‘No vivimos crisis política o económica, sino crisis de civilización’

‘No vivimos crisis política o económica, sino crisis de civilización’

Jaime Mayor Oreja, voz potente de la derecha europea, explica la fuerza que están ganando sus tesis.

Jaime Mayor Oreja

Jaime Mayor Oreja defiende en todos los foros a los que asiste, en América y Europa, el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.

Foto:

Cortesía Elekes Andor

Por: Daniel Valero
24 de febrero 2020 , 11:21 a.m.

Desde hace un par de décadas viene soplando con fuerza por Europa y Latinoamérica una corriente ideológica y social que considera que en el mundo occidental se vive una crisis que va más allá de lo económico y de lo político. Sus defensores dicen que la génesis está en lo que llaman ‘falsos valores’ como el aborto, el matrimonio igualitario, la eutanasia o la ideología de género.

Y desde esa panorámica intentan explicar lo que pasa en Colombia o Chile, y en varios países europeos.

¿Quiénes defienden esta corriente, cuyos voceros no se consideran ultracatólicos o de ultraderecha, y que ya tiene varios satélites en ambos lados del Atlántico?

EL TIEMPO buscó a su cabeza principal, el exministro y exparlamentario español Jaime Mayor Oreja, un vasco que a sus 68 años recorre el mundo –en abril estuvo en Bogotá reunido con el expresidente Álvaro Uribe– advirtiendo que la civilización está amenazada por un conjunto de conceptos que, a su juicio, van en contra de la ciencia y de la verdad.

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En el siguiente diálogo explica las posturas que defiende desde organizaciones como One of Us o la Fundación Valores y Sociedad, y advierte que “todo comenzó con la legalización y legitimación social del aborto”.

¿Cómo define el derecho a la vida?

Significa defensa de la dignidad humana. Vivimos una crisis cultural y antropológica derivada de una concepción de la persona que, durante muchas décadas, hemos venido desnaturalizando. Todo arrancó el día en que se legalizó, primero, y se legitimó, después, el aborto. La defensa de la vida es esencial para defender la dignidad humana.

¿Estamos asistiendo a la degradación de la condición humana?

No vivimos una crisis política o económica a un lado y otro del Atlántico; es una crisis de civilización. No hemos querido asentar el conjunto de lo que es nuestra cultura, por lo que vivimos una situación presidida por un extremo desorden.

¿A qué llama ‘crisis de la civilización’?

No aceptar nuestra historia. Europa es una realidad social y cultural que significa la aceptación de tres grandes raíces: el derecho romano, la filosofía griega y el cristianismo. Y tiene dos aportaciones propias: la cultura y la universidad, y el Estado de derecho y el Estado de las libertades. Si no aceptamos las raíces, los orígenes de nuestra civilización, estamos siendo infieles a ella.

¿No es contradictorio hablar de ‘Estado de las libertades’ y negar el derecho al aborto?

Eso es la desnaturalización de la persona. Hay un cuadro de falsos y nuevos derechos, pero son los que nos están llevando a la crisis. Distorsionan la dignidad de la persona. Vivimos tiempos nuevos, pero determinados por la crisis. Hay que discernir las partes buenas del progreso de las expresiones de crisis y decadencia.

¿Acabar el matrimonio igualitario, el aborto o la eutanasia?

Es que siempre escogemos lo más cómodo. En vez de plantearnos el aborto como una colisión entre el derecho de la madre y del embrión, nosotros defendemos que hay que decidir entre el derecho de una persona que va a nacer respecto de la obligación de unos padres que deciden tener un bebé. Lo planteamos en términos de derecho frente a obligación, y viceversa. Pero eso incomoda. La eutanasia está siendo un instrumento legal no para aliviar el dolor, sino para desaparecer a seres indefensos. Las personas que estorban son eliminadas por la eutanasia. Reitero: todo comenzó con la legalización y legitimación social del aborto.

¿Hay que abolir las leyes que sustentan esos derechos?

Todo esto es un plano inclinado donde no se sabe cuál va a ser el final, por ese deseo de tener personas mejoradas: el transhumanismo. Esta es la crisis. No debe haber una ley de eutanasia, sino cuidados paliativos; no hay que aprobar la fecundación artificial, hace falta fomentar técnicas que potencien un concepto responsable de paternidad. Siempre hay alternativas a lo que volvemos leyes y costumbres.

(Lea también: Las transnacionales de la fe que mueven la política en Colombia)

Jaime Mayor Oreja y Álvaro Uribe

En abril, en Bogotá, Jaime Mayor se reunió con voceros del Centro Democrático. Entre ellos, el expresidente Álvaro Uribe, la senadora María del Rosario Guerrra y el representante Santiago Valencia.

Foto:

Archivo particular

¿Por qué dice que el matrimonio igualitario ‘desnaturaliza la condición humana’?

El matrimonio es una institución entre un hombre y una mujer. Habrá uniones diferentes que, además, conlleven derechos, pero es otro tipo de institución. El matrimonio es una institución fundamentalmente para procrear, para que haya familia y que nuestra civilización se asegure. Es un concepto derivado del hombre y de la mujer. Si deformamos las instituciones en su esencia, las destruimos.

