'Narcotráfico y corrupción son los problemas más graves de Colombia'

'Narcotráfico y corrupción son los problemas más graves de Colombia'

En entrevista, el cardenal primado Rubén Salazar da su visión del gobierno de Iván Duque.

Rubén Salazar

El cardenal Salazar dice que en Colombia "como que hemos perdido la capacidad de protestar y de hacerlo de una manera efectiva".

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Archivo / EL TIEMPO

Por: NOTICIERO CM&
15 de enero 2019 , 09:52 p.m.

El cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo primado de Colombia y uno de los jerarcas más cercanos al papa Francisco, le reveló al Noticiero CM& su visión actual del país y de problemas como el narcotráfico, la corrupción y la violencia.

También habló del gobierno del presidente Iván Duque, a quien considera un hombre honesto y bien intencionado, y del espinoso tema de la pedofilia en la Iglesia Católica.

El cardenal Salazar Gómez contó que renunció a su condición de Arzobispo de Bogotá. Sin embargo, la respuesta que recibió del Papa fue: "Quédate quieto".

Señor cardenal, ¿cuál es su mensaje en este nuevo año para los colombianos?

Un nuevo año siempre abre la posibilidad de sentirnos un poco más esperanzados. El mensaje fundamental es de esperanza. Una esperanza que tiene que convertirse en un deseo sincero, por parte de cada uno de nosotros, de seguir colaborando desde donde estemos, en el trabajo, en familia, para que el país siga adelante, para que alcance la paz, la justicia, la igualdad, la fraternidad y la solidaridad. La construcción del país es tarea de todos y cada uno de nosotros.

¿Qué diagnóstico hace usted de la situación de la Colombia actual?

Tenemos que situarnos, en primer lugar, en el panorama mundial, que no es que sea muy claro ni entregue mucha tranquilidad. Estamos viviendo una época de intranquilidad en todos los niveles, y en ese contexto se sitúa Colombia, que tiene una serie de problemas internos que son los más acuciantes y que son los que nos provocan la mayor incertidumbre y, por lo tanto, la mayor sensación de intranquilidad: el narcotráfico y la corrupción.

El narcotráfico en el país se presenta como un agente perturbador y generador de violencia. Generador de todo tipo de crímenes porque, infortunadamente, el narcotráfico no se reduce sólo al tráfico de drogas, sino que con el tráfico de drogas va todo tipo de crímenes que uno se pueda imaginar, desde los más grandes crímenes hasta los mínimos.

En el tema del narcotráfico, con la reinserción de las Farc, han quedado muchas zonas a merced de los carteles de las drogas.

Colombia ha tenido siempre un problema muy serio y es que el país, como geografía, es mucho más grande que el Estado. El Estado no llega a todas partes y eso significa que hay vastas zonas que no están sometidas al Estado de Derecho, ni al estado de represión legítima y castigo del crimen. Eso ha permitido la proliferación, en las periferias, de una serie de bandas criminales que son las que tratan de imponer su ley y de someter a la población.

Incluso con amenazas a religiosos, como lo denunció hace poco el Obispo de Santa Rosa de Osos contra varios de sus párrocos…

Eso no es nuevo, infortunadamente, pero lo trágico es que siga presentándose; que siga habiendo este tipo de grupos criminales que intimidan a la población, impiden el trabajo de la Iglesia y tratan de controlar la vida de la gente. Ahí tenemos una de las fallas principales y fundamentales del país.

El narcotráfico en el país se presenta como un agente perturbador y generador de violencia

Dijo usted, Cardenal, que otro problema es el de la corrupción.

Ese es otro problema serísimo que tenemos en el país. Todos los días se destapan nuevos episodios de corrupción, y lo más grave es que no tenemos las armas jurídicas suficientes para castigar y hacer posible que se reprima la corrupción, que es rampante.

De esa rampante corrupción la gente está asqueada...


