Guatemala: una visita en tres escalas
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Guatemala: una visita en tres escalas

Guía para conocer la esencia de este país centroamericano en 3 días.

Guatemala

Antigua, en Guatemala.

Foto:

iStock

Por: Magdalena Andrade N. - El Mercurio (Chile)
28 de febrero 2019 , 12:48 p.m.

DÍA 1: CIUDAD DE GUATEMALA

Para partir, un rito de iniciación

Por avenida La Reforma, una de las principales calles de Ciudad de Guatemala, a las 9 de la mañana se ven, además de los cientos de autos que avanzan al son del tráfico en hora pico, hombres con grandes carteles en sus espaldas que anuncian la venta de diarios, como Prensa Libre y El Periódico; casetas de teléfonos públicos en cada esquina; varias ‘polleras’ –típicos autobuses escolares estadounidenses, que acá se reacondicionan y sirven como el principal transporte público interurbano– y la famosa escultura del León Alado, símbolo de San Marcos el Evangelista y también de una de las principales aseguradoras guatemaltecas. 

Todos forman parte del camino al Museo Ixchel del Traje Indígena, una parada inicial e indispensable si se quiere saber más de la gran riqueza en arte textil que tiene este país, y que luego se ve en todo su esplendor en pueblos como Santiago Atitlán, San Juan La Laguna o Chichicastenango.


Con 7.801 tejidos originarios en su colección principal –provenientes de 181 localidades guatemaltecas–, un recorrido por el Museo Ixchel es algo así como un rito de iniciación para comprender, por ejemplo, por qué hasta hoy las mujeres de este país, incluso las que trabajan en la capital, usan a diario vestimentas típicas como los huipiles (una especie de poncho que se ajusta al cuerpo con una cinta), los cortes (o faldones) e incluso los tocayales, una huincha tejida que enrollan en su cabeza y que usan como tocado.

Luego de la colonización española, mientras los hombres adoptaron rápidamente la forma de vestir “europea” (camisa, pantalón y zapatos), fueron las mujeres las que insistieron en la rica tradición textil de tejer en telar de cintura con fibras de algodón que teñían –y en algunos lugares aún tiñen– con tintes naturales, como el índigo, la albahaca morada o flores como las buganvilias.

Tikal

La ciudad arqueológica de Tikal es uno de los sitios más emblemáticos de Guatemala.

Foto:

Inguat

Guatemala

El arco de Santa Catalina, en Antigua.

Foto:

Cortesía Inguat

Guatemala

Semuc Champey es un sistema de terrazas que corren sobre un río.

Foto:

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El lago Atitlán ha sido considerado como uno de los más lindos del mundo.

Foto:

Inguat


Y aunque con el tiempo incorporaron nuevas técnicas y materiales europeos a su trabajo, como el telar “tradicional”, el terciopelo o la lana, que no existían antes de la llegada de los españoles, las formas, colores y tramas de sus textiles las siguieron manteniendo hasta hoy.

Acá, en el Museo, en distintos salones, se puede ver esa evolución, así como también las diferencias en el vestuario según zonas geográficas y celebraciones. Muy entretenido y de fácil recorrido, que no toma más de una hora.


Ojo que al frente, dependiente de la Universidad Francisco Marroquín, está el Museo del Popol Vuh, con algunos objetos originales y una mayoría de réplicas de la arqueología del imperio Maya.

La entrada al Museo Ixchel vale 45 quetzales ( 18.200 pesos colombianos). Se puede comprar un combo que incluye Ixchel y Museo Popol Vuh por 70 quetzales. Ambos quedan en el Centro Cultural UFM, 6 calle final, zona 10. MuseoIxchel.org y PopolVuh.ufm.edu

Por la tarde, en busca del cardamomo

Guatemala es el mayor productor de cardamomo del mundo, y más de dos millones de personas se dedican a su cultivo en cinco localidades del país. Sin embargo, los guatemaltecos no lo reconocen aún como un producto local, y si uno va a un supermercado cualquiera, es casi imposible encontrarlo en la góndola de las especias. Tampoco –a diferencia del café o del cacao– es un suvenir que a uno le ofrezcan en los puestos de artesanía, y esto tiene una razón: el cardamomo que se produce aquí se va exportado, principalmente a los países árabes.

