‘Ya no veo al país tan polarizado como antes’: cardenal Rubén Salazar

‘Ya no veo al país tan polarizado como antes’: cardenal Rubén Salazar

Habla de su renuncia como arzobispo de Bogotá, de la crisis con el Eln y de otros temas nacionales.

Cardenal Rubén Salazar

A sus 76 años Salazar es el único cardenal activo que tiene Colombia.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / Archivo EL TIEMPO

Por: José Alberto Mojica Patiño
03 de febrero 2019 , 01:25 a.m.

El cardenal Rubén Salazar se ve sereno, con la piel lozana y el cuerpo delgado. Sin asomos de achaques.

La máxima autoridad de la Iglesia católica en Colombia cumplirá 77 años el próximo 22 de septiembre. Pero esas casi ocho décadas no se le notan. Es el ejercicio, la oración, los hábitos saludables de vida, dirá el también arzobispo de Bogotá. La edad del cardenal –el único cardenal activo que tiene un país católico como Colombia– podría ser un dato más. Pero no lo es.

Semanas después de cumplir 75 años –en septiembre del 2017– le envió su carta de renuncia al papa Francisco, siguiendo el protocolo que obliga a todos los obispos a dejar su cargo cuando llegan a esa edad. Por eso, desde entonces, ha guardado prudencia y se ha abstenido de aparecer en la prensa.

Pero está de vuelta.

Cardenal, ¿cómo va lo de su renuncia?

A los 75 años, los obispos hacemos una renuncia –digamos, protocolaria– y el Papa nos reemplaza cuando a él le parece oportuno. Yo ya estoy renunciado.

¿Y qué le dijo el Papa?

Me dijo: “Mientras estés bien y tranquilo, sigues”.

Y, en general, usted se ve muy bien...

Muy bien, a Dios gracias.

Usted es el único cardenal colombiano activo. Porque los cardenales Pedro Rubiano (86 años) y Pimiento (99 años) ya están en el retiro. ¿Eso es bueno o malo?

Es normal. Y pues si uno cumple la edad y tiene que retirarse, no queda más remedio.

Pero usted tiene 76...

Sí. Y si no me aceptan la renuncia y no he cumplido los 80, podré participar en un cónclave; si es que se presenta esa circunstancia, que no creo, porque el papa Francisco está sumamente bien.

Colombia tuvo una presencia muy fuerte en el Vaticano, con cardenales con cargos importantísimos (Darío Castrillón y Alfonso López Trujillo, ya fallecidos)...

La presencia de colombianos en la Santa Sede es un reconocimiento que hace el santo padre al país, pero no es indispensable. En este momento no tenemos esa figuración, pero sí tenemos a un colombiano como secretario del Dicasterio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que es monseñor Octavio Ruiz.

Y monseñor Mauricio Rueda Beltz...

Claro, el encargado de los viajes del Papa. Ese es un puesto de una inmensa responsabilidad, que le da al país la satisfacción de que el santo padre confía en un colombiano para que organice y responda por sus viajes.

¿Qué es de la vida del cardenal Rubiano?

Está un poco afligido, tiene alzhéimer. Su salud no es buena desde el punto de vista mental. Está totalmente retirado porque ya no puede participar en nada.

¿Y Pimiento?

Va a cumplir 100 años en estos días y parece ser que va a tener muchos festejos.

Pasando a otros temas, ¿cómo analiza la realidad colombiana?

Nuestra situación tiene características muy específicas; por ejemplo, tenemos un problema gravísimo que es la guerrilla; en este momento no hay ningún otro país que esté sufriendo eso, excepto una o dos naciones africanas. Tenemos el problema del Eln, del Epl, de las disidencias de las Farc.

Tenemos el problema del Eln, del Epl, de las disidencias de las Farc. Tenemos el problema enorme del narcotráfico, que se ha metido en todas partes, y la corrupción

Tenemos el problema enorme del narcotráfico, que se ha metido en todas partes, y la corrupción, que, como el papa Francisco lo califica, es un cáncer que ha hecho metástasis. No hay campo de la situación nacional que no esté, en algún sentido, sufriendo por la corrupción.

Ese es un panorama muy desalentador…

Claro. Pero tenemos un Gobierno joven, que suscita expectativas y esperanzas. Esperamos que se vaya consolidando el proyecto del presidente Duque de sacar al país adelante. Y ojalá las fuerzas políticas busquen, por encima de intereses partidistas, el bien del país.

¿Qué hacer con el Eln, teniendo en cuenta hechos graves como el atentado reciente?