Sí, pero no pasa nada. No pasa nada. En Colombia como que hemos perdido la capacidad de protestar y de hacerlo de una manera efectiva. Permitimos que las cosas sigan y que la situación se prolongue. Por ejemplo, con las marchas de los estudiantes no creo que se haya logrado crear ese ambiente positivo de protesta, de vamos a protestar contra situaciones para lograr que cambien, sino que -generalmente- derivan estas marchas en actos de vandalismo, de violencia. Nos hemos acostumbrado a tener una serie de problemas serios y a soportarlos. Y seguimos adelante. Cada uno sigue en su pequeña tarea y no pensamos en el país como tal. No tenemos un sentido de responsabilidad y, por lo tanto, no tenemos un sentido de nuestra propia capacidad para ayudar a solucionar los problemas del país.

¿Somos una sociedad pasiva en lo colectivo?

Me parece que sí. Criticamos todo lo que tú quieras. Hablamos todo lo que tú quieras, pero difícilmente pasamos a una protesta efectiva que lleve a la solución de los problemas.

¿Será porque existe incredulidad en las instituciones, incluida la Iglesia Católica? Hoy se ve a diario cómo la población golpea a policías cuando llegan a atender denuncias, y así en todos los aspectos…

La gente ha ido tergiversando la naturaleza del Estado. La gente no considera al Estado como algo positivo que busca el bien de la sociedad, sino que generalmente lo concibe como una fuerza represiva y explotadora. Hay un problema de credibilidad en las instituciones porque no hay confianza en el Estado. Y no hay confianza porque, a lo largo de la historia, el Estado no ha llegado a todas partes, y cuando llega, no siempre lo hace en la debida forma, porque a veces llega con medidas restrictivas e impositivas, e incluso, a causar violencia.

Eso hace que las instituciones pierdan credibilidad y no sean miradas como aquellas que promueven el bien, sino como fuentes de corrupción, de represión y de intranquilidad para el país. Eso hace que no confiemos en las instituciones y ha venido pasando, en los últimos años, con la Iglesia, infortunadamente.

Usted hablaba de las marchas y protestas, ¿qué piensa del plantón realizado contra el fiscal general, Néstor Humberto Martínez?

Ese tipo de protestas es importante que se dé. Eso significa que la gente se expresa. Que tengan razón o no la tengan es otra cosa, pero lo importante es que sean capaces de expresar sus puntos de vista y de manifestar lo que piensan. En el caso concreto este del plantón, pues que sean capaces de organizarlo indica qué hay mucha gente que no está contenta con la forma como el señor Fiscal General está actuando en el caso específico de Odebrecht, así haya otro fiscal ad-hoc.

¿Ante eso qué debería hacer el Fiscal?


Creo que él debe atender las razones que se le presentan permanentemente y que ponen en tela de juicio su capacidad para seguir siendo el Fiscal General. Él debe mirarlas de frente y tratar de demostrar, si es el caso, que sí puede seguir siendo Fiscal porque no hay algo que verdaderamente se lo impida.

Usted es uno de los cardenales más cercanos al Papa Francisco, ¿Qué opina del tema de la pedofilia, que es una de sus preocupaciones?

Va a haber una reunión del 21 al 24 de febrero en Roma con los presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo, precisamente, para tratar ese tema. En esa reunión voy a tener una conferencia en la que hablaré sobre la ‘Responsabilidad del Obispo’ en todo el tratamiento de abuso sexual que se presenta, se ha presentado y Dios quiera que no se vuelva a presentar en la Iglesia. Nosotros ya tenemos unas normativas claras de cómo proceder. Tal vez antes no las había con toda la precisión que en este momento existen.

En el año 2011, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una especie de guía para que cada Conferencia Episcopal hiciera una propia para el tratamiento de estos casos. Cada diócesis debe hacer su protocolo, tener una ruta de atención y estar alerta para que no se vuelvan a presentar estos casos. En el caso de que haya una denuncia, poder tratarla y llegar a fondo en el castigo del culpable y también con la reparación de la víctima. En este caso, creo que nosotros hemos avanzando y, con la ayuda del Señor, esperamos que no se vuelva a presentar nunca jamás en la Iglesia un caso de abuso.

¿Qué medidas específicas ha implementado usted en Colombia para combatir la pedofilia en la Iglesia?