Sin embargo, hay lugares donde se puede encontrar no solo en su versión pura, sino también en preparaciones que van más allá del café o la repostería. Uno de ellos es el restaurante Kardamomuss, un acogedor lugar que nació para fomentar el uso de este ingrediente, y que trabaja con cardamomo cultivado en el municipio de Cobán, en donde abrió su primer local en 2011, y también con otros frutos típicos guatemaltecos, como los tomates de árbol, el samat (una especie de cilantro) o el chile cobalero. Este último es una especie de ají de color que aquí ocupan en unos fettucini caseros muy ricos, al igual que su suprema de chunto (pavo) con hojas de roq’tix, maíz, queso y salsa de cardamomo.

Para terminar, se puede pedir un clásico café con esta especia, acompañado de unas galletas o un chocolate con cardamomo; todos, productos que también se pueden comprar para llevar en la tiendita que está a la entrada de este restaurante, que define su cocina como ‘tecnoemocional’, y en el que, cuentan sus chefs, pasaron “años de ensayo y error buscando cómo incorporar el cardamomo a las recetas”. Los platos principales valen entre 42 y 140 quetzales (entre 17.000 y 56.500 pesos colombianos).

15 calle 1-11 Zona 10, Edificio Terra Esperanza; Kardamomuss.com

DÍA 2: LAGO ATITLÁN

Mañana entre tradiciones y arte naif

“Dicen que Antoine de Saint-Exupéry se inspiró en el Cerro de Oro para escribir El Principito”, cuenta con orgullo Winston Cuc mientras nos acercamos a Panajachel, la primera parada en nuestro camino en auto desde Ciudad de Guatemala a la zona del lago Atitlán: aproximadamente, 163 kilómetros de recorrido (en tres horas de viaje) para llegar hasta este lugar que, dice Winston, en los 60 fue paraíso de la comunidad hippie, hasta que el avance del conflicto armado que asoló a este país hasta 1996 terminó por hacerlos huir.

lago

El lago Atitlán ha sido considerado como uno de los más lindos del mundo.

Foto:

Inguat


Hoy, Panajachel es el pueblo más importante de todos los que rodean al Atitlán y el más turístico y lleno de artesanías a altos precios (y no 100 por ciento hechas en Guatemala). Por eso, vale la pena tomar una lancha a los pies del lago y cruzar, en un viaje que dura entre 20 y 30 minutos, a Santiago Atitlán, también un pueblo muy turístico y donde tampoco uno se salva del acoso de los vendedores de artesanía. Pero la razón más poderosa para visitarlo es que acá se vive muy fuerte el sincretismo religioso entre las creencias católicas y mayas, ya que está la principal figura del Maximon, deidad a la que los actuales mayas veneran y dedican ceremonias para pedir favores.

Claro que para poder verlo en la casa del cófrade que lo cuida –un lugar muy conocido: basta pedirle a un tuk tuk llegar hasta allí– hay que pagar entre 10 y 15 quetzales (4.000 y 6.000 pesos colombianos) si se quieren tomar fotos o entrar. Si no, uno puede mirar desde una ventana (y, sí, sintiéndose un poco como un extraño) este especial rito, en el que los participantes rezan en tz’utuhil –una de las 26 lenguas mayas–, le ponen a Maximon un cigarro en la boca y queman la aromática resina del copal.

Unos metros más allá, en la plaza del pueblo, en donde una gran figura del lago Atitlán muestra su conformación geográfica y sus localidades, por una pequeña propina, alguna de las artesanas puede mostrar cómo se enrolla en la cabeza el famoso tocayal, una especie de cinta que las mujeres usan a modo de tocado y que es característico de esta zona.

Y, luego, caminando por el cantón Tzanjuyú, se puede visitar la Galería de Arte Expresiones, quizás el local más completo de arte naif, pinturas realizadas por artistas autodidactas que, con colores muy brillantes y figuras exageradas –como corontas de maíz gigantes o cabezas de leones psicodélicas– retratan el imaginario maya. Más allá de los modelos que se encuentran en todas partes como mujeres tejedoras, animales e incluso una Monalisa vestida con huipil y tocayal, se pueden encontrar dibujos realmente hermosos que valen la pena traer de recuerdo.

Galería de Arte Expresiones, Cantón Tzanjuyu; tel. 502 7721 7182.

