El proceso que tiene que seguir Alberto Linero para dejar de ser cura

El proceso que tiene que seguir Alberto Linero para dejar de ser cura

El reconocido sacerdote anunció que se retira del ejercicio ministerial.

Padre Linero

El padre Alberto Linero ha escrito varios libros sobre temas espirituales.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

05 de septiembre 2018 , 02:39 p.m.

El reconocido sacerdote Alberto Linero, quien tiene varios espacios de consejos espirituales en medios de comunicación, confirmó este miércoles que le pidió a la Iglesia católica su retiro tras 25 años sirviendo a la comunidad.

Linero, quien está a pocos días de cumplir 50 años, manifestó que hace unos días les envió una carta a sus superiores en la comunidad eudista, de la cual hace parte, en la que les solicitó que lo dispensen de sus promesas sacerdotales.

Manuel Hernando Vega León, director del departamento de ministerios ordenados y vida consagrada de la Conferencia Episcopal de Colombia, explicó que la renuncia a la vida sacerdotal debe surtir varias etapas.

“Él es de vida consagrada, un religioso de la Iglesia colombiana, y presentó su decisión a su superior después de haber hecho su proceso de evaluación. Ese proceso tiene que ir a la Santa Sede, donde se determina con el código de derecho canónico en mano el proceso cómo se debe efectuar. Es un proceso sencillo”, aseguró.

Sin embargo, acota que cuando un ministro ordenado toma la decisión de renunciar lo hace en realidad al ejercicio del ministerio sacerdotal. “Independiente de sus motivaciones, Linero nunca va a dejar de ser sacerdote, solo suspende su acción como ministro de Dios, presidiendo la eucaristía y otras funciones”.

Independiente de sus motivaciones, Linero nunca va a dejar de ser sacerdote

En caso dado, incluso, podría aspirar al sacramento del matrimonio, si así lo deseara, con una dispensa de la Santa Sede.

Más allá de ese caso puntual, el padre Vega expone un tema mayor de fondo y es la preocupación por el clero joven, pues son muchas las personas que comienzan su ministerio y al cabo de pocos años deciden renunciar a él.

Aunque no dio cifras en esta materia, el padre Vega sí reveló que en la década de los 90, después de la visita del papa Juan Pablo II, que fue en 1986, hubo una bonanza vocacional significativa en el país, “tuvimos más de seis mil seminaristas en Colombia”, sin embargo, para el año pasado las estadísticas marcaban que había 3.600 seminaristas, con una tendencia a disminuir, otro motivo de preocupación para la Iglesia.

Entre las razones, que argumentan los sacerdotes que deciden renunciar están el cansancio, el interés de tener un proyecto de vida en pareja e incluso motivaciones económicas.

“Hay una cosa particular en la vida de los sacerdotes y es el cansancio por la cantidad de actividades que se deben hacer. En medio del descanso aparecen situaciones que afectan la vida del ministerio sacerdotal, entre estos la vida afectiva y para ser sacerdote se necesita vocación de la vida célibe”, afirma.

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