sana milagrosamente”.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
SUBEDITOR DE VIDA / EL TIEMPO @JoseaMojicaP

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