La mejor vista del Atitlán

Dicen que el xocomil, el viento de la tarde que sopla en el Atitlán, se lleva cada día los pecados de las personas que viven a los pies del lago. Más allá de la creencia, el viento pega fuerte en la lancha de vuelta entre Santiago Atitlán y San Juan La Laguna, probablemente el mejor lugar para conocer la esencia de la artesanía textil guatemalteca, no solo porque sus procesos son más genuinos, sino también porque hay mejores precios que en otros locales más grandes y visitados.

La Casa Flor Ixcaco es una de las cooperativas más representativas de la zona: acá, cien mujeres artesanas venden distintas prendas de vestuario y artesanías hechas en algodón y teñidas con elementos de la naturaleza, que detallan en una etiqueta, que muestra además quién la confeccionó y cuántos días le tomó hacerlo.

Atitlán

Lago de Atitlán, Guatemala.

Foto:

Cortesía Instituto Guatemalteco de Turismo


Por la tarde y al anochecer, y si se quiere comer con la mejor vista del lago Atitlán, que alguna vez el escritor Aldous Huxley dijo que era el más hermoso del mundo, la opción es el restaurante del Hotel Atitlán, una finca de tipo colonial, famosa por sus espectaculares jardines al estilo de la película El joven manos de tijeras, y que también tiene un muy buen restaurante, con un menú que incluye sabrosas ensaladas de fruta y una opción vegetariana. Claro que lo más impagable no es la comida, sino el escenario, con el agua dorada del Atitlán y sus tres volcanes: el Tolimán, el San Pedro y el Atitlán.

Casa Flor Ixcaco, San Juan La Laguna; tel. 502 5822 7541; Woven-gt.com
Hotel Atitlán, finca San Buenaventura, Panajachel; tel. 502 7962 0404; HotelAtitlan.com

DÍA 3: EN PETÉN

Pistas para redescubrir Tikal

Para llegar a la región de Petén, en el norte del país y donde están las majestuosas ruinas mayas de Tikal, desde Ciudad de Guatemala, la forma más rápida es en avión. Este trayecto no es largo –unos 45 minutos; como de Santiago a Concepción–, pero el tedio de los trámites en el aeropuerto hace que uno deba madrugar para tomar el vuelo de las 6 de la mañana, estar en Petén a eso de las 7 y luego viajar unos 40 minutos en auto hasta Tikal. ¿La razón de tan temprano horario? En estas ruinas, el calor, en un día soleado, puede llegar a los 40 grados, y en un día lluvioso, sobre los 30.

Guatemala

Solo el 15 por ciento de los templos y pirámides de Tikal ha sido restaurado.

Foto:

Andrea Moreno


Adentrarse en Tikal, una de las mayores ciudades del imperio maya, habitada hasta el 900 d. C., puede ser una experiencia abrumadora: además de que es imposible recorrer sus 576 metros cuadrados de selva en un solo día, su entorno –de todas las ruinas, en total 4.000 estructuras, se puede ver solo un 20 por ciento, ya que el resto está cubierto por capas aún impenetrables de vegetación– y el calor abrasador juegan en contra si uno no conoce el lugar o no tiene claro por dónde partir. Por eso, lo ideal es recorrerlo acompañado de un guía (en la entrada hay varios oficiales que ofrecen sus servicios) o saber de antemano qué quiere ver y dónde se encuentra.

Acompañados de un experto, nosotros recorrimos por, aproximadamente, 5 horas los hitos más importantes de este lugar donde, como buen destino turístico, es difícil encontrar rincones libres de visitantes sacándose selfis (aunque menos que en otros sitios arqueológicos): el Templo del Gran Jaguar, la Plaza Central, los templos II y IV, una de las plazas de Juegos de Pelota y el Centro Astrológico, desde donde se cree que los mayas determinaron los solsticios y los equinoccios. ¿Lo bueno? Hay dónde comer: un restaurante dentro de Tikal, llamado El Mesón, tiene menús sencillos, pero sabrosos, y dónde tomar algo en el camino, con puestos que venden bebidas y cervezas por 10 y 15 quetzales (entre 4.000 y 6.000 pesos colombianos). ¿Lo malo? Hay que bañarse en repelente para no ser víctimas de los mosquitos.

La entrada a Tikal vale 21 dólares por persona. Abre a las 6 a. m. Más información: Parque-Tikal.com

Lodge La Lancha: TheFamilyCoppolaHideaways.com/en/la-lancha. Facebook: Restaurante Raíces.

MAGDALENA ANDRADE N.
EL MERCURIO (CHILE)
@ViajarET

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