Hay un plan integral: acompañamiento a la víctima que denuncia, acompañamiento en el proceso que se sigue para determinar la validez de la denuncia, también para determinar la pena que debe recibir el que ha abusado. Eso lógicamente tiene que ir también a Roma. Los protocolos y rutas están plenamente establecidos para que este proceso sea lo más rápido y efectivo posible.

No solamente la Iglesia está empeñada en reprimir los abusos para evitar que se vuelvan a presentar. Tenemos toda una política del menor. El papa Francisco utilizó una frase que nosotros hemos asumido: la Iglesia tiene que ser un lugar seguro, de tal manera que en las parroquias, en los colegios, en las guarderías, en toda institución de iglesia, nosotros podamos tener la certeza de que nadie va a correr peligro.

El Papa dijo que los católicos son unos en la Iglesia y otros fuera de ella, ¿En Colombia son los católicos camanduleros y de doble moral?


Ese es un problema que se ha presentado en toda la existencia de la Iglesia y que se presenta en todos los ámbitos de la vida religiosa. No podemos garantizar que una persona -por el hecho de rezar, de ir a misa, de confesarse de vez en cuando- sea una persona coherente. La coherencia es uno de los problemas más graves que tenemos en todas partes. La gente hoy se ha acostumbrado a la incoherencia. Una cosa es lo que dicen, otra cosa es lo que hacen… una cosa es lo que piensan.

La cultura en la que vivimos tiende a fragmentar la vida de las personas. La persona puede vivir con muchas personalidades, con muchas indentidades al tiempo. Una cosa es la personalidad que muestra en Facebook, otra la que presenta en Instagram, y otra cosa es la que muestra en la oficina, en la casa y en la Iglesia. Esa fragmentación de la personalidad trae un peligro gravísimo por la dificultad de que alguien así guarde coherencia.

¿Cómo analiza el mandato del presidente Duque?


Creo que tiene una excelente voluntad. Él es un hombre de bien: honesto, honrado que quiere hacer las cosas bien hechas. Otro problema es que se las dejen hacer. Tenemos un Congreso muy fragmentado, muy complejo, un país muy difícil porque los problemas nuestros son sumamente serios. Lo único que uno puede pedirle al Señor es que lo ilumine y lo fortalezca para que él pueda seguir adelante y ayudar al país a avanzar en la solución de sus grandes problemas.

¿Quién estaría interesado en que al presidente Duque le vaya mal?

Hay mucha gente, mucha gente. No voy a entrar a hacer un análisis de la política en Colombia porque ese es un análisis sumamente complejo y que pisaría muchos callos que no es necesario pisar.

Nos hemos acostumbrado a tener una serie de problemas serios y a soportarlos. Y seguimos adelante. Cada uno sigue en su pequeña tarea y no pensamos en el país como tal.

¿Cómo ve el tema de la consolidación en implementación de la paz?

Es un tema muy complejo porque todo lo pactado en La Habana no era tan fácil de implementar por muchos motivos, pero creo que el Gobierno está haciendo un esfuerzo serio por consolidar la paz. Sin embargo, el único problema no es la exguerrilla de las Farc. Tenemos el ELN, tenemos el EPL, que ahora ha ido recobrando fuerzas nuevas, tenemos bandas crimínales, paramilitares o, sencillamente, de narcotráfico, que hacen muy compleja la situación del país. La implementación de la paz requiere un esfuerzo de todo mundo pero que no es fácil, sobre todo teniendo el combustible del narcotráfico. Nosotros vamos a tener que luchar, durante mucho tiempo más, con toda la problemática de la violencia en Colombia.

¿Cuál es su futuro dentro de la Iglesia?

El futuro dentro de la Iglesia a nadie le debe preocupar, porque nosotros no hacemos carrera. Nosotros estamos para servir. Pero yo ya renuncié como Arzobispo de Bogotá.

¿Y qué le dijo el Papa Francisco?

Me dijo: “Quédate quieto. Mientras estés bien, no hay problema”. Vamos a ver hasta cuándo estoy bien y, por lo tanto, hasta cuándo el Papa quiere tenerme.

NOTICIERO CM&
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