‘Dios no nos va a abandonar’, dice cardenal colombiano Rubén Salazar

‘Dios no nos va a abandonar’, dice cardenal colombiano Rubén Salazar

El jerarca de la Iglesia habló sobre la crisis global y nacional que ha generado la pandemia.

Rubén Salazar

El cardenal Rubén Salazar.

Foto:

Archivo / ETCE

Por: José Alberto Mojica  Patiño
12 de abril 2020 , 11:04 a. m.

Una Semana Santa con los templos cerrados, sin procesiones ni rituales, en un país que sigue siendo mayoritariamente católico.

Unas iglesias que también se están quebrando porque llevan varias semanas con candados en sus puertas. Unas iglesias que viven, en su mayoría, de la limosna. Una limosna que se ha dejado de recibir en las últimas semanas.

Eso lo sabe muy bien el cardenal colombiano Rubén Salazar Gómez, también arzobispo de Bogotá, quien se declara bastante preocupado por el avance arrasador del covid-19, por la fragilidad del sistema de salud y por semejante descalabro económico que se nos vino encima y que está afectando, sobre todo, a los más pobres.

Pero también se declara optimista. Dice, entre otras cosas, que si hemos sido capaces de superar tanta violencia y tantas injusticias, vamos a superar la crisis del coronavirus.

“Que quede claro que algo como una pandemia nunca será un plan de Dios”, dice la máxima autoridad de la Iglesia católica en Colombia, quien invita a los creyentes a no desfallecer y a seguir cultivando la fe pese a las dificultades que estamos viviendo.

En entrevista con EL TIEMPO, Salazar también invitó a los empresarios a ser más generosos y aclaró que, pese a la crisis, los sacerdotes de todo el país se las han ingeniado para no dejar de llevarle la palabra de Dios a sus fieles. Las misas y demás ceremonias las están transmitiendo a través de las redes sociales y en las emisoras comunitarias de los municipios. También rezan el rosario a través de cadenas de WhatsApp y muchos clérigos, con apoyo de las autoridades locales, están recorriendo las ciudades y municipios llevando mensajes de aliento.

Él mismo ha ofrecido algunas ceremonias a través de varios medios de comunicación y en redes sociales. “Debemos mirarnos con ojos nuevos, pues muchas veces queremos ocultar nuestra fragilidad, nuestra debilidad. Pero la realidad es que somos dependientes los unos de los otros, y cuando experimentamos el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, se nos descubre nuestra verdadera naturaleza: somos unos pobres seres mortales”, dijo el Domingo de Ramos.
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¿Cómo lo ha afectado la situación de la pandemia?

Soy una persona tranquila. No entro fácilmente en pánico ni en angustia. Quiero decir con toda sinceridad que he tomado todo con mucha calma. Yo sé que estamos pasando por un momento difícil, de alta peligrosidad; incluso, para mí, que por mi edad (77 años), presento mayor vulnerabilidad que una persona joven. Estoy absolutamente convencido de que todo —como dice San Pablo en la Carta de los Romanos— contribuye al bien de quienes amamos al Señor. Debemos ser muy positivos, no podemos llenarnos de angustia, ni de miedo ni de zozobra. Vamos a salir adelante con el concurso de todos.

¿Pero cómo hablarle a la gente de tener fe y de ser positivos cuando lo único que se ve son muertos y más personas contagiadas?

Que quede claro que algo como una pandemia nunca será un plan de Dios. Indudablemente la situación tiende a agravarse, estamos viendo contagios que aumentan todos los días, con víctimas fatales. No podemos ser ilusos pensando que todo va cambiar por arte de magia. Esto va a ser duro y no va a durar una semana ni algunos meses. Se nos puede ir, de pronto, el año completo tratando de resolver esta angustia. Tenemos que ser realistas, pero este realismo tampoco puede llevarnos a la desesperación. No podemos quedarnos pensando que todo está perdido. No. Vamos a pasar momentos muy duros, sin duda. Pero yo, como creyente, debo decir que Cristo asumió la muerte; murió por nosotros, asumiendo toda nuestra realidad profunda, como es: nada menos que la muerte.

Esto nunca lo habíamos vivido, pero nos ha obligado a ser creativos y a no desistir en nuestra misión llevando el evangelio


¿Cómo interpreta las medidas que se han tomado en Colombia?

Muy bien. Todos los gobiernos, tanto el nacional como los departamentales y locales, han actuado acertadamente y a tiempo. La única recomendación sería que actuaran siempre coordinadamente, evitando la sensación de que cada uno va por un lado diferente. Que quede claro que las medidas deben ser siempre concertadas.

La cuarentena coincidió con una fecha crucial para la Iglesia: la Semana Santa…

Es algo claramente atípico. Esto nunca lo habíamos vivido, pero nos ha obligado a ser creativos y a no desistir en nuestra misión llevando el evangelio. Es una situación que plantea retos sumamente fuertes para los párrocos y obispos. Es muy doloroso no poder realizar las celebraciones de Semana Santa, que son las más importantes del año: ricas en significado, solemnes, siempre multitudinarias. Pero pienso que también es una cuota de sacrificio que nosotros debemos aportar.

(En imágenes:Se celebró la conmemoración de la Pasión de Cristo a puerta cerrada)

Las parroquias viven de la limosna y de la generosidad de los creyentes. ¿De qué manera se están viendo afectadas, ahora, con las puertas cerradas?

La situación económica es seria para la inmensa mayoría de las parroquias del país porque vivimos de las donaciones de la gente. Y tener las iglesias cerradas, especialmente en Semana Santa, nos lleva lógicamente a un descalabro económico serio. Lo más grave es la situación con nuestros empleados porque toda parroquia, por pequeña que sea, tiene uno o dos empleados. Por ejemplo, la arquidiócesis de Bogotá tiene sesenta empleados. Y, por lo tanto, esta situación, sin ningún ingreso, nos afecta notablemente y nos angustia. Yo soy también, en ese sentido, muy consciente de que el Señor no nos va a abandonar.

