El ‘primer paso’ consistía en poner una semilla de perdón

El ‘primer paso’ consistía en poner una semilla de perdón

Cuando se recuerda la visita del Papa surge una pregunta: ¿Qué tanto ha calado su enseñanza?

Los mejores momentos del papa Francisco en Colombia

En la plaza de Bolívar de Bogotá, en su primer saludo a los colombianos y en presencia de miles de jóvenes, el santo padre deseó la paz y manifestó el triple propósito de su visita.

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Mauricio Moreno / ELTIEMPO

08 de septiembre 2018 , 12:36 a.m.

Sería un desperdicio histórico si la imagen y las enseñanzas del papa Francisco se hubieran ido sobre las alas del avión de regreso a Roma. Hace un año los colombianos recibimos este maravilloso regalo: tener con nosotros y entre nosotros al pastor de la Iglesia Universal. El Papa desde un principio se interesó por la suerte de un país agobiado por la violencia y sus daños colaterales. Se ofreció a colaborar a hacer cuanto estuviera de su parte para ser solidario en caminos de esperanza.

De ahí que lo esperamos dispuestos a dar con él “el primer paso” hacia una convivencia reconciliada.

El Papa vino a acercarnos a Jesús, como misionero de la buena noticia del amor de Dios. Traía en su conciencia el deber de padre y pastor de reafirmar los esfuerzos para una reconciliación nacional que alejara la violencia, la muerte, la injusticia.

Sabía que debía dar su aporte desde la enseñanza de Jesús, más allá de cualquier interés de grupo. La paz es para todos y un bien al cual todo ciudadano tiene derecho.

En la plaza de Bolívar de Bogotá, en su primer saludo a los colombianos y en presencia de miles de jóvenes, el santo padre deseó la paz y manifestó el triple propósito de su visita: 1) “Quise venir hasta aquí como peregrino de paz y de esperanza”. 2) “Vengo también a aprender de su fe, de su fortaleza ante la adversidad”. 3) Quiero compartir con ustedes la verdad más importante: que Dios nos ama con amor de Padre y nos anima a seguir buscando y deseando la paz. Aquella paz que es auténtica y duradera”.

Cultura del encuentro es saber que más allá de nuestras diferencias, somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende

El “primer paso” consistía en poner una semilla de perdón y reconciliación para seguir avanzando en un camino que no es fácil. Consolidar un ambiente de paz lleva tiempo, exige paciencia y perseverancia. Debe beneficiar a todos y es obra de todos.

En la plaza de Bolívar dio una definición de la cultura del encuentro: “cultura del encuentro es saber que más allá de nuestras diferencias, somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país”. Lo contrario al encuentro es la distancia, la exclusión, la indiferencia, la polarización y, en una palabra, es el pecado que lleva a la división, a mantener conflictos no superados, al descarte y a la corrupción. El cambio de cultura pide necesariamente constancia: “Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente” (Bogotá, encuentro con autoridades, 7 de septiembre 2017).

Se trata, dice el papa Francisco, de un proceso histórico que ha de tocar el corazón del pueblo, su inteligencia, su forma de relacionarse, de ver la vida, de seguir principios de comportamiento. Es un camino de encuentro fraterno y reconciliador que, aunque largo, está lleno de esperanza y fundamentado en la verdad, la justicia y la paz. (Encuentro en Villavicencio).

Cuando se recuerda la visita esperada y gozada del Papa, hace un año, surge una pregunta lógica: ¿Qué tanto ha calado y sigue calando su imagen y su enseñanza? Da la impresión de que al no superarse las divisiones y enfrentamientos políticos, para muchos se trató de flor de un día.

La acertada orientación del santo padre, su clara invitación a construir una cultura del encuentro, no se puede desperdiciar. Hay que retomar con entusiasmo la orientación del Papa; hay que dar otros pasos hacia adelante. Aquí es bueno tener en cuenta que recordar es vivir, o mejor revivir. Y, como lo dijo el santo padre, “No se dejen robar la alegría y la esperanza”.

FABIO SUESCÚN
Obispo castrense de Colombia

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