Niños superdotados, una infancia diferente

Niños superdotados, una infancia diferente

Una psicóloga especialista explica las particularidades de estos niños extraordinarios. 

niño

No solo el coeficiente intelectual marca la inteligencia de una persona.

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123RF

24 de septiembre 2018 , 09:14 p.m.

Solo tiene 12 años, pero Carlos Antonio Santamaría Díaz estudia física biomédica en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). El joven universitario ya había cursado dos diplomados allí mismo, uno en bioquímica y biología molecular y otro en química analítica.

Para poder matricularse en la licenciatura tuvo que realizar una prueba de acceso. Al examen se presentaron 72.000 aspirantes, de los que solo quedaron 6.300, Carlos Antonio entre ellos.

Recientemente salió a la luz el caso de Ophelia Morgan-Dew, una niña británica de 3 años con un cociente intelectual de 171, superior al de físicos como Albert Einstein o Stephen Hawking, según han publicado varios medios del Reino Unido.

Ophelia es la persona más joven del Reino Unido que logra entrar en la sociedad para superdotados Mensa, una organización que solo acepta como miembros a aquellas personas que demuestren tener un cociente intelectual superior al 98 % de la población.

“El cociente intelectual medio de la población general se sitúa entre 90 y 110”, explica Isabel Ancillo, psicóloga especializada en altas capacidades. Se considera que una persona es superdotada cuando tiene un cociente intelectual de, al menos, 130. “Pero han de cumplirse otras características, como unos altos niveles de creatividad y determinados rasgos de personalidad. Si solo aparece un CI de 130 o superior, estaríamos ante una persona muy inteligente, pero no superdotada”, aclara Ancillo, quien también es miembro de Mensa.

Por su parte, Fabián Santamaría, el padre de Carlos Antonio, afirma que no se sabe cuál es el cociente intelectual (CI) de su hijo y desea que siga siendo así, pues no cree que sea bueno reducir sus posibilidades a lo que digan los números.

La psicóloga comenta que entre los superdotados se da un desarrollo general más avanzado, tanto físico como sensorial. “Los niños alcanzan bastante antes la pubertad, por ejemplo. También son personas perfeccionistas, que dan mucha importancia a la justicia, procrastinadoras (que posponen sus deberes) y con un sentido de la estética muy elevado. También, suelen tener manías o fijaciones con la limpieza, las enfermedades u otras cuestiones que, a veces, se confunden con un trastorno obsesivo compulsivo”, apunta.

Entre los problemas a los que se enfrentan con más frecuencia es que se aburren por la repetición de contenidos en el aprendizaje académico. Además, la especialista subraya que los niños superdotados se sienten “incomprendidos por los niños de su edad, pues se ven ‘entre bebés’, y por los adultos, que los tachan de sabelotodo o raros”.

Ophelia Morgan-Dew es una niña británica de 3 años con un cociente intelectual de 171, superior al de físicos como Albert Einstein o Stephen Hawking

Familia y escuela

Lo más habitual es que los casos de superdotación los detecte la propia familia, pues son niños extremadamente sensibles y reaccionan de manera desproporcionada. Asímismo, son muy selectivos sobre con quiénes se relacionan, no les importa estar solos, aprenden muy rápido y tienen muy buena memoria.

También pueden ser detectados en el colegio, pues los niños superdotados suelen ocultar ciertos conocimientos o, por el contrario, les gusta mostrar que saben mucho más que sus compañeros. Además, se destacan por tener una madurez muy superior a los demás niños de su edad.

En el terreno académico, algunos niños con altas capacidades obtienen excelentes resultados. Otros, sin embargo, fracasan en los estudios. En este sentido, Ancillo subraya que los superdotados dan una gran importancia a la relación personal, por lo que si consideran que el profesor no hace bien su trabajo acaban enfrentándose a él, lo cual puede afectar sus calificaciones.

Sobre los niños que entran a la universidad, la especialista afirma que el hecho de que se les valoren sus capacidades es un incentivo para su desarrollo. Sin embargo, el reto está en compartir con compañeros que son varios años mayores que ellos, pues aunque comparten la madurez mental y emocional, llevan ritmos diferentes en el ámbito social que los pueden llevar a sentirse solos.

“Las dificultades surgirán cuando el niño no pueda llevar el ritmo de sus compañeros que, seguramente, ya salgan de fiesta por la noche, pasen días fuera con total libertad, puedan conducir, etc. Es decir, el niño superdotado se va a encontrar vetado y con un desfase en ese sentido, lo que puede hacerle sentir muy solo y originará problemas en aspectos al margen de lo académico”, concluye.

Inteligencia, más allá de una cifra

El doctor Mario Alonso Puig, formado en la Universidad de Harvard en el campo de la inteligencia humana, considera que “es un error” clasificar a las personas de inteligentes y no inteligentes con base solo en el número que arroja la prueba del cioeficiente intelectual.

El especialista opina que, desde que fue creada esta prueba para medir la inteligencia en 1912 hasta ahora, el concepto ha evolucionado y hablar de un solo tipo de inteligencia resulta insostenible, según la teoría de las inteligencias múltiples, desarrollada por el investigador y profesor de Harvard, Howard Earl Gardner.

Por su parte, el consultor en educación de las Naciones Unidas para Colombia, Julián de Zubiría asegura que “es muy impertinente evaluar el coeficiente intelectual hoy, porque fue elaborado a partir de los conceptos de inteligencia que se tenían un siglo atrás. En consecuencia, no incluye ni la inteligencia socioafectiva ni la práctica”.

Los superdotados dan una gran importancia a la relación personal, por lo que si consideran que el profesor no hace bien su trabajo acaban enfrentándose a él

Gardner, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, acuña siete versiones de la inteligencia: la matemática, la lingüística, la espacial, la musical, la corporal y cinestésica, la naturalista, la intrapersonal y la interpersonal.

Las dos últimas, en conjunto, son la base de lo que hoy se conoce como inteligencia emocional y que, según afirma el doctor Puig, “son fundamentales para alcanzar el éxito en diversos ámbitos de la vida”.

EFE 

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