Yo pienso que hay una luz de esperanza en el sentido de que el Gobierno no ha cerrado definitivamente las puertas del diálogo. Y eso da esperanza porque yo estoy convencido, y no es mi opinión personal solamente, sino la de la Iglesia, de que este tipo de conflictos se deben solucionar con el diálogo porque la guerra nunca va a finalizar un conflicto así; la guerra significará más muertos y atentados terroristas. No hay que dejar de buscar la paz con el Eln.

¿Y qué hacer?

Será necesario llegar a una negociación y poner fin al conflicto. Ojalá el repudio tan fuerte por el atentado en la Escuela de la Policía le haga tomar conciencia al Eln de que ese no es el camino y demuestre que quiere seguir con la negociación: que liberen a todos los secuestrados y cesen cualquier actividad terrorista.

¿Cómo ve la posibilidad de una acción militar contundente contra el Eln? El presidente Duque ha hablado de “mano dura”...

Una acción militar siempre es necesaria, indudablemente, porque el Ejército tiene la obligación de luchar contra la subversión. Eso es parte fundamental de su identidad. Pero el gran problema es que haya una gran escalada de la acción militar, y que esa escalada lleve a respuestas cada vez más terroristas del Eln. Porque todos sabemos perfectamente que no sería una guerra regular, no sería una guerra de dos ejércitos que se enfrentan en un campo de batalla; las víctimas son, siempre, la población civil. Y sería terriblemente lamentable llegar a una multiplicación de muertos, sobre todo en las zonas más alejadas y pobres de este país.

¿Y cómo deben ser esas acciones militares?

Las acciones militares son necesarias. El Ejército no se puede replegar, no puede dejar de ser ejército y tiene que seguir haciendo lo que tiene que hacer para evitar que la guerrilla siga haciendo sus acciones terroristas. Pero yo pienso que tiene que discernirse bien sobre qué tipo de acción se hace, cómo se hace, y, sobre todo, que hay un principio fundamental que no se puede olvidar jamás, y es que se deben respetar los derechos humanos.

Yo sé que los altos mandos del Ejército están en esa tónica y yo quisiera que todos en Colombia los apoyáramos en ese sentido. No se puede volver a esa época de los ‘falsos positivos’ o de ciertas ejecuciones extrajudiciales. No se puede caer en esos excesos violatorios de los derechos humanos porque eso le hace muchísimo daño al país. Necesitamos un Ejército que pueda levantar siempre la cabeza con dignidad.

El país sigue muy dividido políticamente. ¿Qué hacer?

Yo soy optimista también en ese sentido. Pienso que aun cuando existe esa polarización, ha venido perdiendo fuerza. Tenemos un gobierno –y en esto hay que alabar al presidente Duque– que trata de romper esa polarización y de hablar un lenguaje de reconciliación, de participación de todos, de propósitos comunes. Yo creo que ese lenguaje va calando poco a poco. Incluso, aquellos que en algún momento dado fueron muy fuertes opositores de Duque, por ser ‘el que dijo Uribe’, ahora se dan cuenta de que es una persona inteligente y capaz, que está tratando de hacer las cosas bien hechas y que, por lo tanto, vale la pena apoyarlo.

¿Cómo ve la posibilidad de una intervención militar de EE. UU. en Venezuela, y a Colombia, en la mitad?

Sería una tragedia para Venezuela y para Colombia. Nosotros seríamos los principales perjudicados con una intervención militar en Venezuela. Pienso que en el mundo de hoy no podemos seguir hablando de ese tipo de intervenciones, ya la experiencia nos ha demostrado que no van para ningún lado. Acuérdense de la intervención de Estados Unidos en Irak o Siria.

Se crean guerras interminables con un altísimo costo de vidas y destrucción. Yo pienso que la vía diplomática, que es la que está llevando adelante el gobierno Duque, es la que hay que seguir. Las presiones internacionales son válidas, pero nunca como una intervención militar.

¿Y los acuerdos con las Farc?

Yo soy optimista. En la Iglesia hemos sido muy conscientes de que implementar un acuerdo de paz como el que se pactó con las Farc no es una cosa fácil, que implica muchos factores y mucha persistencia. La paz no es simplemente que cese la guerra, esta se construye sobre la justicia social, sobre la equidad. Tenemos un país geográficamente muy difícil, con regiones totalmente marginadas, donde no ha llegado el desarrollo en ningún sentido. Entonces, todo ese trabajo de implementación del acuerdo debe poner bases sólidas para que no se repita la posibilidad de que la gente se alce en armas para buscar una justicia social.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Subeditor de Vida
En Twitter: @JoseaMojicaP

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