¿El matrimonio es una visión cristiana de la unión entre un hombre y una mujer?

¿Y por qué no desde una visión de la razón? La razón explica que el matrimonio puede ser una institución de estas características. Se llega desde la fe y se llega desde la razón. Los católicos tenemos la obligación de defender la razón, sin esconder nuestras creencias. Nuestras posiciones se fundamentan en la razón. La ciencia, mas no la pseudociencia, es nuestra aliada.

Los contradictores de estas tesis dicen que es la ciencia la que invalida sus posturas…

No, nuestras posiciones se fundamentan en la razón. Hay una moda dominante que consiste en decir que todos los que defendemos estas cuestiones somos algo así como cavernícolas. Y realmente son ellos, los que así nos llaman, los que tienen que asumir que este tipo de sociedad nos está llevando a la crisis más importante y desordenada de todos los tiempos.

¿Por qué su rechazo a la ideología de género?

Va en contra de la biología, de la ciencia. Los hombres y mujeres somos diferentes por naturaleza: nuestros cerebros son distintos, nuestras células están sexuadas desde la primera hasta la última. Los que defienden la ideología de género están diciendo que la biología es un artificio. Nuestra aliada frente a la ideología de género es la ciencia, que dice que un hombre es un hombre y una mujer es una mujer. Pero lo más obvio hoy es lo más difícil de defender.

¿Qué entiende por ideología de género?

Significa que el sexo es secundario, que es artificial y que es una construcción cultural. El sexo es sustituido por el género: somos lo que queremos ser. Si yo a los 68 años decido ser mujer, puedo serlo y ese sería mi género nuevo. ¡Eso va contra la biología y el sentido común! Una sociedad asentada en la ideología de género fracasa.

Los críticos de estas tesis las comparan con posturas musulmanas o islamistas radicales…

Si de algo me siento orgulloso es de mi civilización occidental y cristiana. Es evidente que yo no tengo ninguna tentación de tener aproximaciones a otras culturas con las que, no obstante, siempre hay que dialogar. Le aseguro que mi posición proviene de un análisis profundo de nuestra propia civilización y de la defensa de su no desnaturalización.

Hay un cuadro de falsos y nuevos derechos, pero son los que nos están llevando a la crisis. Distorsionan la dignidad de la persona. Vivimos tiempos nuevos, pero determinados por la crisis

También los señalan de querer imponer una religión única…

Nuestra obligación es defender la razón. Deseamos, porque creemos que es buena la fe en la sociedad, que ojalá todo el mundo tenga fe. Es mejor para nuestra sociedad tener fe que no tenerla. Pero la fe no se impone. Lo que hace falta es autenticidad para que esa fe, cuando se practica, llegue a más personas. La imposición es el peor de los instrumentos.

¿La Iglesia católica debería jugar un papel más activo?

Debería estar más presente en el debate cultural, desde lo que nos sucede hoy, que es algo antropológico derivado de la concepción de la persona. Pero la Iglesia no debe estar nunca en política ni ser partidaria.

Han surgido voces que lo señalan de dirigir una red ultracatólica y de ultraderecha para esparcir sus ideas…

Yo defiendo la verdad. Parto de la idea de que hoy se huye de la verdad como de la peste. Me he dado cuenta y soy consciente de que decir la verdad lleva a la fortaleza moral, pero también a la soledad. Y no por ello voy a dejar de defender lo que pienso es la verdad.

¿Ni de ultraderecha ni ultracatólico?

Yo estoy muy seguro y tranquilo con lo que estamos tratando de hacer, que no es más que defender la dignidad de la persona, la verdad y una civilización que está en riesgo. Esos adjetivos no merecen respuesta, porque están en el deseo de la descalificación. No tengo miedo ni siento complejos.

Colombia, Chile, Bolivia y Ecuador son algunos de los países donde hay grandes manifestaciones y peticiones de cambio. ¿Cómo ve lo que pasa en nuestra región?

La pregunta es qué está pasando a un lado y otro del Atlántico. ¿Por qué vemos esta situación en Bolivia o Colombia, y también en España, Italia o Gran Bretaña? Es la misma crisis cultural y antropológica. Es un cansancio de nuestra civilización que produce un extremo desorden. ¿Y por qué pasa esto simultáneamente en casi todos los países de la órbita democrática occidental? Porque la crisis está en la persona, y porque donde no hay libertad el ritmo es distinto y la crisis tiene otra dimensión. Pero donde hay libertad y democracia se evidencia la crisis de la civilización.

Pero en los países suramericanos se protesta por problemas políticos y económicos de fondo…

Hay otros países europeos en los que estamos viendo una crisis similar y no se producen esas situaciones. La desigualdad es un elemento que a veces impide que haya democracia. Pero es curioso que ahora vemos en países supuestamente ricos y supuestamente pobres la misma crisis. De la misma manera que el terrorismo nunca tiene la explicación en la desigualdad social, como algunos pretenden decirlo, tampoco la crisis que vivimos puede explicarse solo desde la desigualdad. Es una crisis más profunda: es más cultural que económica o política.

DANIEL VALERO
Subeditor de EL TIEMPO
henval@eltiempo.com

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