Pero, aun así, siguen recibiendo donaciones...

Es interesante saber que la gente que no está acostumbrada a apoyar, por ejemplo, en labores sociales de la Iglesia y que se contenta con donar en la misa, ahora está empezando a preguntarse: ¿dónde y cómo puedo ayudar? Estamos pasando de las donaciones durante la misa a donaciones a través de internet.

Mucha gente suele pensar que la acción de la Iglesia se limita a dar misa...

El Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Bogotá venía entregando más o menos 50 toneladas de alimentos diarios. Y en este momento son 85 toneladas de alimento diario. O sea: hemos reforzado el trabajo para que la gente no pase hambre. Además hay grupos de Pastoral Social tratando de localizar a las personas más necesitadas que pasan verdadera angustia, aportando ropa, comida, medicamentos; por supuesto manteniendo el aislamiento que nos impone las normas.

¿Qué piensa sobre la situación de los venezolanos que han tenido que volver a su país, caminando, y otros que han sido desalojados de sus viviendas?

Ellos son los más pobres entre los más pobres, afrontando esta situación sin ningún arraigo, sin estar allá o acá. Debemos ser más solidarios y evitar cualquier brote de xenofobia. Nosotros hemos sido migrantes en muchos países. A todos los lugares hemos llegado y no por motivos voluntarios: por violencia, por pobreza, buscando otras oportunidades. Tenemos millones y millones de colombianos siendo migrantes en muchos países que nos tendieron la mano, entre ellos Venezuela. Siempre se ha hablado de 4 millones de colombianos en ese país; por lo tanto, no debemos ser miserables e inmisericordes con una población que vive en semejante angustia.

Colombia ya es un país muy pobre, con muchos problemas sociales, de violencia, corrupción. Y ahora nos enfrentamos a una pandemia…

Si hemos sido capaces de sobrevivir a años y años de guerrilla, narcotráfico, paramilitares y bandas criminales que nos han causado tanta muerte y dolor, vamos a ser capaces de salir adelante de esta pandemia. Yo pienso que esta es una hermosa oportunidad para que repensemos la manera en la que enfocamos nuestra vida diaria.

¿A qué se refiere?

Por ejemplo, económicamente. Que las grandes empresas dejen de pensar solo en sus ganancias; que dejen de mostrar, a final de año, los billones y billones que ganaron y tomen en serio que deben pensar en el bienestar del país. No podemos permitir que nadie sea egoísta: ni el rico ni el pobre. Tenemos que ser más solidarios, más generosos y más corresponsables con semejante problema.

Se nos han muerto dos sacerdotes en Bogotá, uno ya por edad, tenía noventa y tantos años, y otro, por un cáncer. Y ni siquiera hemos podido asistir a las exequias.


¿Hay sacerdotes colombianos contagiados?

Que yo sepa, no. En Italia sí, ha habido muchos muertos. Y en otros países. Es una situación muy dolorosa para nosotros.

¿Cómo ve el impacto de la pandemia en la economía informal del país?

Es increíble que la mitad de la población laboral activa sea informal. Las calles están vacías. Y comúnmente están repletas de gente, buscando el sustento. Y yo me pregunto: ¿cómo están viviendo esas personas? Habrá muchas que recibieron algún subsidio, alguna ayuda, pero la mayoría debe estar pasando física hambre.

Esta pandemia también ha desnudado la fragilidad de nuestro sistema de salud...

Esa es otra ventaja: que ya podemos ser más conscientes de la fragilidad del sector de la salud. Un sector que ha sido una verdadera víctima: los médicos y los trabajadores de la salud se están desempeñando en condiciones muy desfavorables. Hemos avanzado mucho en el sistema de salud, ya que su cobertura es muy amplia; pero su calidad no siempre es buena. Y mucha gente, aunque tenga acceso a la salud, sigue estando desprotegida. Esto nos obliga a repensar el sistema y así reprimir la corrupción en este campo, ya que principalmente por la corrupción y el desgreño administrativo es que no funciona.

¿Qué enseñanzas nos puede dejar esta crisis?

Debemos aprovechar positivamente esta crisis para entrar en nosotros mismos. Vivimos en un mundo loco, lleno de diversión y trabajo, que nos impide pensar en cómo estamos viviendo, por qué y para qué. Vivimos como autómatas, aturdidos, y este es el primer fruto positivo que nos puede dejar esta crisis: revisar todo aquello que mueve nuestra vida, nuestros valores y propósitos. Y, sobre todo, debemos fortalecer nuestras familias, nuestras relaciones sociales, el valor de nuestro tiempo y también el autocuidado.

¿Qué medidas sanitarias ha tomado la Iglesia?

Son las mismas normas sanitarias que ha propuesto el Gobierno, que hemos guardado estrictamente y con mucho dolor; por ejemplo, se nos han muerto dos sacerdotes en Bogotá, uno ya por edad, tenía noventa y tantos años, y otro, por un cáncer. Y ni siquiera hemos podido asistir a las exequias.

¿Qué opina sobre tantos casos de comunidades enteras que no están acatando la cuarentena?

Creo que hay que exigir más responsabilidad y generar conciencia sobre los riesgos de contagio que se corren en la calle. Hacen falta campañas de concientización. Aunque creo que las personas que han salido a la calle no lo hacen por maldad: muchas lo hacen por necesidad, para buscar comida, y otras por indisciplina e inconsciencia, pues desconocen las verdaderas repercusiones y los riesgos de exponerse a un contagio de un virus tan peligroso como este.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JoseAMojicaP

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